Matraqueo legislativo
- 12/06/2026 00:00
Las elecciones internas de la Asamblea Nacional se han convertido, una vez más, en un recordatorio incómodo de una práctica arraigada: el reparto de favores entre diputados. Lejos de ser un espacio para definir liderazgo institucional, estos procesos suelen funcionar como una subasta de apoyos, cuotas de poder y acuerdos de conveniencia que poco tienen que ver con el interés ciudadano. Lo ocurrido recientemente con las tensiones dentro de la bancada independiente y el constante “matraqueo” de los partidos políticos no es más que otra expresión de la misma lógica. Rupturas, renuncias y suspensiones terminan siendo piezas de un mismo ajedrez en el que no se discuten programas, ni visiones de país, ni agendas legislativas coherentes. En su lugar, parece prevaler intereses personales, cálculos de supervivencia política y la disputa por espacios en comisiones clave, que luego se utilizan como moneda de negociación frente al Órgano Ejecutivo. Así, la Asamblea se aleja de su función esencial de contrapeso democrático y fiscalización efectiva. Panamá necesita una Asamblea que recupere su independencia frente al poder Ejecutivo, que no actúe como extensión de intereses partidarios o personales. Solo así podrá cumplir su papel de control político, de debate serio y de defensa del interés nacional por encima de cualquier cálculo coyuntural. El país no puede normalizar esta práctica como parte inevitable de su cultura política. Mientras las decisiones sigan guiadas por cuotas y no por principios, la democracia seguirá debilitándose desde su propia institución más representativa.