El orgullo que nos exige la bandera
- 04/11/2026 00:00
En Panamá, noviembre tiene el don de devolvernos a lo esencial. Una bandera ondeando, las notas del himno, el tricolor en manos de un panameño lejos de casa: pocas cosas despiertan un orgullo semejante. Este 4 de noviembre, al honrar nuestros símbolos patrios, recordamos aquel primer pabellón que acompañó el nacimiento de la República. La emoción no viene de la tela ni de la música. Viene de la historia que guardan. Panamá ha tenido que defender su soberanía, resistir la dictadura, afrontar las heridas de una invasión y aprender, no sin sacrificios, a hacerse dueña de su destino. Por eso la bandera nos reúne incluso cuando tantas otras cosas nos separan. Ahí comienza nuestra deuda con la patria. Nos resulta fácil levantar el tricolor durante las fiestas y bastante más difícil llevar ese sentimiento a la vida diaria. El orgullo nacional pierde sentido cuando convivimos con el abuso, la intolerancia o la indiferencia hacia lo público. Peor aún cuando el patriotismo se usa para justificar el rechazo al extranjero. Defender las costumbres, las leyes y la identidad panameña es legítimo; despreciar a quien viene de fuera, no. Del mismo modo, quien hace de Panamá su hogar tiene el deber de respetar aquello que nos pertenece y nos define. El país que celebramos no se construyó para vivir de sus glorias. Se construye todavía, en cada decisión y en cada gesto. Que noviembre nos recuerde esa responsabilidad: llevar la bandera con orgullo, sí, pero vivir de una manera que la merezca.