Falla de Azuero-Soná: miden daños para evaluar el riesgo sísmico
- 15/10/2026 11:00
Las investigaciones de campo tras el sismo de magnitud 7.7 del viernes 9 de octubre de 2026 podrían determinar si Panamá debe modificar sus parámetros de amenaza sísmica. Plantean evaluar las viviendas, reforzar las inspecciones y verificar el cumplimiento de las normas de construcción vigentes
El terremoto que sacudió a Panamá el viernes 9 de octubre, a las 12:56 p. m., abrió interrogantes sobre la vulnerabilidad de las edificaciones, la preparación del país ante eventos sísmicos y la necesidad de revisar los parámetros de seguridad en la construcción.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ubicó el movimiento telurico en 7.7 de magnitud, referencia internacional que Luis Alejandro Pinzón Ureña, director de Investigación de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA) y especialista en ingeniería sismológica, toma como referencia para analizar las consecuencias del movimiento telúrico. En esta entrevista con La Estrella de Panamá, Pinzón explica los hallazgos preliminares de las inspecciones en la falla de Azuero-Soná, los daños observados en las edificaciones y los estudios que podrían ayudar a determinar si Panamá necesita revisar sus parámetros de amenaza sísmica.
Tomamos la iniciativa de realizar un levantamiento de los daños estructurales y llegar lo más cerca posible de la falla de Azuero-Soná para identificar desplazamientos del terreno y diferencias de nivel. El objetivo era documentar lo ocurrido y recopilar información que ayudara a comprender distintos parámetros relacionados con el terremoto.
Obtuvimos muestras para realizar análisis granulométricos de los suelos y medimos el ancho, la profundidad y los desniveles en Búcaro de Tonosí. Identificamos aberturas de entre 0.6 y un metro, según el sector, y desniveles de entre uno y dos metros. También vimos calles que quedaron desplazadas un metro o 1.5 metros.
Para la inspección empleamos dos días, visitando diversos puntos para recolectar pruebas y evidencias que la lluvia podría haber borrado. Sin embargo, no logramos llegar a Cañas, por lo que planeamos regresar para profundizar y ampliar la investigación. La falla de Azuero-Soná ha generado dos terremotos relativamente recientes: uno en 1913 de magnitud 7 y otro en 1883 de magnitud similar. Al analizar el registro histórico, los datos indican que esta falla genera sismos con una liberación de energía considerable.
Nos ayudan a comprender parámetros relevantes para la toma de decisiones, mejorar la evaluación de la amenaza sísmica nacional y revisar las normas sismorresistentes. Las mediciones de campo, junto con los registros de aceleración de los sensores de la USMA, la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) y la Universidad de Panamá (UP), permitirán realizar evaluaciones posteriores.
Probablemente, en unos dos meses podamos tener información que nos ayude a determinar si debemos modificar los parámetros del Reglamento Estructural de Panamá (REP), realizar un estudio completamente nuevo para todo el país o confirmar si los valores actuales se ajustan a la realidad. Debemos esperar los resultados de la investigación antes de tomar una decisión.
El Reglamento Estructural considera la amenaza sísmica con base en un estudio desarrollado a partir del proyecto de ampliación del Canal de Panamá. Fue un trabajo detallado que incluyó investigaciones paleosismológicas y permitió identificar fallas en zonas aledañas al Canal. También se consideró la falla de Azuero-Soná, que produjo el terremoto del 9 de octubre.
Los registros que hemos obtenido, al igual que los de otros investigadores, muestran valores muy cercanos a los que se habían estimado para la amenaza sísmica del país.
Siempre ha existido la percepción de que Panamá no es un país sísmico, de que aquí no tiembla y de que las recomendaciones de las normas eran demasiado exigentes. Puedo entender esa percepción porque muchas de las personas que vivimos aquí no habíamos experimentado un evento de esta magnitud.
Se suele considerar que la frontera entre Panamá y Costa Rica es la zona donde más tiembla y que el resto del país tiene menos actividad. Sin embargo, debemos comprender que los riesgos existen y aprender a mitigarlos antes de que ocurran los desastres.
En nuestros mapas actuales de amenaza se consideran dichos niveles de aceleración. Es fundamental aprender a mitigar los riesgos antes de que ocurran las emergencias y no esperar a ver cómo se solventa la situación.
Existe esa posibilidad, pero no significa que necesariamente vaya a ocurrir. Si hay fallas acopladas y se produce una alteración, podría generarse una reacción y liberarse energía en esas fallas específicas. Sin embargo, no es algo común y la probabilidad es muy baja.
Pueden durar semanas. Para el momento de nuestras declaraciones, se registraban más de 400 como consecuencia del terremoto principal. Esperamos que la cantidad diaria disminuya, aunque eso no descarta que todavía se produzcan réplicas de magnitud elevada.
El comportamiento de las réplicas dependerá del tiempo que le tome a la falla terminar de reacomodarse. La probabilidad de que ocurra un sismo secundario con magnitud superior a 6 es del 25%. A modo de referencia internacional, eventos en países como Venezuela han generado miles de réplicas.
Observamos daños y colapsos en edificaciones que no estaban ajustadas a las normas o a las exigencias establecidas. En muchas construcciones de mampostería encontramos bloques colocados uno encima del otro, sin los refuerzos, las columnas ni las vigas de amarre necesarias.
Ese tipo de estructura puede colapsar con facilidad ante un movimiento lateral. También encontramos colapsos parciales, daños en fachadas y afectaciones en torres y campanarios de iglesias. En muchas edificaciones, los elementos estructurales permanecieron en pie, mientras que los no estructurales sufrieron daños.
Me sorprendió encontrar muchas casas de quincha que seguían en pie. Tradicionalmente, se ha considerado que es un material débil y frágil, pero vimos viviendas que permanecieron levantadas.
También observamos daños importantes en construcciones de bloques sin refuerzo. Estas experiencias merecen estudiarse; no podemos concluir, solo a partir de lo observado, que un sistema constructivo sea siempre más resistente que otro.
El suelo de la zona es una arcilla rojiza y bastante blanda. Me llamó la atención que algunas viviendas no sufrieran daños mientras otras presentaban afectaciones importantes. Existe la posibilidad de que las características del suelo y las condiciones particulares de cada sector hayan influido en el comportamiento de las estructuras.
También es posible que las condiciones dinámicas del terreno, al tratarse de un suelo blando, hayan contribuido a la estabilidad de la estructura, reduciendo la posibilidad de amplificar su respuesta ante el evento. Hubo casos en los que, debido a la extrema rigidez de la estructura, esta osciló sobre el terreno.
Es una hipótesis que debemos estudiar más a fondo. Las muestras que recogimos permitirán realizar evaluaciones posteriores.
En el edificio de la Gobernación en Penonomé (provincia de Coclé), por ejemplo, colapsaron las paredes de los dos laterales, pero la estructura quedó en pie. Parecía que las fachadas no tenían los refuerzos verticales ni las vigas de amarre necesarios.
En la ciudad de Panamá también he recibido fotografías de fisuras en juntas, techos y conexiones con elementos estructurales. Son daños en elementos no estructurales que pueden producirse cuando un edificio se desplaza. Una posibilidad para reducirlos es independizar adecuadamente las paredes de los elementos estructurales.
El Reglamento Estructural de Panamá incluye una sección con indicaciones para construir viviendas unifamiliares. Si se sigue estrictamente lo que establece la normativa, es probable que muchas de las viviendas afectadas hubieran permanecido en pie.
La normativa es nacional. Incluso para construir una vivienda pequeña deben considerarse los requisitos correspondientes, los planos aprobados por el municipio y las condiciones para obtener el permiso de construcción.
Actualmente existe un control que no necesariamente es el mejor. Cuando se solicita un permiso de construcción, debe realizarse una revisión y demostrarse que la obra cumple con la normativa. Es un asunto que debemos evaluar para mejorar la seguridad de las edificaciones.
Debemos enfocarnos en las estructuras que tienen que permanecer operativas después de este evento sísmico y que son importantes para el país, como hospitales, clínicas, aeropuertos, albergues y colegios. Necesitamos asegurarnos de que cumplan la normativa actual y puedan soportar un evento contemplado dentro de ella.
Existen inventarios específicos de algunas edificaciones antiguas, pero no necesariamente tienen como propósito evaluar si cumplen los estándares actuales de seguridad sísmica. Esa es una necesidad nacional.
Es posible que los mapas se adapten, pero debemos esperar los resultados finales. Queremos ampliar el análisis con especialistas en geotecnia y geofísica, realizar mediciones más profundas y estudiar la forma de la falla. Esta información también puede contribuir a mejorar las leyes de atenuación y evaluar su potencial sísmico.
Según los estudios a los que me refiero, esa falla tiene un periodo de recurrencia de terremotos de entre 500 y 600 años, y se han atribuido tres terremotos a ella. El último habría ocurrido en 1621. También se ha señalado que tiene potencial para generar un terremoto de magnitud superior a 7 y que se encuentra a unos 10 kilómetros de la ciudad de Panamá.
Debemos estar preparados para ese escenario. Los mapas de diseño buscan aproximarse lo más posible a la realidad para que las estructuras sean seguras, siempre que se cumpla la normativa.
En la ciudad de Panamá debemos comprender que no basta con pensar que nuestros ingenieros y arquitectos son los mejores. Lo que se vivió en la capital fue diferente de lo que ocurrió cerca del epicentro en Bucaró, Tonosí. Si se produce un terremoto cerca de la ciudad, ese evento pondrá realmente a prueba nuestras estructuras.
Tenemos que aprender de lo ocurrido y reducir los daños que pueden producirse en el futuro.
Es un dilema importante por la dimensión cultural de estas viviendas y la necesidad de garantizar la seguridad. Si se quiere construir una casa de quincha, el material debe evaluarse mediante los laboratorios correspondientes de la UTP y, a partir de esos resultados, elaborar un diseño sismorresistente.
Es posible hacerlo, aunque resulta complejo si se utiliza la quincha bajo los métodos constructivos tradicionales actuales. No se trata de eliminar la tradición, sino de evaluar mecanismos para garantizar la seguridad de esas estructuras, tomando en cuenta que varias viviendas de quincha lograron mantenerse en pie tras el sismo.
Necesitamos aprender de lo ocurrido. Hay personas que todavía buscan cómo regresar a sus casas o encontrar un lugar donde vivir. Algunas permanecen en tiendas de campaña y la situación es delicada.
La investigación debe ayudarnos a comprender los daños, mejorar las decisiones y reducir los riesgos. Estos eventos pueden repetirse, pero debemos aprender a disminuir su impacto.