Reivindicar el periodismo

Entrelíneas
El director del periódico El Tiempo de Colombia, Andrés Mompotes (d), habla durante la inauguración de la 82ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Bogotá (Colombia). Carlos Ortega / EFE
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  • 25/10/2026 00:00

Las mentiras circulan más deprisa que las rectificaciones. Se instalan en la conversación pública, enturbian las decisiones y siembran desconfianza. Por eso, desde la 82.ª Asamblea General de la SIP, reunida en Bogotá, urge reivindicar el periodismo. Reivindicarlo es recordar su obligación de escuchar. “El buen periodismo sabe escuchar. Es capaz de oír los vientos cambiantes de la historia, el clamor de las víctimas de los abusos del poder y el susurro de la gente que reclama la verdad”, dijo Andrés Mompotes. Escuchar exige tiempo, rigor y preguntas incómodas. Para sostener ese rigor hacen falta medios económicamente viables. La inteligencia artificial añade presiones a un oficio que necesita respuestas compartidas. Lo resumió el presidente de la SIP, Pierre Manigault: “La fragmentación reduce nuestra influencia. La cooperación nos da el alcance necesario para actuar”. Esa defensa atravesó también las palabras de Jaime Abello, distinguido como Gran Amigo de la Prensa: “Recibo en nombre de la Fundación Gabo el reconocimiento como Gran Amigo de la Prensa, con profunda gratitud y con la emoción de quien ha dedicado buena parte de su vida a una causa compartida con Ustedes: la defensa y el fortalecimiento del periodismo”. Sobre su continuidad añadió: “Estoy decidido a seguir entregando lo mejor de mí para asegurar la continuidad de la Fundación. Porque creo profundamente en la vigencia de la misión que Gabo nos confió y en la necesidad de proyectarla hacia el futuro”. Pero esa defensa no puede quedar únicamente en las redacciones. Corresponde a la ciudadanía exigir pruebas, contrastar lo que recibe y respaldar a quienes investigan, incluso cuando las revelaciones incomodan. Porque cuando los ciudadanos dejan de reclamar información verificable, otros comienzan a dictarles qué deben creer.