La memoria no se demuele

Entrelíneas
Imagen del monumento chino, antes de la demolición. Roberto Barrios/ La Estrella de Panamá
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  • 29/12/2026 00:00

La demolición del monumento que reconocía el aporte de la comunidad chino-panameña no es un hecho menor ni un simple trámite urbano. Es una decisión que interpela nuestra relación con la memoria, la convivencia y la forma en que reconocemos a quienes han contribuido a construir el país. Durante más de un siglo, la comunidad china ha formado parte del paisaje humano de Panamá. Su presencia ha sido constante y silenciosa, integrada a la vida cotidiana, al comercio, a los barrios y a las familias que hoy se reconocen plenamente panameñas. El monumento no era solo una estructura física, sino un símbolo de ese proceso de integración que nos define como nación. En un contexto global marcado por tensiones, exclusiones y fracturas sociales, Panamá debería reafirmar su vocación histórica de encuentro. Por ello, decisiones de esta naturaleza requieren no solo argumentos técnicos, sino explicaciones claras, oportunas y transparentes. La ejecución nocturna de la demolición y la información fragmentada no contribuyen a generar confianza ni a fortalecer el diálogo ciudadano. La ciudadanía merece conocer los informes técnicos completos que sustentaron la medida, el alcance real del diálogo sostenido con la comunidad y, sobre todo, el destino del espacio que hoy queda vacío. Cuando se interviene un símbolo con carga histórica, el deber institucional es explicar, escuchar y acompañar. Panamá no se construye borrando huellas, sino reconociéndolas. La memoria compartida es parte esencial de la convivencia. Cuidarla es también una forma de integración y de respeto hacia la diversidad que ha dado forma a nuestra identidad nacional.