“El miedo”, la noche que Ana pasó en la montaña por temor a una ola

Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
Por

  • 15/10/2026 15:58

“Uno nunca piensa encontrarse o vivir esta situación”, recuerda Ana Hurtado, de 25 años y madre de tres niños. Tras pasar una noche en la montaña por temor a una ola, la joven relata el miedo que sintió durante la emergencia en Torio y cómo cambió su manera de entender estas tragedias

Hay imágenes que uno mira desde la distancia sin imaginar que algún día podría vivir una situación parecida.

Se buscan fotografías, se reproducen videos y se intenta entender por qué algunas personas corren, por qué otras permanecen inmóviles o por qué nadie parece saber hacia dónde ir.

Ana Hurtado, de 25 años, solía buscar en YouTube fotografías y videos de terremotos ocurridos en Venezuela y Colombia. Quería ver qué había pasado, cómo quedaban los lugares afectados y qué encontraban los rescatistas entre los escombros. Observaba aquellas escenas e intentaba comprender las reacciones de quienes enfrentaban una tragedia.

No imaginaba que un día tendría que mirar el miedo desde el otro lado de la pantalla.

Madre de tres niños, Ana pasó una noche en la montaña después de la emergencia en Torio. La experiencia la enfrentó a una realidad que antes conocía a través de imágenes ajenas. Lo que observaba desde la distancia adquirió otro significado cuando le tocó vivir una situación de incertidumbre.

“Uno nunca piensa encontrarse o vivir esta situación”, dice durante la conversación.

No habla como científica ni intenta explicar técnicamente lo sucedido. Habla desde su experiencia, desde el recuerdo de aquellos momentos en los que el miedo alteró la tranquilidad y dejó poco espacio para pensar con claridad.

De los videos al miedo real

Antes de la emergencia, Ana buscaba en YouTube información visual sobre terremotos . Quería conocer qué había ocurrido y qué encontraban los equipos de rescate. Incluso después de un mes, recuerda, continuaba viendo videos relacionados con aquellos acontecimientos.

Una de las historias que encontró fue la de una persona que, según recuerda, los rescatistas encontraron con vida después de un largo periodo bajo los escombros.

Aquellas imágenes despertaban su curiosidad. Desde la distancia, podía preguntarse por qué algunas personas no corrían inmediatamente o por qué parecían quedarse paralizadas mientras ocurría el desastre.

Después de vivir su propia experiencia, entendió que el miedo no siempre permite reaccionar como alguien imagina desde afuera.

“Ese día que pasó eso, yo sentí lo que sintieron esas gentes en Venezuela. O sea, el miedo”, cuenta.

La comparación surge de una experiencia que cambió su manera de interpretar las imágenes que antes buscaba en internet. Lo que para una espectadora parecía una reacción difícil de entender, para alguien que enfrenta una emergencia puede convertirse en un instante de confusión.

“Uno ve y piensa: ‘¿Por qué no huyen?’, ‘¿por qué no hacen tal cosa?’. Pero eso es algo que, en el momento, uno ni piensa qué hace”, explica.

Ana recuerda el movimiento como una sensación difícil de describir. No necesita recurrir a palabras grandilocuentes para transmitir lo que sintió.

“Eso fue una sensación bien rara”, dice.

Una noche en la montaña

La emergencia llevó a Ana a pasar una noche en la montaña. Al día siguiente, el grupo bajó, según su relato. La experiencia la apartó temporalmente de su rutina y la enfrentó a la incertidumbre de no saber con exactitud cómo se desarrollarían las siguientes horas.

Ser madre de tres niños forma parte de su realidad cotidiana. La emergencia alteró esa cotidianidad y la obligó a afrontar una experiencia que antes solo conocía a través de fotografías y videos.

La conversación transcurre entre recuerdos y escenas cotidianas. Alrededor hay personas que hablan, niños y asuntos familiares. La emergencia convive con la necesidad de resolver lo inmediato, incluida la preocupación por la comida.

Después del miedo inicial, quedan otras inquietudes: dónde permanecer, cómo conseguir lo necesario y cuándo será posible recuperar la tranquilidad.

Ana no ofrece una explicación general sobre cómo debe actuar una persona durante un terremoto. Su relato tiene otro alcance: muestra la diferencia entre observar una catástrofe desde una pantalla y enfrentarse a una situación que altera la vida cotidiana.

La llamada de su madre desde Panamá

Mientras Ana conversaba con el periodista Ismael Gordón, su madre la llamó por videollamada desde Panamá.

La entrevista quedó interrumpida durante unos minutos. Ana contestó y comenzó a hablar con ella. Los recuerdos de la emergencia cedieron espacio a los saludos y a los asuntos cotidianos de la familia.

Su madre trabaja en una empresa de servicios de limpieza en Panamá. La llamada conectó por unos minutos dos realidades distintas: la jornada laboral de una mujer en la capital y la situación de su hija en Torio, después de la emergencia.

Al otro lado de la pantalla, la conversación siguió con naturalidad. Hubo preguntas, comentarios sobre los niños y momentos en los que Ana alternó entre la llamada y la entrevista.

La escena no necesitó dramatización. Una madre llamó a su hija y ella contestó. En medio de la incertidumbre, ambas mantuvieron el contacto a través de una pantalla.

Una experiencia que cambia la mirada

Ana tiene 25 años, es madre de tres niños y pasó una noche en la montaña tras la emergencia en Torio. Antes buscaba en YouTube fotografías y videos de terremotos para entender qué ocurría durante las tragedias. Ahora recuerda el miedo desde su propia experiencia.

“Uno nunca piensa encontrarse o vivir esta situación”, dice.

La frase resume el cambio entre aquella curiosidad por las historias de otros y la experiencia que le tocó vivir. Las imágenes que antes observaba desde lejos ahora tienen otro significado: detrás de cada persona que corre, se detiene o parece no encontrar una salida hay una situación que no siempre se comprende desde afuera.

Después de la emergencia, la vida cotidiana continúa entre las llamadas familiares, las responsabilidades y las necesidades que resolver. Pero la experiencia permanece en la memoria.

Ana ya no mira los terremotos únicamente como escenas que aparecen en YouTube. Ahora sabe que el miedo que muestran esas imágenes puede ser el de cualquiera.