Olmedo Javier Núñez

Entrelíneas
Olmedo Javier Núñez Peñalba, el marino panameño que estaba detenido en Venezuela, ya está de regreso en Panamá. Richard Bonilla/ La Estrella de Panamá
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  • 24/01/2026 00:00

Panamá abrazó ayer a Olmedo Javier Núñez Peñalba. No no volvió solo un marino: volvió un testimonio incómodo sobre cómo opera el miedo cuando se convierte en sistema. Su cuerpo llegó primero. La calma, no. Aún le temblaban las manos; aún respiraba como quien espera una orden. Rapado, con ropa prestada, hablando con una serenidad aprendida a la fuerza, Olmedo nos recordó que hay cárceles que se quedan pegadas a la piel. Su historia desnuda una verdad que el mundo no debe normalizar: durante años, el régimen venezolano convirtió la sospecha en delito y la detención en herramienta política. Lo acusaron de terrorismo, de agresión a la patria, sin pruebas claras, lo aislaron, lo redujeron a una rutina de encierro, silencio y falsas esperanzas. Esa es la lógica del autoritarismo: quebrar a la persona antes que escuchar razones. Hoy, aunque Nicolás Maduro ya no esté, la sombra de ese sistema sigue ahí. Las liberaciones son una señal, sí, pero insuficiente. Aún hay presos políticos: vidas suspendidas, familias desgarradas. Por eso, celebrar el regreso de Olmedo no puede ser el punto final. Debe ser un recordatorio urgente para sostener, con firmeza, un esfuerzo multilateral —gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil— que presione sin pausa por la liberación de todos. Ninguna transición es completa si mantiene presos a quienes pensaron distinto, protestaron o fueron señalados. Mientras existan presos políticos, no habrá normalidad y transición democrática posible.