Contingencia estratégica
- 04/03/2026 00:00
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha provocado una fuerte sacudida en los mercados energéticos globales. Los ataques a infraestructuras petroleras y la paralización del paso por el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, han empujado al alza los precios del crudo. En los últimos días, el Brent mantiene una tendencia ascendente y se proyectan mayores aumentos si el conflicto persiste. Para los panameños, este no es un asunto lejano. El país no produce petróleo ni gas y depende casi por completo de combustibles importados para sostener el transporte, la logística y buena parte de su actividad productiva. Esa dependencia nos expone a la volatilidad internacional: cada incremento impacta los costos de operación de las empresas y presiona el presupuesto de las familias. No podemos esperar que la estabilidad llegue sola. El Gobierno debe actuar con previsión. Es urgente fortalecer políticas de mitigación, diversificar la matriz energética, impulsar fuentes renovables y promover mayor eficiencia en el transporte y la producción. También se requiere mejorar la infraestructura para facilitar la transición hacia vehículos eléctricos y consolidar acuerdos estratégicos de suministro. Más que una amenaza aislada, esta coyuntura debe asumirse como un llamado a la acción para construir un país menos dependiente de los combustibles fósiles y más resiliente ante un entorno internacional incierto.