La diplomacia con voz propia
- 29/10/2026 00:00
Hay conflictos que envejecen sin acercarse un centímetro a su solución. El de Estados Unidos y Cuba lleva décadas atrapado entre sanciones, desconfianza y discursos que poco han cambiado. En ese escenario, Panamá ofreció su territorio para una eventual negociación. No anunció un acuerdo ni puede garantizar que ocurra. Propuso un lugar para conversar. Pero el ofrecimiento no llegó solo. En Naciones Unidas, Panamá sostuvo su voto histórico contra el embargo estadounidense y, sin alterar ese criterio, reclamó a Cuba avances hacia instituciones democráticas, respeto a los derechos humanos y participación ciudadana. Son asuntos diferentes, aunque relacionados, que exigen una diplomacia capaz de hablar con claridad a ambas partes. Esa claridad resulta más necesaria cuando hay panameños detenidos en territorio cubano. El embajador Eloy Alfaro recordó que su situación debe resolverse con debido proceso y acceso a la justicia, sin que las diferencias políticas entre Estados interfieran en los tribunales. No era un comentario lateral. Es una responsabilidad del Estado panameño. Por eso importa la manera en que Panamá conduzca su iniciativa. Ofrecer una sede es un gesto; facilitar un entendimiento requiere interlocutores dispuestos, discreción y paciencia. Alfaro acertó en el tono y, sobre todo, en las prioridades. Su intervención mostró que la firmeza no necesita estridencias y que la prudencia tampoco exige callar. Ahora corresponde sostener esa línea, porque la diplomacia adquiere valor cuando sus palabras se traducen en gestiones.