Colombia vota
- 31/05/2026 00:00
Colombia vuelve a las urnas en una primera vuelta marcada por esa mezcla de esperanza y desasosiego que tantas veces ha definido su historia reciente. El país vecino empieza a decidir su futuro en una campaña atravesada por la intimidación, por amenazas de muerte contra los principales candidatos y por una violencia que, lejos de extinguirse, ha aprendido a cambiar de piel. Desde Panamá conviene mirar con atención. Colombia no es una noticia lejana ni un conflicto ajeno. Es frontera, vecindad, tránsito, comercio, memoria compartida y advertencia regional. Lo que allí se descompone no tarda en producir ecos más allá de sus límites. El final del ciclo de Gustavo Petro deja una promesa ambiciosa —la llamada paz total— sometida al desgaste de la realidad. La guerra ya no tiene la forma compacta de otros tiempos. Es más dispersa, más local, más difícil de nombrar. Un archipiélago de grupos armados ocupa territorios donde el Estado llega tarde o no llega, impone reglas, recluta menores, extorsiona familias y convierte la vida cotidiana en una administración del miedo. Quien herede la Presidencia heredará también ese país fracturado: una democracia viva, pero acosada; una ciudadanía resistente, pero cansada; un Estado obligado a recuperar los territorios donde la ilegalidad gobierna. Colombia necesita un liderazgo sereno, firme y democrático: capaz de proteger sin caer en la tentación autoritaria, de dialogar sin ingenuidad, de hacer presencia estatal donde solo ha mandado el fusil y de entender que la paz exige tanto instituciones como justicia.Colombia decide este domingo. Panamá observa de cerca.