La cultura no es un lujo
- 10/01/2026 00:00
Otra vez la cultura es la afectada. El Festival de Jazz de Panamá, uno de los proyectos culturales más sólidos y respetados del país, se ve obligado a reducirse a tres días por falta de apoyo estatal. No por mala gestión, no por falta de impacto, sino por la indiferencia histórica de los gobiernos hacia la cultura. Que un festival con 23 ediciones, reconocimiento internacional y un profundo alcance social dependa del humor presupuestario de turno es una señal clara de cómo se entiende —o se desprecia— la cultura desde el poder. Lo dicho por Danilo Pérez no admite maquillaje: sin el respaldo de la Autoridad de Turismo de Panamá y de la Alcaldía capitalina, el festival no puede sostener su dimensión educativa ni comunitaria. Aquí está el fondo del problema. Para algunos gobernantes, la cultura sigue siendo un gasto decorativo, algo prescindible cuando hay que recortar. No se le reconoce como inversión social, educativa y económica. Y eso, en un país que presume de diversidad y de ser un cruce cultural, es una contradicción grave. Más de 75 mil jóvenes han sido impactados por los programas del Festival de Jazz. Jóvenes que encontraron en la música una salida, una disciplina, una oportunidad real de cambio. Cuando se reduce el festival, no se recortan días: se recortan futuros. La cultura construye ciudadanía, cohesiona comunidades y proyecta al país al mundo. Sin ella, Panamá se empobrece, aunque los números digan otra cosa. Un gobierno que no protege su cultura renuncia a su memoria y debilita su identidad. La pregunta no es si hay recursos. La pregunta es si hay voluntad. Y, una vez más, la respuesta deja mucho que desear.