Medidas cautelares fallidas

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En el vehículo murió Roberto Othoniel Álvarez, de 33 años, quien aparecía en la lista de los más buscados de las autoridades por presuntos delitos relacionados con drogas. Cedida
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  • 13/05/2026 00:00

La madrugada del lunes, la Vía Domingo Díaz se transformó en un patíbulo. Un conductor de plataforma fue alcanzado por las balas del sicariato mientras transportaba a un pasajero que figuraba entre los más buscados. Este crimen no es solo un hecho de sangre; es el epitafio de un sistema de justicia que ha claudicado ante el hampa. La tragedia de El Crisol es la consecuencia directa de una justicia de papel. Mientras las autoridades judiciales otorgan medidas cautelares de “casa por cárcel” con ligereza, la delincuencia las convierte en una burla. Inspecciones recientes revelaron que cabecillas de pandillas y narcotráfico no están en sus hogares, sino operando en la clandestinidad ante la falta de brazaletes electrónicos y vigilancia real. Un Estado que no custodia a sus procesados es cómplice del caos. La debilidad institucional no solo vulnera los derechos humanos del ciudadano común, sino que asfixia la seguridad necesaria para que un país sea própero. Si el Órgano Judicial no recupera la firmeza, Panamá seguirá enterrando inocentes mientras los criminales celebran la impunidad desde la comodidad de una libertad mal concedida. La justicia que no vigila, no es justicia; es abandono.