Salud mental: la deuda que Panamá sigue postergando
- 18/07/2026 00:00
Panamá habla de crecimiento, inversión y modernización, pero sigue tratando la salud mental como un asunto secundario. Esa contradicción cuesta vidas. Detrás de cada suicidio hay una historia de dolor, señales que nadie atendió y un sistema que, demasiadas veces, llega tarde. La deuda comienza en las instituciones. Buscar atención psicológica o psiquiátrica en el sistema público puede convertirse en una carrera de obstáculos: citas demoradas, pocos especialistas, tratamientos interrumpidos y medicamentos que no siempre están disponibles. Para una persona en crisis, cada espera pesa. Cada puerta cerrada puede profundizar el aislamiento. También está la deuda social. Durante años, Panamá prefirió callar por miedo, prejuicio o desconocimiento. Se habló del suicidio en voz baja, como si nombrarlo fuera más peligroso que ignorarlo. Pero el silencio no protege. El silencio abandona. Hablar con responsabilidad, orientar y reconocer señales de alerta puede abrir una salida antes de que sea demasiado tarde. La Caja de Seguro Social, el Ministerio de Salud, las escuelas, las empresas y las familias deben asumir que la prevención no puede depender de campañas ocasionales. Se necesita atención continua, acceso real a especialistas, medicamentos disponibles y protocolos claros para quienes atraviesan una crisis. La salud mental no puede seguir confinada al último renglón del presupuesto ni a discursos conmemorativos. Es una obligación del Estado y una responsabilidad compartida. Panamá debe dejar de reaccionar después de la tragedia y comenzar a actuar antes. Callar ya no es prudencia. Es negligencia. Y esa negligencia deja heridas que ninguna familia supera.