La historia de Suribeth Cortez: los sueños de una joven que sobrevivió bajo los escombros en Los Santos

Suribeth Cortez, de 22 años, permanece hospitalizada tras resultar herida cuando una pared de su vivienda colapsó durante el terremoto. Cedida
  • 14/10/2026 00:00

Sueña con ser actriz, escribir novelas y llegar a la universidad. El terremoto del 9 de octubre la dejó atrapada bajo una pared en Macaracas. Su tía la llevó al hospital sin saber si sobreviviría. Hoy, mientras se recupera de sus graves lesiones, su familia enfrenta otra tragedia: se quedó sin casa y depende de la solidaridad para salir adelante

Suribeth Cortez sueña con ser actriz. Quiere escribir novelas, llenar cuadernos con sus historias y llegar algún día a la universidad. Le gusta la tecnología y graba videos para redes sociales. En casa, según recuerda su tía Gumercinda Atencio, habla de sus planes como quien tiene una vida entera por delante.

Quizás estaba escribiendo o pensando en alguna de las historias que sueña contar. Su familia no sabe con certeza qué hacía en el momento exacto en que comenzó a sacudirse la tierra, pero recuerda que estaba en la sala comiendo antes de entrar a su habitación.

Eran cerca de las 12:56 p.m. del 9 de octubre, y en El Pájaro, una comunidad del distrito de Macaracas, provincia de Los Santos, la tarde estaba a punto de convertirse en una pesadilla.

Un terremoto de magnitud 7,5 que, según las cifras oficiales divulgadas ayer, dejó más de 11 mil damnificados y más de 2 mil viviendas afectadas.

La tierra se movió y la casa comenzó a estremecerse. Las paredes se agrietaron y se vinieron abajo, una tras otra, como galletas que se quiebran entre los dedos. En medio del derrumbe, Suribeth, de 22 años, intentó salir. Una pared cayó sobre ella y la dejó atrapada entre los escombros.

Su cuerpo ya conocía las dificultades para moverse. Nació con una condición que afectaba su movilidad, especialmente del lado izquierdo, y comenzó a caminar a los cinco años después de recibir terapias. Aquella tarde, mientras la estructura de la vivienda se desplomaba, escapar no era tan sencillo para ella.

Afuera, su tía Gumercinda intentaba poner a salvo a su madre, la abuela de Suribeth, una adulta mayor a quien le falta una pierna y que utiliza silla de ruedas. En medio del terremoto, una viga cayó sobre el brazo de la mujer y la dejó lesionada. Mientras Gumercinda intentaba ayudarla, alcanzó a ver a Suribeth acercándose a la salida.

“Venía Suri saliendo y yo le gritaba”, recuerda. Después, entre el polvo y los restos de la casa, comenzó otra lucha: encontrarla con vida.

Suribeth sueña con convertirse en actriz y escritora.
Una infancia de cuidados y sueños

La historia de Suribeth también es la de una familia que buscó durante años la manera de ayudarla a estudiar, caminar y desarrollar sus capacidades. Según contó Gumercinda, su condición de nacimiento afectaba su movilidad. Las terapias formaron parte de su infancia y, a los cinco años, consiguió dar sus primeros pasos.

Su madre murió cuando ella tenía seis años. Desde entonces, su abuela asumió gran parte de su cuidado y buscó alternativas para que pudiera continuar estudiando. Más adelante, Suribeth vivió con Gumercinda, quien terminó convirtiéndose en una de sus principales cuidadoras.

Llevarla a clases exigía organización, tiempo y esfuerzo. Gumercinda relató que viajaba dos veces por semana desde El Pájaro hasta Las Tablas para que su sobrina pudiera asistir al Instituto Profesional y Técnico.

Suribeth, por su parte, seguía buscando formas de aprender y acercarse a sus metas. Tomó un curso virtual de neuromarketing y conversaba con su tía sobre la posibilidad de completar el bachillerato en una escuela nocturna para después aspirar a la universidad.

Gumercinda estudió para ser docente y quería ayudarla a dar ese siguiente paso. Pero las conversaciones entre ambas no se limitaban a las clases o al futuro académico. También hablaban de cine, libros y de las historias que Suribeth quería contar.

“Ella sueña con ser actriz, escritora”, evocó su tía.

La joven escribe en un cuaderno y habla de crear una novela. Gumercinda le ha propuesto, varias veces, que, si algún día logra escribir una historia, también podrá dirigirla en la pantalla grande. En esas conversaciones, siempre hay proyectos que todavía no han comenzado, pero que ya ocupaban un lugar importante en la vida de Suribeth.

La relación entre ambas va más allá del parentesco. “Yo pienso en mis hijos porque son mis hijos, pero también pienso, oye, es como mi hija, no nació de mí, pero es como mi hija”, expresó -con un tono de voz dulce- Gumercinda al hablar de la responsabilidad que siente por su sobrina.

También recordó, que en sus charlas, siempre salta el futuro laboral de Suribeth. “Yo siempre le digo que, si conseguía un nombramiento como maestra, quiero acompañarla”, contó a este diario. Si el trabajo la llevaba a un lugar donde no pudiera estar con ella, le pedía que la dejara en una casa donde alguien pudiera cuidarla.

Son planes que la familia intentaba concretar cuando el terremoto interrumpió la vida que conocían.

Los escombros de la vivienda de Suribeth Cortez, en El Pájaro, Macaracas.
“Que me la traigan viva”

Después del derrumbe, familiares y vecinos comenzaron a retirar los restos de la vivienda. Buscaron entre las paredes caídas hasta encontrar a Suribeth. La hallaron inconsciente.

La subieron al automóvil familiar. Gumercinda se puso al volante y emprendió el camino hacia el hospital de Macaracas. En el trayecto, no dejaba de hablarle. Necesitaba creer que su sobrina todavía podía escucharla. “Yo le decía a Suri: Por favor, Suri, no te duermas. Suri, voy aquí, te voy a llevar al hospital”, relató.

En un momento, Suribeth dejó de quejarse. El silencio hizo que Gumercinda pensara que había muerto. Pero volvió a mirarla y observó que su abdomen todavía subía y bajaba. Seguía respirando.

El miedo no desapareció, pero había algo por lo que continuar: llegar a tiempo al hospital.

Suribeth recibió los primeros auxilios en Macaracas y después fue trasladada a otros centros médicos. Por la gravedad de sus lesiones, finalmente fue llevada por vía aérea a la ciudad de Panamá.

Durante el rescate, Gumercinda se aferró a una petición que todavía recuerda: “Si me la tienes que traer en una silla de ruedas, tráela, pero viva”.

No estaba pensando en los estudios pendientes, en la novela que su sobrina quería escribir ni en los planes que habían conversado. En ese momento, lo único que quería era que Suribeth sobreviviera.

La espera en el hospital

Suribeth fue sometida a una cirugía en la cabeza y permaneció intubada en cuidados intensivos durante dos días.

El ministro de Salud, Fernando Boyd Galindo, informó que la joven sufrió un trauma craneoencefálico y un trauma abdominal cerrado. También señaló que el equipo médico intervino para evaluar su condición después de que se registrara una disminución de la hemoglobina.

El gobierno confirmó que Suribeth era la primera herida gravemente tras el terremoto.

El 13 de octubre, su tía Ana Atencio, quien se encontraba en la Ciudad de la Salud acompañando a la abuela de Suribeth, comunicó que la joven evolucionaba favorablemente y respondía al tratamiento. La abuela también había resultado lesionada durante el terremoto, luego de que una viga le cayera sobre un brazo.

“Hasta el momento lo que hemos sabido es que está evolucionando bien, está respondiendo al tratamiento y, pues, esperando en Dios que se recupere pronto”, expresó Ana. Esperaba recibir más información sobre su estado durante la tarde del martes 13 de octubre, cuatro días después del desastre.

La familia aguarda noticias sobre su evolución y los cuidados que podría necesitar después de salir del hospital. Cada actualización médica es importante para quienes, desde aquella madrugada, intentaban acostumbrarse a una realidad que había cambiado en cuestión de segundos.

Pero la preocupación no terminaba en el hospital. Mientras esperaban por Suribeth, también tenían que pensar dónde vivir, cómo cubrir los gastos básicos y cómo atender las necesidades de una familia que había perdido su casa.

La familia de Suribeth espera su recuperación mientras enfrenta la pérdida de su hogar.
Empezar de nuevo: sin una casa

El terremoto dejó a la familia sin la vivienda en la que residían en El Pájaro y sin buena parte de sus pertenencias. Gumercinda contó que las prendas que tienen ahora han sido donadas y que algunos familiares les han brindado apoyo.

También deben atender las necesidades de su madre, quien requiere cuidados y citas médicas. A esto se suman las atenciones que Suribeth podría necesitar durante su recuperación, incluidas terapias y consultas de seguimiento.

Gumercinda dijo que necesitan una cama, colchones y una silla de ruedas para atender las necesidades de su sobrina. Le preocupa, además, el sustento del hogar: su esposo es quien mantiene económicamente a la familia y recibe un salario mínimo.

Ella estudió para ser docente y esperaba conseguir un nombramiento que le permitiera mejorar las condiciones de vida de sus hijos y de Suribeth. Aseguró que había solicitado oportunidades laborales, pero que no había recibido respuesta.

Antes del terremoto, la familia también había buscado apoyo para mejorar las condiciones de vivienda de su madre. Según Gumercinda, recibió materiales para construir una cocina, pero la obra no llegó a concretarse.

Ahora, la urgencia es otra. La familia se ha quedado temporalmente en espacios prestados y ha pasado algunas noches en el portal de una vivienda de familiares. Después de ver cómo su casa se desplomaba, todavía siente temor de dormir bajo techo.

Gumercinda manifestó que, el apoyo recibido provenía de personas particulares. También dijo que necesitaban que se evaluara su situación habitacional y se tomaran en cuenta las necesidades de quienes requieren asistencia para movilizarse.

A sus 22 años, Suribeth todavía tiene pendiente terminar sus estudios, llegar a la universidad y acercarse a los sueños que compartía con su tía. Su cuaderno, sus planes de escribir y la posibilidad de convertirse en actriz forman parte de una vida que la familia espera volver a ver avanzar.

Por ahora, la espera ocurre en un hospital, lejos de la casa que conocía. En El Pájaro quedaron las paredes caídas y las pertenencias que el terremoto destruyó. Para su familia, queda la esperanza de que Suribeth se recupere y pueda retomar, paso a paso, los proyectos que todavía tiene por delante.

La familia recibe donaciones a través de Yappy, al número 6338-9032, a nombre de Daniel Mudarra, tío de Suribeth. También necesita sillas de ruedas para Suribeth y su abuela, camas, ropa, artículos de limpieza y alimentos.