Joel, el niño que levantó la bandera panameña en medio de su hogar temporal

Joel Godoy, de 10 años, muestra la bandera panameña que colocó en un palo de madera en la cancha de La Trinchera, donde permanece junto a su abuela. Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
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  • 08/11/2026 17:53

Con 10 años, Joel Godoy encontró en un palo de madera y una bandera nacional una manera de celebrar a Panamá. Oriundo de Darién, vive con su abuela y durante los últimos 30 días permanece en la cancha multipropósito de La Trinchera, donde varias familias enfrentan las dificultades de vivir en refugios temporales

Un palo de madera clavado en el suelo sostiene una pequeña bandera panameña, amarrada con una soga. A su lado está Joel Godoy, un niño de 10 años que mira directamente a la cámara. Detrás de él, una gran carpa de lona beige y los árboles frondosos completan el paisaje de La Trinchera.

Joel improvisó un asta para colocar la bandera panameña en medio del espacio que durante el último mes se convirtió en su hogar.
Entre carpas y espacios improvisados, el fútbol sigue siendo parte de los días de Joel, quien encuentra en el juego una forma de conservar su infancia.

No es una plaza pública ni el patio de una escuela. Es parte del entorno donde Joel pasa sus días y donde, durante los últimos 30 días, la cancha multipropósito de la comunidad también se convirtió en su hogar.

Oriundo de Darién, Joel vive con su abuela. En medio de las circunstancias que atraviesan las familias de esta comunidad, encontró una manera particular de celebrar las fiestas patrias.

La historia de su bandera comenzó mientras caminaba por el lugar. Cerca de unas porterías donde acostumbraba jugar fútbol encontró el pabellón nacional. Buscó un palo y unas hojas para improvisar un asta y colocar la bandera.

Cuando le preguntaron qué había hecho, respondió con la espontaneidad de sus 10 años: ‘Porque yo conquisté Panamá’.

La frase resume la imaginación de un niño que, pese a las circunstancias, encuentra motivos para celebrar. Para Joel, las fiestas patrias son días felices, especialmente porque representan una celebración para los niños.

‘A mí me gusta porque también a nosotros nos dan regalos, nos dan golosinas, todo eso nos dan’, contó.

Pero el escenario que rodea sus juegos también muestra otra realidad.

Una gran carpa de campaña, sostenida por una estructura metálica, alberga camas improvisadas sobre tarimas de madera. Los colchones, las sábanas y las almohadas ocupan el espacio donde las familias encuentran descanso. Un ventilador de pie intenta hacer más llevadera la permanencia en el refugio.

En otro punto, bajo una estructura cubierta con zinc y ramas, varias mujeres organizan los alimentos. Una cocina en una estufa portátil, mientras otras conversan junto a una mesa de madera repleta de víveres, paquetes de comida y botellas. Al fondo, una carpa azul completa el paisaje de este espacio de convivencia y asistencia.

En medio de ese entorno, los niños intentan mantener sus rutinas. Un balón de fútbol basta para convertir un terreno de tierra y hierba en un pequeño campo de juego. La gran carpa beige permanece detrás, como parte inseparable del paisaje cotidiano.

Joel no es ajeno a lo que ocurre a su alrededor. Aunque asegura que su vivienda está bien, le entristece ver a otras familias sin casa.

«Me da tristeza ver a la gente por acá sin casa. En total, la casa es pérdida total», expresó.

La situación de sus vecinos también lo afecta. Aun así, no pierde el cariño por su comunidad. «La Trinchera para mí es un lugar bonito», afirmó.

La iglesia se convierte en un espacio de formación y convivencia para los niños de La Trinchera.
Las carpas instaladas en La Trinchera sirven de refugio temporal para familias de la comunidad, entre ellas la de Joel Godoy.
La cancha multipropósito de La Trinchera se convirtió en un espacio de refugio para familias de la comunidad.

Antes de terminar la conversación, Joel quiso dedicar unas palabras a las personas que llegan para brindar apoyo a las familias, especialmente a quienes llevan alimentos.

«Muchas gracias, que nos han traído comida para sobrevivir estos últimos meses del año. Les mando un saludo y que vean que los quiero mucho», manifestó.

En La Trinchera, entre carpas, camas improvisadas y alimentos compartidos, Joel conserva una parte esencial de su infancia: la posibilidad de jugar, imaginar y celebrar.

Su bandera no tiene un asta de metal ni está instalada en una plaza. Es un palo de madera clavado en el suelo de una cancha comunitaria. Pero para él representa una conquista propia.

Una conquista que, a sus 10 años, decidió resumir en cuatro palabras: «Yo conquisté Panamá».