Domingo de Resurrección
- 05/04/2026 00:00
El amanecer del Domingo de Resurrección encuentra a Panamá en el umbral de su propia realidad. Tras el repliegue espiritual de la semana, la luz de la pascua no debe ser un consuelo pasajero, sino una exigencia de claridad. La historia que hoy se cuenta es la de una victoria sobre la oscuridad, una narrativa que en nuestro suelo se traduce en la batalla diaria por la verdad frente al cinismo de la corrupción. Resucitar no es un concepto etéreo; es un acto de voluntad política y social. El país no puede permitir que la esperanza sea sepultada por la indiferencia o por estructuras que benefician a pocos mientras postergan a los más vulnerables. La elegancia de esta fecha reside en su contundencia: la vida solo prevalece cuando se defiende la dignidad humana, cuando el feminismo alcanza su lugar de justicia y cuando la empresa privada asume su rol como motor de un bienestar compartido y no excluyente. Mientras en la región las sombras de las dictaduras intentan convencer a los pueblos de que la opresión es el destino final, Panamá tiene el deber de demostrar lo contrario. La piedra que hoy debemos remover es la de la impunidad. Solo una nación que se atreve a dejar atrás sus vicios puede reclamar para sí la promesa de un nuevo comienzo. Que este domingo no sea el final de un descanso, sino el despertar de una ciudadanía que se niega a vivir de rodillas.