el Canal
- 06/10/2026 00:00
La decisión de Singapur de adherirse al Protocolo del Tratado de Neutralidad del Canal merece atención por dos razones: por el peso del país que se incorpora y por el momento en que ocurre. Singapur no es un actor menor en el comercio marítimo. Es un centro logístico global, una economía volcada al tránsito de mercancías y un país que conoce bien el valor de las rutas abiertas y de las reglas previsibles. Ese respaldo suma. Pero conviene subrayar que la neutralidad del Canal no se fortalece por una fotografía oficial ni por una adhesión aislada. Se fortalece cuando Panamá logra que más países relevantes acepten el mismo marco jurídico y, al mismo tiempo, sostiene una política exterior clara frente a todos. El contexto importa. Las tensiones entre potencias han devuelto a los puertos, estrechos y corredores marítimos al centro de la disputa global. El Canal no está fuera de ese tablero. Precisamente por eso Panamá debe evitar ambigüedades, tanto en el lenguaje como en la práctica. La adhesión de Singapur debe leerse como un respaldo útil y crucial. Conviene también tener en cuenta que todavía hay países de enorme peso comercial fuera del Protocolo y no se puede bajar el esfuerzo. La neutralidad necesita continuidad. Requiere diplomacia, respaldo jurídico y una conducta internacional consistente. Lo crucial siempre será preservar una condición esencial del Canal: que siga siendo panameño, abierto al mundo y ajeno a cualquier alineamiento que comprometa su función.