Del aplauso a la inversión
- 02/02/2026 00:00
Los foros terminan cuando se apagan las luces. Los países se miden cuando empieza el silencio. El cierre del encuentro de CAF - Banco de Desarrollo de América Latina dejó algo más que agendas cumplidas: dejó una prueba superada. Durante días, Panamá no fue escenario, fue engranaje. Mientras dentro se hablaba de integración y crecimiento, afuera la ciudad operaba como extensión natural del evento: movilidad, servicios, coordinación. Eso también es política pública funcionando sin estridencias. En un momento regional marcado por desconfianzas y bloques dispersos, este istmo volvió a hacer lo que mejor sabe: conectar sin imponer. No se trató de protagonismo, sino de utilidad. Esa diferencia explica por qué actores tan distintos aceptan sentarse aquí. Panamá ofrece algo escaso: estabilidad operativa en medio de la incertidumbre global. El valor real no estuvo en las intervenciones, sino en la posibilidad misma del encuentro. Cuando un país se convierte en territorio donde las diferencias no paralizan, su peso trasciende el tamaño. Ahora llega la parte menos visible y más decisiva: traducir relaciones en inversiones, conversaciones en empleo, visibilidad en desarrollo. Los reflectores se fueron. La oportunidad se quedó.