María Fernanda Espinosa: ‘Vivimos en un mundo en llamas , pero aún hay espacio para la paz’
- 14/09/2026 00:00
La excanciller de Ecuador y aspirante a la Secretaría General de la ONU conversó en exclusiva con La Estrella de Panamá sobre la crisis del organismo y los desafíos frente a la descomposición del orden internacional.
El mundo atraviesa un momento político duro: guerras, polarización, debilitamiento del multilateralismo y una creciente dificultad para alcanzar acuerdos entre las grandes potencias. Un aparente momento de transición geopolítica que, a juicio de la excanciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa, también abre oportunidades para construir un sistema internacional donde podría haber espacio para la paz.
“Vivimos en un mundo realmente en llamas”, reconoce Espinosa, también exministra de Defensa de su país, quien aspira a convertirse en la primera mujer en ocupar la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, frente a ese panorama, su apuesta no es abandonar el multilateralismo, sino que este organismo recupere su presencia y sea un espacio para dilucidar los conflictos por vía de la política.
“La Organización de las Naciones Unidas ha perdido un poco de credibilidad, de presencia, de ser vista en primera plana como aquella organización que previene y resuelve los conflictos”, sostiene la diplomática en esta entrevista exclusiva para La Estrella de Panamá.
Espinosa plantea tres grandes prioridades para una eventual gestión al frente de la organización. La primera es construir una “verdadera cultura de prevención de conflictos y crisis”. En su opinión, la ONU suele llegar cuando las crisis ya han escalado y la población civil ha sufrido sus consecuencias. Su propuesta es fortalecer los sistemas de alerta temprana para que permitan actuar antes de que los conflictos desemboquen en situaciones humanitarias de gran magnitud.
La segunda prioridad, subraya, es recuperar la mediación como una herramienta central de la organización. Ante un mundo cada vez más marcado por guerras y enfrentamientos, con frentes abiertos en Europa Oriental por la guerra en Ucrania, el reciente conflicto en el Golfo Pérsico entre Estados Unidos e Irán y dramas humanos ante el genocidio en Gaza tras la ocupación israelí de la Franja, sostiene: “Necesitamos ver, para ganar credibilidad y legitimidad, a una secretaria general presente, activa, persistente, donde los problemas son más agudos y donde la gente necesita más”.
La tercera es una reforma institucional que permita hacer frente a la crisis financiera que atraviesa el organismo. Espinosa explica que los recortes presupuestarios están afectando la capacidad de la organización para cumplir sus funciones. Un cambio interno que piensa debe darse con una mayor disciplina presupuestaria, rendición de cuentas y una revisión de los miles de mandatos que los Estados han otorgado a la ONU durante sus ocho décadas de existencia.
Espinosa reconoce que existe una discusión pendiente sobre la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU, dominado por solo cinco potencias (China, Francia, Rusia, el Reino Unido y los Estados Unidos) con poder de veto.
“El derecho al veto está establecido por la Carta de Naciones Unidas y realmente tenemos que ser muy honestos: quienes tienen la autoridad para reformar el Consejo de Seguridad son los Estados”, señala, y advierte que una eventual reforma no depende unilateralmente del secretario general.
Su experiencia como presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas, asegura, le “permitió conocer” directamente las dificultades de ese proceso. La reforma del Consejo lleva décadas sobre la mesa y, a su juicio, el secretario general debe facilitar el diálogo entre los países, proporcionar información y acercar posiciones cuando sea requerido, pero manteniendo la imparcialidad.
El desafío es todavía mayor en un escenario de creciente guerra fría entre Estados Unidos y China y de una fragmentación internacional que dificulta los acuerdos. Espinosa tampoco niega la polarización, pero considera que precisamente por eso la ONU es necesaria.
La diplomacia, en su visión, no requiere unanimidad. “Construir consensos no es construir unanimidad (...) se necesita una Secretaria General capaz de construir puentes, de acercar posiciones, de construir un sentido común, de procesar las diferencias”, afirma.
Sobre América Latina y el Caribe, Espinosa coloca el crimen transnacional organizado entre las principales amenazas para la paz y la seguridad en la región.
Opina que la ONU no está completamente preparada para enfrentar una amenaza que, por su propia naturaleza, trasciende las fronteras nacionales. Cuando se creó la organización en 1945, explica, problemas como el crimen transnacional organizado o la crisis ambiental no tenían la dimensión que tienen actualmente, mientras que se ha quedado corta frente a fenómenos más recientes como la ciberseguridad y la inteligencia artificial.
“Es el problema quizá más profundo que tiene nuestra región”, dice al referirse al crimen organizado. Su conclusión es que la respuesta no puede ser exclusivamente militar ni nacional. “La única respuesta viable que existe para el crimen transnacional organizado es la cooperación, es el trabajo conjunto”, afirma.
Esa cooperación debería incluir desde el intercambio de inteligencia hasta la coordinación de capacidades operativas entre los Estados. América Latina, subraya, necesita trabajar de manera conjunta frente a un fenómeno que aprovecha precisamente las fronteras y las diferencias entre los sistemas nacionales. Pero la excanciller también cuestiona una aproximación exclusivamente policial o militar al problema. El crimen organizado, en su visión, tiene una dimensión económica y social que señala debe atenderse. “Nuestras economías están deprimidas, somos una región muy potente con enormes recursos, pero seguimos creciendo muy poquito”.
A su juicio, la respuesta también pasa por mejorar la productividad y la competitividad, así como atacar la desigualdad y fortalecer los mercados comunes, coordinando políticas económicas y abordando el problema del endeudamiento.
“El tema del crimen organizado no solamente es un asunto de seguridad, es un problema multidimensional que requiere respuestas regionales y multidimensionales”, resume.
Frente al avance de discursos que colocan el interés nacional por encima de la cooperación internacional, Espinosa señala que esa separación es cada vez más difícil en un mundo “interdependiente”.
Lo que ocurre en un país, remarca, puede tener consecuencias inmediatas en otro. Una crisis energética, una guerra o una interrupción de las cadenas de suministro puede afectar economías situadas a miles de kilómetros. “Somos radicalmente interdependientes”, afirma.
En ese contexto, mira que la discusión no debería centrarse en elegir entre interés nacional y cooperación, porque ambos están cada vez más relacionados.
De llegar al cargo, Espinosa sería la primera mujer y la segunda persona de origen latinoamericano en llegar al puesto, siendo el primero el diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar.
“No se trata solamente de que una mujer sea secretaria general para pagar una deuda histórica”, aclara. Para ella, la eventual elección al cargo, más allá del género de los candidatos, debe estar acompañada de la experiencia, conocimiento de la ONU y la capacidad de enfrentar las contradicciones de un mundo complejo.
La rotación regional no está establecida formalmente como una regla, aunque históricamente ha sido respetada. Espinosa sostiene que, en esta ocasión, correspondería a América Latina y el Caribe.
Destacó además el rol de Panamá, que es uno de los 15 integrantes del Consejo de Seguridad con puesto no permanente y que participará en la selección del nuevo secretario general. Panamá es uno de los dos países latinoamericanos que tendrán voto, junto con Colombia. A su juicio, se trata de una ocasión para que la región no solamente impulse una candidatura, sino también una visión renovada de Naciones Unidas.
“Hay espacio para la paz, por supuesto”, afirma Espinosa ante la pregunta de si hay margen para la paz en medio de la severa crisis política que sufre la ONU y el incremento de los conflictos.
Para la diplomática, la historia demuestra que el futuro no está predeterminado. “Los seres humanos pueden tomar decisiones, construir instituciones y modificar el rumbo de los acontecimientos. Yo creo mucho en la agencia humana”, dice.
“Enfrentamos guerras, pero también grandes avances de la humanidad. Como seres humanos somos capaces de hacer cosas, de trabajar juntos, de llegar a acuerdos, de revitalizar la cooperación internacional, de hacer que nuestras sociedades sean más pacíficas, más igualitarias, que la gente viva mejor. No debemos bajar los brazos porque no podemos construir la paz. Por el contrario, yo creo que ese es el reto”, remarca.
No es, insiste, un optimismo ingenuo. Es un “pragmatismo optimista” basado en la posibilidad de que los Estados vuelvan a cooperar. El mundo, reconoce, está en llamas. Pero para Espinosa, renunciar a la posibilidad de apagar esos incendios sería precisamente la más grave de las equivocaciones. “Lo podemos hacer sin ingenuidad porque, evidentemente, vivimos un mundo realmente en llamas, pero pues yo creo que la indiferencia y perder el optimismo es lo peor que nos puede pasar”.