Entre la celebración y el riesgo: la otra cara de los carnavales
- 16/02/2026 00:00
El doctor Orlando Quintero, director ejecutivo de la Fundación Provisida, asegura que no es casualidad que cada año, en esta temporada, se intensifiquen las campañas de prevención del VIH.
Los carnavales funcionan como un paréntesis colectivo: cuatro días para salir de la rutina, viajar al interior, reencontrarse con amigos y entregarse a la música, el agua y las costumbres. Bajo el sol del mediodía, miles de personas saltan entre cisternas, murgas y tunas, sin embargo, dentro de esta celebración otro paradigma se instala: las decisiones que ocurren durante la fiesta.
Mientras la música sube y el alcohol circula, también aumentan los riesgos.
El doctor Orlando Quintero, director ejecutivo de la Fundación Provisida, asegura que no es casualidad que cada año, en esta temporada, se intensifiquen las campañas de prevención del VIH.
“Desde ahora, todo el mundo está en modo carnaval, y ese ship de los carnavales básicamente es, voy a pasar cuatro días divirtiéndome, viviendo lo que no he vivido por lo menos en el resto del año” señala. El problema, insiste, no es la fiesta. Son los excesos.
“Parte de lo que sucede son los excesos. Claro está, no todos entran en exceso, pero un porcentaje alto llega a los excesos. Hay un gran consumo de alcohol, también de drogas, y el ship también que tienen de que voy a vivir la vida loca, vamos a hablarlo así, ahí es un desenfreno total”, dice.
En medio de largas jornadas de fiesta, calor, cansancio y desinhibición, aumentan los encuentros sexuales casuales. Quintero advierte que muchas de estas relaciones ocurren sin protección.
“Cuando ya te pasas en alcohol, quedas borracho, puede suceder un montón de cosas. Tener una relación sexual, sin pensarlo te acuestas con alguien que ni conoces y tienen una relación sin ningún tipo de protección”, explica.
El riesgo sanitario señala es inmediato. En un solo contacto pueden transmitirse infecciones como clamidia, gonorrea, sífilis y VIH, además de producirse embarazos no planificados. “Puede ser una clamidia, una gonorrea, una sífilis que está aumentando brutalmente, y también un VIH (..) por otro lado un embarazo, pero si estás embarazada y quedas infectada con una sífilis, la posibilidad de una sífilis congénita, de transmitirle la sífilis al niño es grande”, dice.
El especialista recalca que el problema no radica en la celebración, sino en la ausencia de prevención.
“No existe una cultura constante del uso del preservativo”, afirma.
El consumo elevado de alcohol, y en ocasiones de drogas, reduce la percepción de riesgo. Las relaciones sexuales con personas recién conocidas, frecuentemente sin protección, se vuelven más probables.
El VIH, no obstante, presenta una particularidad: es una condición crónica sin cura y con tratamiento permanente. “El VIH no se cura como todas las otras, clamidias, sífilis, tú le das un tratamiento, pero el VIH es un tratamiento de por vida”.
Uno de los factores que más preocupa a las organizaciones de salud es que el VIH puede permanecer durante años sin síntomas visibles. La persona infectada puede continuar su vida cotidiana y transmitir el virus sin saberlo.
“El VIH permanece 3, 5, 10 y en algunos casos hasta 15 años sin ningún solo signo o síntoma que diga que estás infectado con el virus. Lo único que puede determinar si estás infectado es la prueba de VIH ”, advierte Quintero.
El virus puede permanecer entre tres y hasta quince años sin manifestaciones clínicas evidentes. En Panamá se estima que unas 31 mil personas viven con VIH, un porcentaje importante desconoce su condición, lo que mantiene activa la cadena de transmisión. Según Quientero para 2024 se registró una cifra de 1,875 para personas con VIH y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), entre el VIH y Sida el rango de edad es 20-29 años.
Si ocurre una relación sexual sin protección, todavía existe una medida de emergencia. Se trata de la profilaxis post exposición (PEP), un tratamiento antirretroviral que puede evitar la infección si se administra dentro de las primeras 72 horas, idealmente en las primeras 24.
“Lo ideal sería tomarlo en las primeras 6 horas post-exposición. De 6 a las primeras 24 horas es más efectivo. Mientras más temprano sea la toma del medicamento post-exposición, es decir, post-tener una relación sexual”, explica el médico. Después de ese tiempo, el medicamento pierde efectividad.
Quintero destaca que el diagnóstico oportuno no solo protege la salud del paciente, sino que detiene la transmisión, pero sobre todo hace el llamado a la °conciencia de riesgo”.
“En todos los actos de nuestra vida. En la medida que nosotros asumamos una conciencia de riesgo, ya sabemos las consecuencias. ¿Por qué? porque sabemos qué es lo que tenemos que evitar para evitar el riesgo de quedar, en este caso, infectado con VIH”, señala.
Para el especialista, la prevención no depende únicamente de las campañas. Depende de la conciencia personal. Recomienda el uso constante del preservativo incluso con personas conocidas, ya que conocer socialmente a alguien no implica conocer su estado serológico, y una prueba antigua no garantiza ausencia de infección reciente. “La protección es tu decisión”, resume.
Las campañas durante carnavales buscan recordar que la diversión no es incompatible con la responsabilidad. Informar, prevenir y asumir conciencia de riesgo continúan siendo las principales herramientas para evitar que una celebración de pocos días genere consecuencias permanentes en la salud. En carnavales la prioridad suele ser la diversión, pero la evidencia sanitaria demuestra que también es un periodo donde aumentan las conductas de riesgo y, con ellas, las infecciones de transmisión sexual, los embarazos no planificados, y otras consecuencias prevenibles.
La celebración no representa el problema en sí misma; lo determinante son las decisiones que se toman durante esos días. Mantener conciencia de riesgo, usar protección y buscar atención inmediata ante una exposición son acciones que permiten disfrutar sin comprometer la salud. Al final, la diferencia entre un recuerdo y una consecuencia permanente depende de la responsabilidad individual con la que se viva la fiesta.