Panamá y el estigma de paraíso fiscal
- 29/09/2026 00:00
La posible salida de Panamá de la lista fiscal de la Unión Europea no debería celebrarse como una victoria de ocasión, sino leerse con más hondura: como un paso en la larga batalla de un país por desprenderse de un estigma que ha pesado demasiado. La palabra “paraíso fiscal” no solo clasifica; marca. Reduce una economía, una plaza financiera y una historia de servicios a una sospecha permanente. Ese estigma ha sido cómodo para otros y costoso para Panamá. Ha obligado al país a explicar una y otra vez lo que ha corregido, lo que ha legislado, lo que ha cumplido y lo que está dispuesto a sostener. En ese camino se inscriben las reformas recientes, la ley de sustancia económica y la salida previa de la lista europea de alto riesgo vinculada al blanqueo de capitales. No son gestos menores. Son pasos que pesan en la reputación internacional de una nación. Hay que reconocer que el gobierno asumió este frente con una ofensiva firme. Tocó puertas, elevó el reclamo a instancias europeas y empujó cambios legales para cumplir con una meta que no pertenece solo a una administración, sino al país. Más allá de los tecnicismos, lo que está en juego es la reputación de Panamá. Reconocer esos avances no significa bajar la guardia. La imagen y la confianza no se reconstruyen de un plumazo ni por decreto. Se sostiene con instituciones, controles, coherencia y continuidad. Pero si Panamá cumple, corresponde que se le trate conforme a lo que ha hecho, no conforme a una imagen congelada. Europa debe mirar con coherencia los esfuerzos reales. Salir de una lista no basta. Lo importante es no volver a entrar.