Panamá y su marca país
- 28/08/2026 00:00
Panamá lleva siglos recibiendo al mundo. Por aquí han pasado rutas, mercancías, culturas, capitales y millones de viajeros. Convertir esa vocación en una marca país tiene lógica. “Panamá, Anfitrión del Mundo” intenta reunir bajo una misma identidad turismo, inversión, exportaciones, cultura y sostenibilidad. La propuesta es atractiva. Pero ahora comienza lo difícil. Una marca país no puede quedarse en una campaña bien producida ni en un logotipo ingenioso. La reputación de Panamá se construirá en la experiencia de quien llega, invierte, trabaja, visita o decide quedarse. En la seguridad jurídica. En los servicios. En la transparencia. En la capacidad de cumplir lo que prometemos. El presidente José Raúl Mulino anunció que llevará la estrategia a la Asamblea Nacional para darle continuidad más allá de los gobiernos. La intención merece respaldo. Panamá ha perdido demasiado tiempo empezando de nuevo cada cinco años. Pero continuidad también significa reglas claras. La marca debe estar protegida de la improvisación, del clientelismo y de cualquier tentación de convertir la promoción del país en otro reparto político. Y queda una prueba todavía mayor. Si queremos llamarnos anfitriones del mundo, tenemos que ser capaces de reconocernos todos dentro de esa casa. La diversidad no puede existir solamente en la gráfica. Tiene que alcanzar a mujeres, pueblos originarios, afrodescendientes y comunidades que rara vez aparecen en la postal que exportamos. Panamá puede vender conexión. Pero primero tiene que demostrarla.