El ‘sí’ del embajador Cabrera: una boda entre discreción, protocolo y expectativa
- 21/03/2026 21:25
La celebración, que incluyó música en vivo y un menú de alta gastronomía panameña, se llevó a cabo en la residencia de la embajada, atrayendo a invitados vestidos con elegancia y sofisticación.
Al filo de las 3:30 p.m., el paisaje apacible en los alrededores de la residencia de la Embajada de Estados Unidos en Panamá daba paso a la adrenalina que se iba asomando por el ambiente. Mientras por un lado llegaban los saloneros y los integrantes de la orquesta musical de la boda, poco a poco el operativo de seguridad se iba gestando tanto en el interior como en el exterior de la residencia para dar paso a uno de los eventos del año: la boda del embajador de Estados Unidos, Kevin Marino Cabrera, y la panameña Andrea Altamirano-Duque.
La expectación no se hizo esperar, aunque para los vecinos del área —quienes se encontraban paseando a sus mascotas o haciendo ejercicio al aire libre— la escena les era indiferente. Ello, a pesar de que se llegaban a escuchar desde afuera de la residencia las pruebas de sonido, cuyos ensayos se caracterizaron por la reproducción de temas de rock como Rumours de Fleetwood Mac y Persiana Americana de Soda Stereo.
Entre las 3:30 p.m. y las 4:00 p.m., comenzaron a llegar los invitados a la boda, como familiares y amigos de los novios, quienes tuvieron que pasar previamente un doble filtro de seguridad: por un lado, la verificación en la lista de invitados y, por el otro, un control con detector de metales instalado en una tolda blanca próxima a una de las entradas laterales de la residencia.
No fue hasta las 4:30 p.m. cuando llegaron otros invitados de mayor perfil, como el alcalde capitalino Mayer Mizrachi —a bordo de su auto Tesla— y otros funcionarios de peso, como el ministro de Seguridad, Frank Abrego, y el contralor de la República, Anel ‘Bolo’ Flores.
Cuando el reloj marcó las 5:00 p.m., un equipo periodístico de La Estrella de Panamá pudo detectar la presencia del presidente de la República, José Raúl Mulino, y la primera dama, Maricel Cohen de Mulino. Su llegada fue antecedida por oficiales del Servicio de Protección Institucional (SPI) y otros miembros de los cuerpos de seguridad, quienes vigilaban el perímetro a bordo de motocicletas.
El equipo periodístico, apostado a las afueras de la residencia oficial del embajador estadounidense, pudo observar cómo poco a poco se fue componiendo la celebración, la cual se desarrolló al aire libre en el patio de la residencia. Desde el exterior también se apreciaba la puerta central preparada para recibir a los invitados.
Aunque algunos llegaban más tarde que temprano, varios invitados se mostraron joviales con los guardias de seguridad, quejándose entre risas de lo estrictos protocolos de seguridad.
Los asistentes tuvieron la oportunidad de acudir a un evento exclusivo, organizado por Carlos Mastellari, cuyo lenguaje estético —sobrio, preciso y evocador— prometía una puesta en escena donde la tradición y la sofisticación dialogaban con naturalidad.
Por otro lado, la reconocida chef Cuquita Arias de Calvo concibió un menú selecto de alta gastronomía, que rindió homenaje a los sabores panameños con ingredientes locales elevados a una experiencia culinaria refinada.
A las 6:00 p.m. comenzó la música en vivo, con tonadas de canciones cubanas como Guantanamera. A eso de las 6:05 p.m., La Estrella de Panamá captó el momento en que el embajador Cabrera saludaba a los invitados. Más tarde en la noche se presentó el icónico dúo de música típica Samy y Sandra Sandoval.
¿Cómo iban vestidos los invitados?
Los invitados acudieron en sus mejores galas. Las damas optaron por vestidos tipo cóctel, con una combinación de tonos sobrios como el azul y el negro, y otros más llamativos en colores pastel como el amarillo. Incluso, una de las asistentes destacó con un vestido azul de lentejuelas.
Por su parte, los caballeros apostaron por una paleta en sintonía con el entorno natural del lugar, con tonos como azul marino, caqui, gris y blanco. La mayoría prescindió de la corbata, en línea con las tendencias actuales de la moda masculina, que permiten mayor flexibilidad en eventos sociales como bodas.