El calor en las casas y barrios de ciudad de Panamá
- 14/03/2026 00:00
Un análisis con imágenes satelitales revela que los barrios de la ciudad de Panamá registran un aumento promedio de 2.8 °C en la temperatura superficial en los últimos 25 años, impulsado por la expansión del concreto y la reducción de áreas verdes, lo que refuerza la necesidad de revisar las normas de urbanismo y construcción para enfrentar las islas urbanas de calor y el impacto del cambio climático
A lo largo de la historia la incomodidad por la humedad y las altas temperaturas ha sido un tema recurrente en los relatos que narraban la experiencia de visitar la ciudad de Panamá. Es así como abundan los registros sobre este tema en los relatos de los cronistas en tiempos de la colonia, o en los libros de viaje de exploradores y viajeros del siglo XIX. La arquitectura zoneíta es una muestra clara del intento de generar una vivienda optimizada para vivir en los trópicos, adecuada a las inclemencias del tiempo y a convivir con los bichos y la naturaleza.
Con el avance de la tecnología y el estudio de la climatología tropical y global se han construido mejores herramientas para entender el impacto de la radiación solar, abordando la cuestión ‘del calor’ a través de indicadores como la temperatura, la sensación térmica, - que es la combinación de temperatura y humedad-, y en época más reciente, ‘la temperatura superficial del suelo’ y la idea de las ‘islas urbanas de calor’.
Las islas urbanas de calor superficial es un concepto desarrollado por el geógrafo y climatólogo Timothy Richard Oke (1982) en su artículo pionero sobre el tema, ‘The energetic basis of the urban heat island’, que explica que el papel de los materiales de construcción es fundamental para comprender los procesos energéticos que generan la Isla de Calor Urbano.
En su concepción más reciente, las ‘Islas Urbanas de Calor Superficial (IUCS)’ describen un fenómeno en el que las áreas urbanizadas registran temperaturas más altas que sus alrededores rurales o naturales, sobre todo debido a la sustitución de la vegetación por concreto, asfalto, techos de metal y otras superficies impermeables que absorben y retienen energía y el calor durante el día.
En el Observatorio de Riesgo Urbano de la Florida State University en Panamá, junto a nuestros socios Metromapas y Esri Panamá, hemos querido estudiar este fenómeno de las ‘islas urbanas de calor superficial’ a partir del uso de imágenes de satélite Landsat de la NASA y tecnología geoespacial. Para esto hicimos una comparación de los promedios de temperatura superficial en la ciudad de Panamá, para dos períodos, de 2000 a 2006 y luego de 2019 a 2025.
Los hallazgos permiten confirmar que efectivamente, el planeta se calienta debido al cambio climático. Así que encontramos que aún en espacios sin intervención humana, como el Parque Nacional Soberanía, la temperatura superficial de estos bosques ha aumentado en 0.64° C durante los últimos 25 años. Pero lo más alarmante es la forma tan acelerada en que las temperaturas superficiales, -de calles, aceras, estacionamientos, paredes y techos de los barrios-, ha aumentado durante el mismo período.
Los barrios de la ciudad de Panamá han sufrido en promedio un aumento de 2.8°C en la temperatura entre los dos períodos de estudio. Entre los sectores con los mayores aumentos se encuentran Brisas del Golf, que tuvo un aumento de 6.37° C, pasando de 38.23°C (2000-2006) a 45°C (2019-2025); Don Bosco en donde el aumento fue de 4.16°C, pasando de 45.3°C (2000-2006) a 48.7°C (2019-2025) y, por último, la ciudad de la Salud y Merca Panamá donde la temperatura superficial a inicios de siglo, -cuando todavía era un campo de antenas-, era de 36.9°C (2000-2006) mientras que en la actualidad llega a 46.7°C (2019-2025).
El modelo urbano y su relación con las altas temperaturas de ‘la piel de la ciudad’
“Las ciudades de América Latina y el Caribe, -como las de gran parte del mundo-, tienen grandes áreas cubiertas casi por completo de concreto, asfalto y otros materiales que absorben el calor, con poca o ninguna vegetación”. Esa es la categórica afirmación del estudio ‘Inhabitable: enfrentando el calor urbano extremo en América’, publicado por el Banco Mundial (2025).
Resulta evidente que existe una urgencia por cambiar este modelo de urbanización, -basado casi exclusivamente en el uso del concreto, pavimento, ladrillo y zinc-, por uno que integre a la naturaleza como parte del entorno. Para lograr este cambio, es necesario realizar una revisión a la normativa de planificación, diseño y construcción urbana vigente, ya que es esta la estructura que moldea el tipo de ciudad que construimos.
Revisar instrumentos como los códigos de uso de suelo del Plan Local de Ordenamiento Territorial y las antiguas normas de zonificación del MIVIOT para la ciudad de Panamá, resulta la primera tarea a realizar. Estas disposiciones regulan aspectos como el tamaño de los lotes, el porcentaje máximo de ocupación construida, la separación entre viviendas y la dimensión mínima del espacio público, que son fundamentales para crear condiciones térmicamente confortables en las viviendas y el entorno urbanizado en general.
En la práctica, estas normas permiten desarrollar viviendas en lotes de apenas 80 m², en los que solo se dejan 16 m² de área verde, lo que es muchas veces insuficiente para permitir una adecuada ventilación. Mientras que las aceras de 1.2 metros de ancho que define la normativa para proyectos de vivienda social, resultan demasiado estrechas para incorporar arborización que permita mitigar las altas temperaturas durante el día.
En el caso del espacio público recreativo, es el Reglamento de urbanizaciones (1998, y su versión más reciente de 2020), el que establece el requerimiento de mantener espacios públicos abiertos con arborización y jardinería a razón de 9 a 10 m2 por vivienda. No obstante, en la práctica estos espacios públicos quedan muchas veces como espacios deportivos sin arborización.
Respecto a la materialidad de la vivienda, -componente fundamental en las elevadas temperaturas registradas mediante el análisis de Islas urbanas de calor superficial-, esta se encuentra regulada por el Reglamento Estructural Panameño 2021, el cual establece los criterios para la utilización de materiales como el concreto, acero estructural, y mampostería entre algunos otros.
Uno de los aspectos que marca de forma más contundente el proceso de construcción de los espacios urbanos se encuentra en la fase inicial de los proyectos, con el llamado permiso de movimiento de tierra. Es en este punto donde se materializa de forma más contundente esta idea que existe en el sector de la construcción de talar y aplanar los lotes para dejarlos como tabula rasa. Una forma de hacer y pensar que deja entrever con claridad que el entorno natural no hace parte del diseño de las ciudades en Panamá.
En todos los aspectos del diseño urbano y de vivienda que hemos abordado en este artículo, se requiere incorporar innovaciones que reglamenten y hagan mandatorio la incorporación de los aspectos de confort térmico en los distintos aspectos que aborda el diseño urbano, -tamaño de lotes, espaciamiento entre viviendas y orientación, arborización, paisajismo y espacio público-. Resulta también necesaria la investigación e implementación de nuevas materialidades, lo que, en su conjunto, debería promover la construcción de viviendas y urbanizaciones que ‘respiren’ y estén mejor adaptadas a un ambiente tropical que se hace cada vez menos confortable.
Consideramos que las tecnologías geoespaciales y la investigación en temas urbanos en general, ofrecen las herramientas y conocimiento necesario para definir una agenda que permita establecer, con base a datos y evidencia, una hoja de ruta hacia nuevas normas que permitan adecuar el modelo de ciudad actual a los retos y desafíos que presenta la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático. Visita la web del Observatorio de Riesgo Urbano para visualizar más información sobre el tema: https://riskobservatory.org/