La Asamblea, el deber de representar
- 02/01/2026 00:00
Hoy la Asamblea Nacional inaugura una nueva legislatura. El ritual se repite: discursos solemnes, promesas recicladas, fotografías oficiales. Pero el país que observa ya no concede el beneficio de la duda. Panamá llega a este inicio con urgencias acumuladas y una desconfianza que no se disimula. El problema no es el calendario, es la credibilidad. Y esa es la deuda más pesada del Legislativo. No basta con ocupar un escaño ni con exhibir credenciales partidarias o independientes. La curul no es un trofeo personal ni una plataforma de vanidades: es una responsabilidad pública que se honra —o se deshonra— con cada voto, cada silencio y cada ausencia. La ciudadanía espera algo elemental y, a la vez, escaso: seriedad. Espera diputados que legislen para el país y no para la conveniencia del momento; que fiscalicen sin pactos bajo la mesa; que entiendan que representar no es negociar principios. Sean independientes o militantes de partidos políticos, todos cargan la misma obligación ética: no traicionar la confianza depositada en las urnas. Los retos son conocidos y urgentes: una situación fiscal frágil, reformas sensibles que exigen altura política, servicios públicos en deterioro y una ciudadanía cansada de excusas. Seguir postergando decisiones o convertir la Asamblea en un ring de cálculos electorales sería una forma más de desprecio institucional. Esta legislatura comienza bajo una lupa implacable. Cada ley aprobada, cada proyecto engavetado y cada sesión vacía será una señal clara. Panamá no necesita diputados que sobrevivan al periodo, sino representantes que estén a la altura del país.