El Niño en Panamá

Entrelíneas
La alerta por El Niño obliga a Panamá a mirar de frente su dependencia hídrica. Pixabay
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  • 07/07/2026 00:00

Panamá ya conoce esta historia. El calor aprieta, las lluvias se desordenan, los embalses empiezan a resentirse y entonces el país descubre, otra vez, que el agua no es un recurso infinito ni un asunto técnico reservado a los especialistas. Es la base de la vida diaria, de la producción, de la energía, del Canal, de la agricultura y de la paz social. La alerta por el fenómeno de El Niño no puede tratarse como un aviso más en medio del ruido nacional. Si las lluvias disminuyen en zonas sensibles, si aumentan los días secos y si el Caribe recibe episodios más intensos, el impacto no será parejo. Lo sufrirán primero quienes ya reciben agua de forma irregular, los productores que dependen del cielo para salvar sus cosechas y las familias que no tienen cómo comprar una reserva cuando el grifo se seca. Pero también lo sentirá la economía. Un país con alta dependencia hidroeléctrica no puede mirar los embalses como si fueran paisaje. Cuando falta agua, sube la presión sobre la energía, sobre los alimentos, sobre la empresa privada y sobre el bolsillo de la gente. Por eso la respuesta debe empezar ahora, no cuando la crisis obligue a correr. Se necesita información clara, coordinación real, ahorro responsable, protección a las zonas rurales y decisiones públicas sin improvisación ni negocios disfrazados de emergencia. El Niño puede extenderse varios meses más. La pregunta no es si Panamá tendrá problemas; la pregunta es si esta vez el Estado será capaz de anticiparse antes de que el agua falte, la energía se encarezca y el campo vuelva a pagar la factura.