Panamá ante la ONU
- 24/09/2026 00:00
La Asamblea General de la ONU exige a los gobiernos a condensar un país en unos minutos. José Raúl Mulino habló, con determinación y fluidez, de seguridad, migración, agua, comercio y naturaleza. Pero entre todos esos asuntos, dos merecen permanecer cuando se apaguen los micrófonos: el lugar de Panamá en el Consejo de Seguridad y la defensa ambiental convertida en política comprobable. En diciembre termina la participación panameña como miembro no permanente del Consejo. Mulino reclamó mayor poder de decisión para América Latina y el Caribe, una región que sigue sin ocupar ninguno de los cinco asientos permanentes. El planteamiento vuelve sobre una discusión que Naciones Unidas arrastra desde hace años: si el Consejo pretende reflejar el mundo actual, su composición también tendrá que entrar en debate. Panamá puede empujar esa conversación desde la experiencia de estos dos años, pero su balance estará en los votos, las posiciones asumidas y la independencia mantenida frente a las potencias. La otra apuesta fue la naturaleza. El Pacto de Panamá con la Naturaleza ya fijó metas de restauración y protección ambiental. Ahora el país propone llevar más lejos esa conversación con los Derechos Universales de la Naturaleza. La propuesta obliga a mirar hacia nuestro patio. Río Indio, las cuencas y las comunidades afectadas por grandes proyectos serán también medida de coherencia. El Darién completó el discurso. La reducción del flujo migratorio es un dato relevante, pero no borra una frontera atravesada durante años por violencia, abandono y tráfico humano. Panamá habló en Nueva York. Ahora toca contrastar esas palabras con los hechos.