Desprotección sísmica: Geociencias necesita $3 millones para implementar alerta temprana

Panamá
Néstor Luque, jefe de Geociencias de la UP, detalla los retos de la red sismológica nacional, condicionada por la falta de fondos del Estado y la vulnerabilidad ante los apagones. José Abel Herrera | La Estrella de Panamá
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  • 27/06/2026 14:00

El sismo de Venezuela desnuda el rezago de Panamá: Geociencias opera un monitoreo pasivo por falta de fondos. Con seis técnicos y una red vulnerable a apagones, el país está condenado al monitoreo reactivo, desprotegido ante un evento mayor en el Cinturón de Fuego del Pacífico

El devastador doblete sísmico de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudió la costa de Venezuela el pasado miércoles 24 de junio, dejando un saldo trágico de 920 víctimas fatales, 3,360 heridos y más de 10,000 personas inicialmente desaparecidas, encendió las alarmas técnicas en el istmo panameño. A pesar de que Panamá se encuentra geográficamente ubicado en el Cinturón de Fuego del Pacífico —la zona tectónica más activa del planeta—, el país carece de la infraestructura tecnológica necesaria para advertir a la población segundos antes de que las ondas sísmicas destruyan las zonas urbanas. Actualmente, el Estado panameño solo cuenta con un sistema pasivo de monitoreo, condicionado por severas limitaciones presupuestarias que impiden la adopción de modelos de prevención avanzada como los implementados en Japón, Chile o México.

Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá (UP), reveló en entrevista con La Estrella de Panamá que la institución requiere un presupuesto de inversión de entre $1.5 millones y $3 millones para “ponerse al tono” e iniciar la transición hacia un sistema de alerta temprana real. La propuesta, que debe ser presentada y evaluada por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) dentro del presupuesto general de la primera casa de estudios para el periodo fiscal venidero, enfrenta el histórico filtro de los recortes gubernamentales que año tras año minimizan la capacidad operativa de la entidad científica.

El mito del monitoreo frente a la alerta real

La percepción pública de que el país está resguardado por contar con una red automática de detección 24-7 choca con la realidad descrita por los especialistas. “Nosotros tenemos un sistema de monitoreo sísmico. Detecta sismos, los localiza y los reporta. Pero eso no nos avisa segundos antes... No tenemos esto”, sentenció Luque de forma tajante.

La diferencia entre monitorear y alertar radica en la capacidad de salvar vidas en tiempo real. Países con alta experiencia sísmica cuentan con redes de sensores instalados en sus costas de forma estratégica. Al ocurrir la ruptura tectónica, los detectores procesan los milisegundos iniciales y transmiten la información digitalmente a la velocidad de la luz hacia las ciudades, logrando superar la velocidad de propagación de las ondas de choque superficiales. Esto permite emitir señales acústicas, activar sirenas urbanas e interrumpir de manera automática los servicios públicos y los medios de comunicación masivos para iniciar conteos regresivos de evacuación.

El despliegue de un esquema de esta magnitud en Panamá no es solo un asunto de adquisición de software. Involucra la compra de servidores robustos con procesadores multinúcleo capaces de calcular datos complejos en milisegundos y, de forma fundamental, la integración de controladores automatizados en la infraestructura civil del país. Un sistema de alerta temprana maduro, como el japonés, envía pulsos electrónicos directos para detener elevadores en pisos seguros evitando que los ciudadanos queden atrapados, bloquea las tuberías matrices de gas industrial para erradicar el riesgo de incendios secundarios y acciona las compuertas de salidas de emergencia en edificios públicos de alta densidad.

Una red física vulnerable al clima y los apagones

El Instituto de Geociencias administra actualmente 65 estaciones operativas distribuidas en el territorio nacional. No obstante, este andamiaje técnico sufre interrupciones constantes debido a las deficiencias de los servicios públicos y la conectividad comercial del país. Durante el periodo de la temporada lluviosa, la red pierde la señal de diversas estaciones críticas debido a caídas de internet en las provincias o fallas recurrentes en el fluido eléctrico de los sectores donde se ubican los sensores. Aunque los digitalizadores modernos almacenan la información localmente y la transmiten una vez que el suministro eléctrico o el enlace de datos se restablece, el bache temporal anula cualquier posibilidad de respuesta inmediata ante una crisis.

A esta debilidad tecnológica se suma el factor humano. El área técnica que sostiene el monitoreo sísmico de todo el país está compuesta por únicamente seis personas. Luque enfatizó que para asumir la gestión de un sistema de alerta temprana robusto es indispensable la contratación obligatoria de al menos cuatro profesionales adicionales especializados en ingeniería de sistemas, programación avanzada e instrumentación de campo, un requerimiento que permanece congelado por la falta de fondos autónomos.

La ciencia detrás de la tragedia de Venezuela

El sismo registrado en la nación sudamericana el miércoles a las 6:00 p.m. (hora local de Panamá) sirvió como un crudo recordatorio del potencial destructivo de los sistemas de fallas activos. El director del Geociencias explicó que el fenómeno correspondió científicamente a un “doblete sísmico”, un evento inusual donde ocurren dos movimientos de magnitudes casi idénticas en un lapso de 38 a 39 segundos, con una separación espacial de apenas cinco kilómetros y una diferencia de profundidad de diez kilómetros entre sí.

Este evento fue el resultado directo de la convergencia de la placa del Caribe contra la placa sudamericana, liberando energía justo en el punto de encuentro de dos de las fracturas más importantes de la región: la falla El Pilar y la falla Ancon Oca. La catástrofe humana, que mantiene a los equipos de rescate buscando sobrevivientes entre los escombros de las estructuras colapsadas, se debió a que el epicentro del doblete coincidió con la zona de mayor densidad demográfica de Venezuela en su franja costera.

Ante las versiones surgidas en diversas plataformas informativas que vinculaban este sismo con movimientos telúricos simultáneos en el continente asiático, el jefe de Geociencias desmitificó cualquier teoría de “efecto dominó”. Las placas continentales no operan como un juego de piezas conectadas de forma temporal. Un movimiento en la placa Sudamericana no guarda relación de causalidad con la actividad en las fallas de Asia. El único nexo común es que ambas interactúan periféricamente con la gran placa del Pacífico, elemento matriz del Cinturón de Fuego.

Urgencia técnica sobre la mesa del MEF

Para el Instituto de Geociencias, el camino hacia la resiliencia pasa por dejar de depender exclusivamente de equipos importados de alto costo normados por los estándares de la industria global, los cuales siguen siendo necesarios para la investigación académica y la comparación de datos con universidades extranjeras. Actualmente, la institución mantiene en fase de prueba sismógrafos de bajo costo desarrollados por la empresa privada en el sector de Volcán, provincia de Chiriquí. Estas herramientas de manufactura local cumplen con el criterio técnico para robustecer el monitoreo doméstico a un costo accesible, pero su integración masiva requiere el respaldo presupuestario estatal correspondientemente asignado.

La decisión de financiar la seguridad sísmica nacional recae ahora sobre las autoridades presupuestarias del Ejecutivo.