- 17/01/2026 00:00
Los taxistas están reviviendo sus años dorados porque las plataformas digitales se fueron de boca con las tarifas que andan por las nubes. Un usuario de Uber se quejaba de que en su trayecto diario de la casa al trabajo le clavan 15 billullos, mientras que el taxi lo resuelve por 3 palos. Así cualquiera se baja de la app y levanta la mano en la esquina.
Por los pasillos del Registro Público se cocinaron una dieta mensual de 500 billullos para los miembros de la junta directiva. Eso sí, si son funcionarios, solo la saborean cuando las reuniones —ordinarias o extraordinarias— se convocan fuera del horario de oficina. Negocio redondo: si se quedan después de la hora, hay postre; si no, a mirar el menú.
El receso escolar avanza y el “chiquillo” Bloise suelta el sablazo: no se ve ni el polvo de las reparaciones en las escuelas, pese a que abundan los planteles en estado calamitoso. Si seguimos a este paso, tendremos centros educativos con 100% de internet... pero sin poder dar clases por culpa de la infraestructura.
Con todo el berenjenal armado por la recolección de basura en San Miguelito, hay quienes abanican la idea de aumentar la edad mínima para ocupar una alcaldía. Pero el problema no es la edad ni las canas que tengas encima: el verdadero lío empieza cuando te toca enfrentarte al sistema político tradicional, ese que no perdona novatos ni tolera a quien no baile al son de siempre.
Me dice un jurista que la alcaldesa Stefany romperá el récord de la funcionaria con más recursos interpuestos en su contra. Basta con entrar al sistema de expedientes digitales del Órgano Judicial para ver la cantidad de amparos de garantías que le han presentado.
Ya que hablamos de Stefany, la alcaldesa puede seguir luciendo la sonrisa de oreja a oreja: el intento de revocatoria en su contra terminó directo en el archivo del olvido. El promotor no logró ni raspar el 5% de las firmas necesarias para sacarla del cargo. Ni siquiera el alboroto del monumento chino prendió la chispa entre los arraijeños.
A los noruegos no les cayó nada bien que la líder venezolana María Corina Machado “le regalara” el Premio Nobel de la Paz a Mr. Trump. La decisión cayó como balde de agua fría en Escandinavia y las portadas de los diarios del país nórdico ardieron en críticas, trinando al unísono contra semejante movida.
Quien no pasó hambre ni sed fue el embajador Cabrera, que se dio gusto saboreando un sancocho de gallina de patio, bien criollo, en mesa fina y acompañado de los Patrones de la Cumbia. El diplomático anda por tierras azuerenses repartiendo donaciones y, para rematar la faena, hoy se deja ver en el Festival de las Mil Polleras. Azuero lo recibió con cucharón, tamborito y brazos abiertos.
Con el runrún de que Estados Unidos estaría evaluando quitarle la visa a los panameños para ir a saludar a Mickey Mouse, me escribe un analista con una perla: que todos los que perdieron la visa el último año podrían viajar sin mayor lío. Así están las cosas... como dicen en el barrio, nadie sabe para quién trabaja y el que hoy se ríe, mañana hace fila.
El Ministerio de Gobierno se sacó de la manga el Reconocimiento al Mérito Plan Libertad, un galardón que premiará a entidades públicas, organizaciones privadas y hasta personas de a pie que se meten de lleno en la dura tarea de resocializar a los privados de libertad. Aplausos para quienes apuestan a que el que la hace, también puede enderezar el camino.
Por la tierra del bollo y el chicheme decidieron saldar una deuda con la memoria: levantar un busto en honor al empresario chorrerano de ascendencia asiática Lun Chong, asesinado hace 20 años y cuyo nombre sigue vivo por el aporte que dejó en su comunidad. Un gesto tardío, pero necesario, para recordar que la verdadera muerte llega cuando el olvido gana la partida.