La tregua urgente
- 08/04/2026 00:00
El reciente acuerdo entre Estados Unidos, Israel e Irán para frenar por dos semanas las hostilidades constituye una noticia esperanzadora y un necesario respiro para la paz mundial. Llega tras un conflicto que nunca debió escalar, dejando pérdidas humanas irreparables, ataques ilegales contra la población civil, destrucción generalizada y una afectación directa a la ya frágil economía global. Este escenario obliga a una reflexión crítica y firme. Ninguna agresión unilateral e injustificada puede tener cabida en un orden internacional basado en normas. El respeto al derecho internacional no es opcional: es el único camino legítimo para la convivencia entre naciones. Amenazar con “matar a toda una civilización” es un acto de barbarie intolerable para cualquier nación democrática. Cuando se actúa al margen de la ley, se normaliza la violencia y se debilitan los mecanismos que buscan evitar tragedias mayores. De la misma forma, el conflicto no puede ser una excusa de ningún tipo para justificar la apropiación de recursos que son soberanos de los países. Resulta inaceptable que, bajo el pretexto de la guerra, se justifique la ocupación o el despojo de territorios. Estas prácticas no solo son ilegales, sino profundamente inmorales. En este contexto, Panamá debe reafirmar su vocación histórica de neutralidad. No le corresponde alinearse ni participar en conflictos que le son ajenos. Su papel debe ser el de promover el diálogo, el respeto y la solución pacífica de controversias. La paz duradera no se construye con imposiciones, sino con justicia, memoria y voluntad política real.