Panamá necesita reencontrarse
- 04/07/2026 00:00
Hay momentos en que un país debe detenerse, no para rendirse, sino para preguntarse en qué punto comenzó a perderse. Panamá está en uno de esos momentos. El llamado de la Conferencia Episcopal Panameña no interpela solo a los creyentes; interpela a una sociedad entera que parece haber normalizado la desconfianza, la confrontación y la indiferencia frente al dolor ajeno. La crisis institucional no siempre estalla con estruendo. A veces avanza en silencio: cuando la ley se aplica con distintas medidas, cuando las instituciones dejan de inspirar respeto, cuando el ciudadano siente que reclamar ya no cambia nada y cuando el poder confunde gobernar con imponer. Allí comienza a debilitarse el pacto básico que sostiene a una República. Por eso la dignidad humana no puede seguir ocupando un lugar secundario. Está en juego en las cárceles, donde el hacinamiento y la violencia revelan el fracaso de un sistema que castiga, pero no reinserta. Está en las comunidades que siguen esperando agua potable como si pidieran un favor. Reencontrarse no significa borrar diferencias ni fabricar consensos artificiales. Significa recuperar la capacidad de escucharnos. Panamá necesita menos soberbia y más responsabilidad pública. Porque un país no se pierde solo cuando caen sus instituciones; también se pierde cuando sus ciudadanos dejan de creer que todavía pueden salvarlas.