Dictadura es dictadura, pero la guerra no es opción
- 29/11/2025 00:00
La crisis en el Caribe ha dejado de ser un simple roce diplomático: es un pulso tenso, peligroso y con el potencial de arrastrar a toda la región. Y en ese tablero, Panamá ya tomó una posición que no admite ambigüedades: reconoció que en Venezuela hay una dictadura y resguarda las actas electorales que señalan a Edmundo González como ganador legítimo. Ese acto, valiente y necesario, nos coloca en el centro del debate hemisférico, nos guste o no. Pero reconocer una dictadura no significa alimentar una guerra. Y aquí es donde Panamá debe actuar con cabeza fría, algo que pocos están demostrando en medio del ruido internacional. Somos un país pequeño, sí, pero con una autoridad moral que otros no tienen. Sabemos, en carne propia, lo que significa que una potencia decida intervenir militarmente en territorio ajeno. No hablamos desde la teoría: hablamos desde la memoria. Por eso, Panamá tiene que ser firme y tajante a la vez. Sí: Venezuela vive bajo un régimen que secuestró instituciones y derechos. Sí: la comunidad internacional tiene el deber de exigir respeto a la voluntad de su pueblo. Pero no, absolutamente no, podemos permitir que la región caiga en el espejismo de que una intervención externa resolverá lo que la política y la diplomacia llevan años evitando enfrentar. Panamá debe ocupar un rol incómodo, pero imprescindible: el del mediador que dice las cosas como son, sin alineamientos automáticos ni silencios cómplices. Un mediador que defiende la democracia sin convertirse en herramienta de nadie. Un país que habla claro, pero que también levanta la mano para recordar que un conflicto mal calculado no se desata con discursos, sino con consecuencias que duran generaciones. En tiempos de tensión, callar es cobardía. Pero empujar a la confrontación también lo es.