Corrupción, falta de empleo y alto costo de la vida presionan el ánimo de los panameños
- 15/01/2026 00:00
Aunque la corrupción se mantiene como un problema estructural, el alto costo de la vida y la falta de empleo ganan peso en la percepción ciudadana, reflejando una presión económica creciente que reordena las prioridades y el ánimo de los panameños
Durante meses, la corrupción ha ocupado el centro de las preocupaciones ciudadanas en Panamá. Sin embargo, los datos más recientes muestran que, aunque ese problema persiste como una herida estructural, el malestar cotidiano está cambiando de eje.
El encarecimiento de la vida y la dificultad para sostener el ingreso familiar comienzan a imponerse como el principal filtro desde el cual los ciudadanos evalúan la situación del país, el desempeño del Estado y sus propias expectativas de futuro.
Esa es una de las lecturas que deja la encuesta Vea Panamá, de La Estrella de Panamá, realizada por Prodigious Consulting, basado en 1.510 entrevistas cara a cara aplicadas a personas mayores de 18 años en ocho provincias del país: Panamá, Panamá Oeste, Chiriquí, Coclé, Colón, Herrera, Los Santos y Veraguas.
El levantamiento, con un margen de error de 2,5% y un nivel de confianza del 95%, permite observar no solo fotografías puntuales, sino la evolución de la percepción ciudadana a lo largo de varios momentos del último año y medio.
La corrupción sigue al frente
Cuando se pregunta a los ciudadanos cuál es el principal problema que hoy vive Panamá, la corrupción continúa encabezando la lista.
En la medición de enero, el 28,9% de los encuestados la señala como la mayor preocupación nacional.
Aunque se trata del porcentaje más alto entre todas las opciones, representa un descenso frente a su punto máximo de 33,9% registrado en junio del año anterior.
Este comportamiento confirma el carácter estructural del problema. La corrupción no desaparece de la agenda pública, pero su peso relativo fluctúa en función del contexto.
La disminución porcentual no implica una mejora en la percepción institucional ni una recuperación de la confianza, sino más bien un desplazamiento del foco hacia otros problemas que impactan de forma más inmediata la vida diaria de los hogares.
En otras palabras, la corrupción sigue estando ahí, pero deja de ser el único lente desde el cual la ciudadanía interpreta la realidad nacional.
La preocupación que más crece
El dato más llamativo del estudio es el crecimiento sostenido del alto costo de la vida como preocupación central. En marzo de 2025, este tema era mencionado por el 14,7% de los encuestados.
Para enero, esa proporción había escalado hasta el 25,7%, convirtiéndose en uno de los problemas que más rápidamente gana peso en la percepción ciudadana.
Este aumento no es marginal. Refleja una presión acumulada sobre el presupuesto de los hogares, asociada al encarecimiento de bienes y servicios básicos como alimentos, transporte, energía y otros gastos cotidianos.
A diferencia de otros problemas de carácter estructural, el costo de la vida se manifiesta de forma directa y constante, afectando tanto a quienes tienen empleo como a quienes se encuentran en condiciones más precarias.
El crecimiento de esta preocupación sugiere que el bienestar económico percibido se está deteriorando y que, para una parte creciente de la población, el ingreso disponible ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas con la misma holgura que antes.
Empleo: tener trabajo ya no es suficiente
Junto al costo de la vida, la falta de empleo también muestra una tendencia ascendente. En marzo de 2025, el 18,4% de los ciudadanos identificaba el desempleo como el principal problema del país.
En enero, esa cifra subió a 26,0%, ubicándose prácticamente al mismo nivel que el encarecimiento del costo de la vida.
La lectura conjunta de ambos indicadores ofrece una señal relevante: la preocupación ya no se limita al acceso a un puesto de trabajo, sino a la calidad y suficiencia del ingreso.
El hecho de que el costo de la vida crezca incluso más que la falta de empleo indica que el trabajo, por sí solo, no garantiza estabilidad económica ni sensación de alivio financiero.
Este fenómeno apunta a una pérdida de poder adquisitivo y a una mayor sensación de vulnerabilidad entre sectores que tradicionalmente se percibían como relativamente estables.
La preocupación económica, en este sentido, deja de estar circunscrita a los grupos desempleados y se extiende a amplias capas de la población ocupada.