Carlos Chamorro: ‘La dictadura Ortega-Murillo está en su momento de máxima debilidad política’
- 24/07/2026 00:00
El periodista Carlos Fernando Chamorro sostiene que el régimen Ortega-Murillo atraviesa una etapa de debilidad, marcada por purgas internas, pérdida de respaldo político y el intento de eliminar legalmente las elecciones para consolidar la sucesión de Rosario Murillo
Nicaragua vuelve a estar en el centro de la atención internacional. Las recientes declaraciones de Daniel Ortega, quien afirmó que el país no volverá a celebrar elecciones, han encendido las alarmas entre gobiernos y organismos que ven en esta postura una nueva amenaza para la democracia nicaragüense, entre ellos Panamá.
“El voto constituye el principal mecanismo mediante el cual los ciudadanos expresan libremente su voluntad. Suprimir este derecho fundamental representa un fuerte agravio a los principios, valores y derechos que sostienen nuestras sociedades”, advirtió la Cancillería panameña.
El pronunciamiento provocó el rechazo del régimen de Ortega, que respondió con un llamado a decir “no a la injerencia” y aseguró que Nicaragua y Panamá “seguirán siendo hermanos a pesar de las diferencias diplomáticas”. En medio de esta creciente tensión, surge una pregunta inevitable: ¿qué tan sostenible es el modelo político impuesto por Ortega y cuánto tiempo más podrá mantenerse en el poder?
Para analizar el presente y el futuro de Nicaragua, La Estrella de Panamá conversó con Carlos Fernando Chamorro, periodista y director de Confidencial, medio digital que desde el exilio continúa exponiendo las realidades más incómodas del país centroamericano.
La dictadura Ortega Murillo anuló las elecciones en Nicaragua por las vías de hecho desde hace 10 años. En 2016 fue ilegalizado el principal partido opositor y en 2021, fueron encarcelados los siete precandidatos opositores. En ambos casos Ortega y Murillo se reeligieron sin competencia política en una farsa electoral con la complicidad de partidos colaboracionistas.
La novedad es que ahora Ortega pretende eliminar las elecciones por la vía legal, con lo cual reconoce su fracaso político porque nunca ha podido aplastar a la oposición que ha encarcelado, perseguido y desterrado. El anuncio de Ortega es una provocación, a los nicaragüenses y a la comunidad internacional. Al proclamar su régimen de partido único, apunta a llamar la atención para intentar abrir un diálogo y negociación que legitime y normalice la sucesión de Murillo, bajo estado policial y sin democracia.
Ortega ha colocado a Nicaragua en la cuenta regresiva del 2027, en un momento de máxima debilidad política de su dictadura, pero la “fruta podrida” no caerá si no hay una concertación decidida, nacional e internacional, para sacudir el árbol.
En Nicaragua Daniel Ortega ya no es el presidente. Incluso constitucionalmente inventaron una figura que no existe en ningún país de América Latina, que se llama copresidencia, y resulta que el copresidente es Daniel Ortega y la copresidenta es su esposa, Rosario Murillo.
Gradualmente se conformó un proceso de presidencia o dictadura bicéfala. Ese proceso fue modificándose en la medida en que Rosario Murillo fue asumiendo el control total de todas las instituciones y el mando total del país. Eso se tradujo en lo que nosotros en Nicaragua hemos descrito como una purga política de la mayoría de los operadores políticos danielistas, es decir, leales a Daniel Ortega sin importar si estos eran líderes históricos políticos como Bayardo Arce, ex comandante del Frente Sandinista y ex asesor presidencial en asuntos económicos, o si eran policías, militares u operadores de inteligencia.
A lo largo de los años se ha venido desatando una barrida de los danielistas para ser sustituidos por los leales a Rosario Murillo. No ha habido un nombramiento que diga, “Ahora manda a Rosario Murillo”, pero en la práctica ella ejerce el poder total y Daniel Ortega sigue teniendo un rol más simbólico.
Por supuesto, no es sostenible. La sucesión [de Ortega a Murillo] y la purga ha generado profundas heridas en la cúpula del poder. En Nicaragua no solamente son perseguidos ahora los opositores sino que también a los propios partidarios del Frente Sandinista y de Daniel Ortega y en la cárcel hay muchos de ellos.
Recientemente publicamos una lista de quiénes son los presos políticos que no vienen de la oposición, sino que son del régimen, producto de esa purga. Eso genera fisuras y también se traduce en que la base política de apoyo de esta dictadura se ha venido reduciendo dramáticamente. Hace 10 años pudo haber tenido incluso un apoyo mayoritario, pero hoy el apoyo político no supera el 10% del electorado y es cada vez menos.
Creo que sería más correcto decir que no ocupa una línea de prioridad, pero ahí está. Algunos altos funcionarios de la dictadura siguen siendo sancionados por Estados Unidos, por ejemplo, el secretario de Estado Marco Rubio anunció una sanción contra Luis Cañas, que es el viceministro del Interior, uno de las de los operadores principales de Rosario Murillo en la aplicación de las políticas de destierro, de expulsión de nicaragüenses del país y de despojo de nuestra nacionalidad.
Pero sí es cierto de que no tiene un orden de prioridad en comparación con Venezuela y con Cuba. Porque Nicaragua no tiene petróleo como Venezuela, no hay una urgencia para la potencia estadounidense que quiere tomar el control del petróleo de Venezuela. Y por otro lado, tampoco hay una crisis económica como en Cuba. Nicaragua no está colapsando, hay una economía que tiene cierto dinamismo, genera estabilidad y que se financia por las exportaciones a Estados Unidos, el tratado CAFTA y por el flujo de remesas familiares que envían los nicaragüenses, de manera que tampoco hay una un peligro de que se produzca un éxodo masivo como más allá del que ya ha ocurrido.
Ahora, Nicaragua se está viendo en el espejo de Venezuela y Cuba, tanto la dictadura como la oposición. La dictadura está en un estado de temor después de que se produjo la intervención en Venezuela que sacó del poder a Nicolás Maduro. Ese mismo día Rosario Murillo convocó, obviamente no de manera pública, a los principales operadores del poder para decretar una especie de estado de alerta interno de la dictadura e intensificar la vigilancia sobre opositores, los deportados, etcétera.
Por el otro lado también la oposición se ve en el espejo de Venezuela en el sentido de que la eliminación de Nicolás Maduro no necesariamente significó la apertura a una transición democrática.
No sé si se puede hablar de una ola, pero,te menciono un caso específico: Milei, creo que hay una explicación muy relacionada a factores domésticos en Argentina. La crisis económica, el fracaso del modelo peronista, etcétera.
Se puede hablar también del caso de Bukele, que responde a particularidades de la crisis de El Salvador, del cansancio de la sociedad con las maras, el fracaso del bipartidismo de Arena y el FMLN. Claramente hay un resurgimiento de ese tipo de liderazgo y ahora también cuentan con la alianza y el respaldo incondicional de la administración de Donald Trump.
Es extraordinariamente complejo. La primera condición para reportear desde el exilio sin tener periodistas en el país es construir redes de colaboradores y de fuentes a las que estoy obligado a brindarle canales seguros de comunicación. En segundo lugar, tengo que hacer un esfuerzo quíntuple para verificar la información que estoy obteniendo, siempre a través de fuentes anónimas.
Por otro lado, es extremadamente difícil porque el sostenimiento económico. La sostenibilidad económica de medios en el exilio, no de un periodista, sino de una redacción completa de manera permanente es muy demandante en materia de cómo obtener recursos.
Son todos esos desafíos juntos, pero yo te diría que lo primordial es preservar la credibilidad del medio y seguir produciendo, aún desde el exilio, información útil para las audiencias. El 50% de nuestra audiencia a través de plataformas digitales en YouTube está en Nicaragua y para nosotros eso es crucial porque significa que estamos derrotando la censura.
El otro desafío es no sumergirse en la burbuja del exilio. Es decir, generar una comunicación entre personas que no están amenazadas de que las van a echar presas en el país por hablar, comparten mucha información y no siempre es fiable. Como yo le digo a mi reportero, nosotros tenemos que estar con los pies, los ojos y los oídos en Nicaragua, no solamente escuchando lo que dicen los nicaragüenses en el exilio.
Yo puedo hablar de las señales que nosotros vivimos en Nicaragua. Hay momentos en que en que un gobierno autoritario puede ser popular, puede tener apoyo de la gente, a veces la población le pone más atención a la solución de algunos problemas, a veces son problemas económicos, a veces son temas de seguridad y se sacrifican derechos de libertad que la población tiene.
El ejercicio de los derechos democráticos es inseparable de las aspiraciones de bienestar y de progreso que tiene una sociedad, pero no siempre se viven de esa manera. A veces la gente dice, “Bueno, están robando pero hay cosas que están mejorando” o “Sí, están reprimiendo, pero los reprimieron a ellos, a mí no me han tocado y por lo tanto yo no tengo ningún problema”.
Creo que las sociedades necesitan tener una cultura civil democrática, ojalá tuviésemos también partidos políticos conectados con derechos de los ciudadanos, no siempre es así. La construcción de una sociedad como esta y ejercer la libertad de expresión y de prensa son parte de las líneas rojas que hay que preservar en una sociedad para alertarse ante cualquier tipo de tentaciones autoritarias.