Presupuesto realista

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  • 10/03/2026 00:00

En cualquier país, el presupuesto general del Estado es la principal herramienta para planificar el uso de los recursos públicos. Cuando este instrumento se elabora con estimaciones imprecisas o poco rigurosas, las consecuencias afectan directamente la estabilidad fiscal y la capacidad del gobierno para responder a las necesidades de la población. En Panamá, los datos recientes generan dudas sobre las proyecciones establecidas. Durante 2025, los ingresos corrientes del Estado alcanzaron aproximadamente 10,371.6 millones de dólares, lo que representó 20.6 % menos de lo presupuestado y produjo un faltante cercano a 2,684 millones de dólares respecto a la meta prevista. Esta brecha demuestra que las proyecciones de ingresos fueron demasiado optimistas y no reflejaron con precisión la capacidad real de recaudación y la necesidad del país de ajustar los incentivos fiscales a algunos sectores. Todos los panameños aspiramos a que al país le vaya bien y que ese progreso se palpe en el bolsillo de la población. Sin embargo, la política económica no puede construirse sobre estimaciones aspiracionales alejadas de la realidad. Proyecciones ambiciosas terminan comprometiendo gastos que luego no pueden financiarse plenamente. Esto puede provocar atrasos en pagos, reducción de inversiones públicas o la necesidad de recurrir a mayor endeudamiento para cubrir compromisos adquiridos. A largo plazo, esta práctica debilita la disciplina fiscal y genera como consecuencia el sacrificio de programas sociales tan necesarios en Panamá, que según la Cepal es el país más desigual de la región. Además, una planificación presupuestaria deficiente afecta la credibilidad de las instituciones públicas. Cuando los ciudadanos perciben que las metas fiscales no se cumplen o que los cálculos oficiales son poco realistas, la confianza en la gestión económica del gobierno se erosiona.Panamá enfrenta el reto de fortalecer la formulación de su presupuesto, basándose en estimaciones prudentes y en análisis económicos sólidos. Un presupuesto realista mejora la transparencia y permite administrar mejor los recursos en tiempos de incertidumbre.