Cuando la vivienda propia deja de ser posible
- 16/04/2026 00:00
La construcción, uno de los motores tradicionales de la economía panameña, hoy avanza con una doble velocidad: crece en cifras macro, pero se contrae en lo esencial. Mientras algunos segmentos repuntan, la vivienda —el corazón social del sector— se debilita. La caída acumulada en ventas y la imposición del 2% del Impuesto de Transferencia de Bienes Inmuebles han terminado por cerrar una puerta que ya era estrecha para miles de familias. El impacto no es menor. Ese 2% no es solo un número: encarece las transacciones, eleva las cuotas iniciales y termina por expulsar del sistema a quienes ya estaban al límite. En un mercado donde el salario promedio apenas alcanza y el acceso al crédito se restringe, cada punto adicional pesa como una barrera más. El problema no es solo económico, es estructural. Sin acceso al crédito, con salarios que no alcanzan y una informalidad que limita cualquier posibilidad de financiamiento, la promesa de una casa propia se diluye. Más de 180,000 familias siguen esperando una solución habitacional que no llega. A esto se suma un círculo vicioso: menos confianza, menos inversión; menos inversión, menos empleo; y sin empleo formal, no hay acceso a vivienda. El debate, sin embargo, parece fragmentado. Entre impuestos, subsidios y señalamientos cruzados, se pierde de vista lo esencial: el acceso real a una vivienda digna. Porque cuando el mercado se ajusta, pero las condiciones de vida no mejoran, lo que está en juego no es solo la economía. Es la estabilidad social de un país que empieza a construir menos hogares... y más incertidumbre.