Trump anuncia fase de ‘aniquilación’ en Irán

El presidente estadounidense, Donald Trump Deposith Photo
  • 02/03/2026 14:07

La narrativa presidencial se detuvo especialmente en el legado del acuerdo nuclear suscrito bajo la administración de Barack Obama, al cual Trump calificó nuevamente como un error histórico

En una jornada marcada por la solemnidad militar y la retórica de guerra, el presidente Donald Trump ofreció este lunes desde la Casa Blanca una actualización exhaustiva sobre la marcha de la denominada “Operación Furia Épica”.

El mandatario, utilizando el estrado de la Sala Este antes de una ceremonia de entrega de la Medalla de Honor, confirmó que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han pasado a una fase de combate a gran escala en territorio iraní.

Según el jefe de Estado, estas acciones no solo buscan la neutralización de objetivos estratégicos, sino la eliminación definitiva de lo que calificó como un “régimen enfermo y siniestro” que representa una amenaza colosal e intolerable para la seguridad del pueblo estadounidense y sus aliados en ultramar.

El discurso de Trump comenzó con una advertencia severa sobre la capacidad bélica de Teherán. El presidente recordó que, tras la ejecución de la “Operación Martillo de Medianoche”, donde se destruyó gran parte del programa nuclear iraní, el régimen recibió una advertencia clara de no intentar reconstruir sus instalaciones.

Sin embargo, denunció que las autoridades iraníes ignoraron tales directrices, persistiendo en la búsqueda de armas atómicas y acelerando el desarrollo de un programa de misiles balísticos capaz de alcanzar blancos en Europa y, eventualmente, en territorio estadounidense.

Para Trump, este crecimiento armamentístico tenía el propósito único de resguardar un programa bélico nuclear bajo un esquema de impunidad que su administración no está dispuesta a tolerar.

“Nosotros fuimos los que les pedimos que pararan, pero todos los demás los respaldaron; quizás no se atreven a decirlo, pero un Irán armado con misiles de largo alcance es una amenaza que no voy a permitir”, sentenció con firmeza.

La narrativa presidencial se detuvo especialmente en el legado del acuerdo nuclear suscrito bajo la administración de Barack Obama, al cual Trump calificó nuevamente como un error histórico que habría permitido a Irán desarrollar armas nucleares en un plazo de tres años.

Al respecto, el mandatario se mostró orgulloso de haber terminado con dicho pacto, asegurando que su estrategia actual es la “última oportunidad” de los Estados Unidos para corregir décadas de ataques atribuidos al régimen iraní.

En este punto, el presidente evocó la figura del general Qasem Soleimani, a quien llamó “el padre del programa de bombas improvisadas”, y cuya eliminación en su primer gobierno presentó como un antecedente necesario para la operación de gran envergadura que se ejecuta hoy en día.

En cuanto al progreso táctico de la invasión, Trump fue específico al detallar tres objetivos primordiales que, según sus palabras, se están alcanzando con una celeridad que supera las proyecciones iniciales del Pentágono.

En primer lugar, destacó la destrucción de la infraestructura de misiles, un proceso que describió como continuo y sistemático. En segundo lugar, informó sobre el impacto en la capacidad naval iraní, confirmando el hundimiento de al menos diez buques de guerra de ese país.

Reafirmó su promesa de campaña de que la nación considerada como la principal auspiciadora del terrorismo nunca obtendrá una ojiva nuclear. “Teníamos un acuerdo, pero ellos se retiraron y así no se puede negociar”, explicó el presidente al justificar por qué la vía diplomática ha quedado totalmente descartada frente a la acción militar directa.

A pesar de que el Pentágono estimó inicialmente una duración de cuatro a cinco semanas para estabilizar la región, Trump aclaró que Estados Unidos tiene la capacidad y la voluntad de prolongar la misión el tiempo que sea necesario.

No obstante, presumió de una victoria táctica de alto nivel al afirmar que el objetivo de “decapitar” el liderazgo militar de Irán, que se preveía tomaría un mes, se logró efectivamente en apenas una hora de operaciones coordinadas.

Ante las críticas de algunos sectores de la prensa que sugirieron un posible desinterés o impaciencia del mandatario con los conflictos prolongados, Trump fue tajante: “Alguien decía que el presidente quiere hacer esto rápido porque se aburre; les aseguro que no hay nada de aburrido en esto, no estaría aquí si me aburriera”.

El evento no estuvo exento de los matices característicos del estilo presidencial de Trump.

Entre los informes de bajas enemigas y movimientos de tropas, el mandatario hizo una pausa para comentar las renovaciones físicas de la Casa Blanca, mencionando su gusto personal por el color dorado de las cortinas y el sonido de la construcción que se extiende hasta altas horas de la noche.

“Es un sonido hermoso de progreso, aunque a la Primera Dama no le guste tanto”, bromeó ante una audiencia que incluía al secretario de Guerra, Pete Hegseth, y al jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Raising.

La nota de mayor peso emocional llegó al final, cuando el presidente vinculó el conflicto actual en Irán con el sacrificio histórico de los militares estadounidenses.

Al recordar a cuatro soldados fallecidos en las operaciones recientes, Trump procedió a honrar a figuras como el sargento Roddie Edmonds, quien en la Segunda Guerra Mundial salvó a 200 compañeros judíos de una ejecución nazi, y al sargento Michael Ollis, quien en 2013 protegió con su cuerpo a un aliado polaco frente a un atacante suicida.

Para el presidente, el valor de estos hombres es el mismo que impulsa hoy a las tropas en Oriente Medio. “Vamos a salir airosos con facilidad porque tenemos las fuerzas armadas más poderosas del mundo”, concluyó, dejando claro que la política exterior de Washington bajo su mando se mantendrá en una línea de confrontación total hasta que el régimen de Irán cese de ser una amenaza real para el pueblo estadounidense.