Cuando el riesgo deja de ser invisible
- 09/04/2026 00:19
El fuego no avisa. Irrumpe, detiene y revela. En minutos, el Puente de las Américas —columna vertebral de la movilidad del país— dejó de ser rutina para convertirse en advertencia. Una vida perdida, tres vehículos calcinados y la sospecha sobre su integridad estructural bastaron para destapar lo que debió saberse antes: la concesionaria no cumplía con la Autoridad Marítima de Panamá y los controles llegaron tarde. Ha tenido que ocurrir lo peor para que aflore lo evidente. Y, sin embargo, el debate se desvió. Se habló del cuarto puente, del tranque, de las rutas alternas. Pero muy poco se habló de las instituciones con protocolos claros y la preparación suficiente para responder a gran escala. La realidad es incómoda: incluso con nuevas infraestructuras, la vulnerabilidad persistirá si no existe un Estado robusto, con supervisión efectiva, estándares exigibles y una cultura de prevención que hoy sigue siendo intermitente. Durante años se ha advertido una baja percepción del riesgo en Panamá. La idea de que los desastres tienen un impacto limitado ha permeado decisiones públicas y privadas. Y eso también pesa en la política: la gestión del riesgo rara vez se convierte en prioridad sostenida. Lo ocurrido no es un episodio aislado. Es una señal. Un recordatorio de que un país no se mide solo por lo que construye, sino por lo que es capaz de prever, exigir y proteger antes de que sea demasiado tarde.