Más que un cambio de imagen: el salón que acompaña a las pacientes con cáncer en el ION

Magaly Potha rememoró su trayectoria en el salón de belleza, administrado por el ION y Fundacáncer. Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
  • 23/10/2026 18:20

El salón de belleza del Instituto Oncológico Nacional y Fundacáncer lleva más de 20 años acompañando a pacientes con cáncer, con atención a más de 300 mujeres al año

En medio del trajín diario de médicos y pacientes que se vive a diario en los pasillos del Instituto Oncológico Nacional (ION), hay un sitio dentro del hospital que supone una oportunidad para levantar el autoestima y la esperanza de las pacientes que atraviesan el reto de enfrentar el cáncer.

En conmemoración del mes del cáncer, que se tiene presente cada octubre, La Estrella de Panamá estuvo en un rincón del ION en el que las pacientes pueden experimentar una distracción agradable en medio del camino difícil por el que todavía transitan. El sitio tiene más de 20 años de funcionamiento y atiende a más de 300 pacientes al año.

La sala de belleza Martha Stella Clement de Vallarino del ION está presidida en su entrada por una sola frase ‘Gracias Dios por la vida’, que en su día fuera pronunciada por su fundadora, quien es reconocida por su labor infatigable a favor de los pacientes de cáncer y el mejoramiento de su calidad de vida. Con un semblante alegre, Magaly Potha, encargada del salón de belleza del ION, aseguró a este diario que este lugar está hecho para brindarle un acompañamiento a las pacientes de cáncer, quienes al inicio de su tratamiento de quimioterapia, experimentan una caída del cabello.

“Es una parte bastante difícil para ellas. Por eso, cuando las pacientes llegan aquí, las traemos al salón para que puedan visualizar lo que les va a pasar y conocer las alternativas que tienen. Cuando el médico les dice que se les va a caer el cabello y que tienen que raparse, no es fácil asumirlo. En ese momento piensan: ‘Voy a quedarme sin cabello’. Entonces, cuando las pacientes llegan al salón como parte de su tratamiento de quimioterapia, radioterapia o cualquier otro procedimiento, les hablamos y las motivamos. Les explicamos que pueden utilizar una peluca o un turbante y les contamos qué pueden esperar durante el proceso. Así, cuando regresan a sus casas y llega el momento de afrontar la caída del cabello, ya tienen una idea de lo que va a ocurrir”, dice Potha, quien formó parte del salón de belleza desde sus inicios, hace más de dos décadas.

Si bien admite que no todos los momentos no son satisfactorios, Potha vive un oficio que no solo consiste en arreglar y asesorar a las pacientes, sino, en muchos casos, ser su acompañante emocional en tomar ese próximo paso.

“No todos los momentos son satisfactorios. Hay pacientes que no quieren quitarse el cabello. Algunas esperan hasta que se les cae, pero queda suspendido del cuero cabelludo, como si fuera un paracaídas, sostenido apenas por unos hilitos. Para ellas, quitarse ese cabello es muy difícil. Sin embargo, esos mechones que quedan sujetos les provocan dolor. Entonces les digo que tienen que retirarlos para que se les quite el dolor de cabeza. Cuando comienzo a soltar esos mechones, me dicen: ‘Oye, ni siquiera has terminado de quitármelo y ya se me quitó el dolor de cabeza’. Les explico que es porque el cabello les está jalando constantemente. Cuando finalmente paso la máquina, todo se vuelve más llevadero. Lloran y pasan por momentos difíciles, pero también reconocen el alivio. Después me encuentro con esas mismas pacientes en el pasillo y me dicen: ‘Oiga, de verdad, ¡qué bien me siento!’. Ese es el momento en que comienzan a aceptar lo que están viviendo. Primero viene la pérdida y el duelo, como cuando se nos muere un familiar. El duelo se puede experimentar por muchas cosas: una uña, unos lentes o cualquier otro elemento que forme parte de nosotros. Cada persona lo vive a su manera, y cada paciente oncológico tiene su propio proceso”, explicó.

Una vez que los pacientes logran culminar exitosamente su tratamiento, los recuerdos perduran, según Potha, como parte de una historia compartida que se va hilando a través de un momento crítico de sus vidas.

“Hay pacientes que, cuando terminan su tratamiento y tocan las campanas, se preguntan cómo pueden regresar para traer desayunos o ayudar de alguna manera. Se quedan vinculadas a este lugar. Se crea un vínculo, un apego”, manifestó.

La directora ejecutiva de Fundacáncer, Patricia Méndez Chiari, aseguró que cada persona que visita el salón de belleza del ION, gestionado con el apoyo de la fundación, se lleva una sensación emotiva del sitio, como el resto de las actividades que se desarrollan con un solo objetivo: brindar esperanza a los pacientes de cáncer que se atienden tanto dentro como fuera del ION.

“Esta iniciativa en particular representa un hito muy importante en el tratamiento que atraviesa cada paciente. Ser parte de ese proceso, acompañarlas y estar a su lado es no solo importante, sino también muy gratificante y satisfactorio. (...) La caída del cabello durante el tratamiento médico es una situación que golpea muchísimo a las pacientes, particularmente en ese aspecto. Brindarles orientación, acompañamiento y estar a su lado, tanto como organización sin fines de lucro como a través de sus allegados, es lo que las ayudará a salir adelante y a superar este momento difícil. Yo lo veo como un hito”, expresó.

Omayra Esther Sánchez, de 65 años, lleva más de la mitad de su vida enfrentándose al cáncer. Ella se mantiene optimista a pesar de los obstáculos.
25 años luchando contra el cáncer

Omayra Esther Sánchez, de 65 años, lleva más de la mitad de su vida luchando contra el cáncer. A los 19 años le diagnosticaron un adenoma bronquial, un cáncer de pulmón. Años más tarde, le detectaron cáncer en el seno izquierdo y, más recientemente, hace un año, fue operada tras detectársele cáncer en el seno derecho. Aun así, se mantiene optimista, no solamente por ella, asegura, sino también por sus dos hijos, su madre y su hermano mayor, quienes la han sostenido durante todo este tiempo.

Usuaria de este salón de belleza del Instituto Oncológico Nacional (ION) desde sus inicios, Sánchez recuerda los estrechos vínculos que mantuvo con Martha Stella Clement de Vallarino, su compañera de batallas en la lucha contra el cáncer. Para esta entrevista viste de rosa y lleva un pañuelo que le regaló la propia Martha Stella.

“Mi primera peluca también me la regaló la señora Marta. Nunca me voy a olvidar de eso y todavía la conservo en mi casa. La usé durante mucho tiempo, pero me daba mucho calor y picazón, así que prefería estar sin ella en casa. Mi hija estaba pequeña y, cuando me veía sin cabello, me decía: ‘Mamá, estás totobola, totobola’. Así me decía. Tengo muchas anécdotas con mis hijos. Cuando me daban náuseas, mi hija aprendió a pedirle hielo a su hermano para mí. Le decía: ‘Hermanito, corre, busca hielo, mamá...’. Son recuerdos que tengo de aquella época”, narró.

Sus dos hijos le recuerdan cada tanto que no pueden vivir sin su mamá. “Yo les respondo que tienen que aprender a vivir sin mamá porque algún día me voy a ir”, les contesta.

A pesar de convivir con la enfermedad, Sánchez afirmó que nunca se sintió mal por su apariencia física. No obstante, disfruta de esos momentos en el salón de belleza del ION junto con Potha, que considera espacios de relajación y bienestar, al igual que las ocasiones en las que le toca arreglarse o maquillarse.

“Nunca quise ser una paciente que se dejara vencer por la tristeza. Yo era quien tenía que darles ánimo a mis hijos. Ellos dos son mi núcleo y mi motivación”, aseguró.

Las pacientes tienen una gran variedad de estilos a escoger.