‘Me preparé por 41 años para esta responsabilidad’: Ilya toma el mando del Canal
- 08/09/2026 00:00
Ilya Espino de Marotta asumió este lunes la administración del Canal de Panamá. La ingeniera que llegó en 1985 con un puesto temporal se convirtió en la primera mujer en dirigir la vía interoceánica. Tiene por delante Río Indio, el desafío del agua, nuevos negocios y la defensa de la neutralidad
Eran las 7:40 de la mañana y en la Administración del Canal de Panamá ya estaba casi todo dispuesto. Hortensias, rosas y orquídeas bordeaban un escenario sobrio, con el histórico edificio como telón de fondo. Apenas habían pasado diez minutos desde la convocatoria cuando comenzaron a ocupar sus lugares el ministro para Asuntos del Canal, José Ramón Icaza; Ricaurte Vásquez, administrador saliente; el presidente José Raúl Mulino; la primera dama, Maricel Cohen de Mulino; los miembros de la Junta Directiva, funcionarios e invitados. En primera fila estaba la familia de Ilya Espino de Marotta, testigo de un relevo que tenía mucho de institucional, pero también de personal.
Y fue precisamente su nombre el que empezó a marcar el pulso de la mañana. Cada vez que el maestro de ceremonia o alguno de los oradores mencionaba a Ilya Espino de Marotta, los aplausos se adelantaban al protocolo. Faltaban apenas minutos para que se convirtiera en la primera mujer en administrar el Canal de Panamá, aunque entre quienes conocen la institución “el dato de género explicaba solo una parte de la historia”. La otra parte había comenzado 41 años antes, el 17 de junio de 1985, cuando una ingeniera de 23 años entró como temporal al dique de reparación sin imaginar que cuatro décadas después ocuparía el despacho principal. “Solo estaba segura de algo: que quería aprender, que quería servir y que mi país merecía lo mejor de mí”, recordaría más tarde desde el podio.
El primero en hablar fue José Ramón Icaza, ministro para Asuntos del Canal, quien recordó que la toma de posesión coincidía con el aniversario de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, suscritos el 7 de septiembre de 1977. La fecha acompañaba inevitablemente el simbolismo de la ceremonia: el relevo en la administración de una institución que, medio siglo después de aquellos tratados, sigue ocupando el centro de la soberanía, la economía y la política exterior panameña.
Después tomó la palabra Ricaurte “Catín” Vásquez, quien llegaba al final de siete años al frente del Canal. Su despedida no fue un inventario complaciente. Recordó que le correspondió administrar la vía en medio de “tres sequías, una pandemia, dos conflictos bélicos y una situación de inestabilidad geopolítica que afecta las rutas de comercio y por supuesto afecta el Canal de Panamá”. Había crisis de sobra para resumir una gestión, pero Vásquez regresó muy pronto al asunto que, a su juicio, condicionará todo lo demás: el agua. “El día que fui designado, 15 de febrero de 2019, indiqué con claridad que el reto más grande que tiene Panamá es el agua”, dijo.
De allí pasó a Río Indio. Recordó incluso aquella conversación con Mulino en la que el mandatario le dijo que el reservorio se haría “sí o sí”, pero evitó reducir la discusión a ingeniería y metros cúbicos. Habló de las comunidades, de las familias que viven dentro de la cuenca y de quienes serán afectados por el desarrollo del proyecto. “No solamente el tema de agua es importante”, advirtió, porque cualquier solución hídrica deberá comenzar también por la atención de esas comunidades. La obra que el Canal considera indispensable para garantizar su futuro tendrá que construirse, por tanto, en un terreno mucho más complejo que el técnico.
Antes de retirarse, Vásquez dejó otro asunto sobre la mesa: la neutralidad. “La neutralidad es la fuente de defensa de Panamá ante el mundo”, afirmó, y añadió una advertencia menos geopolítica, pero igualmente incómoda: si los beneficios del Canal no alcanzan a todos los panameños, aumentará la distancia entre la institución y el país. Eran dos mensajes dirigidos a la administración que estaba por comenzar: defender la vía hacia afuera y evitar que se aleje de Panamá hacia adentro.
Cuando Vásquez terminó, el acto cambió de manos. Espino de Marotta se acercó a la mesa, estampó la firma que formalizaba su llegada a la administración y después tomó el podio. No comenzó por los proyectos, ni por las cifras, ni por la agenda que tendrá que ejecutar. Volvió al principio, a aquel 17 de junio de 1985, cuando tenía 23 años y entró como ingeniera temporal al dique de reparación. Cuarenta y un años cabían ahora entre aquella joven que llegaba con ganas de aprender y la mujer que tenía frente a sí la responsabilidad de dirigir una de las instituciones más importantes del país.
Entonces habló del dato que atravesaba toda la ceremonia. “Sé lo que significa ser la primera mujer en asumir la administración de este Canal. Sé también las expectativas que eso trae consigo”, sentenció. La frase parecía encaminada hacia el simbolismo del momento, pero ella misma se encargó de colocar un límite. “No llegué aquí por ser mujer. Llegué aquí porque en 41 años trabajé y me preparé para esta responsabilidad”.
El aplauso volvió y, por unos segundos, el mérito ocupó el centro de la ceremonia. No era una reivindicación improvisada. La carrera de Espino de Marotta se construyó completamente dentro del Canal. En 2019, cuando todavía se preparaba para asumir la subadministración, hablaba con este diario, desde su oficina del edificio 729 con la soltura de quien conocía bien el terreno que había tenido que conquistar. Decía ser “la misma de ayer, pero mejorada”. Había querido ser bióloga y tuvo en Jacques Cousteau uno de sus primeros referentes, pero terminó escogiendo la ingeniería y construyendo su vida profesional alrededor de la ruta que une el Pacífico con el Atlántico.
En aquellos años iniciales, ver mujeres en determinadas obras todavía no era habitual. Espino de Marotta encontró resistencias y también dudas sobre su capacidad. “Muchos apostaron que no podría”, recordaba en aquella entrevista. Su respuesta no fue convertir esas resistencias en discurso permanente, sino avanzar dentro de la institución, asumir mayores responsabilidades y terminar dirigiendo parte de la ampliación del Canal. Aprendió, como ella misma ha contado, a trabajar en silencio y esperar que el resultado hiciera el ruido.
Este lunes el ruido fueron los aplausos, pero la ceremonia duró poco frente al tamaño de los retos que tendrá que enfrentar. Espino de Marotta pasó rápidamente de su historia personal al agua, el mismo asunto que Vásquez había dejado planteado minutos antes. La sequía obligó al Canal a reducir más de 2.700 tránsitos y volvió a dejar al descubierto una vulnerabilidad que ya no puede tratarse como una excepción climática. “Decidimos que el lago de Río Indio es, en este momento, el proyecto más importante que tiene nuestro país”, aseguró.
Río Indio deberá garantizar agua para más de dos millones de panameños y sostener las operaciones de la vía, pero la magnitud del proyecto no se limita al reservorio. Allí están las comunidades, las familias, las propiedades y las vidas que serán trastocadas por una obra que el Canal considera urgente. Espino de Marotta prometió diálogo y atención permanente a quienes resulten afectados.
Luego vinieron los nuevos negocios. La estrategia 2025-2035 plantea un Canal que ya no dependa únicamente del tránsito de buques y que capture una mayor parte de la actividad económica que se produce alrededor de la ruta. Sobre la mesa están proyectos energéticos, nuevas facilidades logísticas, las terminales portuarias de Corozal y Telfers, la transformación digital y la reducción de la huella de carbono. La apuesta es ampliar el negocio sin perder de vista aquello que ha sostenido la fortaleza institucional del Canal.
Espino de Marotta habló también de los trabajadores y de las nuevas generaciones que llegan a una institución con formas distintas de entender el trabajo. No planteó que sean ellas las que deban adaptarse al Canal de siempre, sino que el Canal deberá aprender a construir con ellas la organización que Panamá necesitará durante las próximas décadas. Defendió además el diálogo con los sindicatos, no como una concesión, sino como una condición para mantener la eficiencia.
Más tarde llegaron las cifras. Más de 300.000 buques han transitado por la vía bajo administración panameña, más de 10 millones de visitantes han pasado por sus instalaciones y el Canal ha aportado más de $31.000 millones al Tesoro Nacional. “Las instituciones sólidas no aparecen por accidente. Se construyen generación tras generación”, sostuvo. También prometió eficiencia, transparencia y ética, y recordó algo que a partir de ahora deberá acompañar cada decisión de su administración: cada dólar que gestiona el Canal pertenece al país.
La neutralidad quedó igualmente instalada entre los retos que recibía. Espino de Marotta asume en un momento de conflictos bélicos, disputas comerciales y renovadas tensiones alrededor de las principales rutas marítimas. Minutos antes, Vásquez había dejado la frase: “La neutralidad es la fuente de defensa de Panamá ante el mundo”. Desde este lunes, la responsabilidad de sostener esa posición recae en ella.
Al final, Ilya regresó al punto donde había comenzado todo. “Hace 41 años llegué para aprender. Hoy me toca dirigir, pero la convicción es exactamente la misma: servir a Panamá con honestidad, disciplina y profundo respeto a la institución”. Luego miró al frente y cerró con una promesa más breve: “Gracias, Panamá, por darme esta oportunidad. No los defraudaré. ¡Manos a la obra!”.
Los aplausos volvieron y la ceremonia terminó dentro del edificio con una recepción modesta. Entre los objetos preparados para la ocasión había uno pequeño, casi discreto frente a la dimensión de lo ocurrido: un bolígrafo negro protegido por vidrio. En el centro podía leerse una inscripción: “La Primera”. Era el bolígrafo conmemorativo de la toma de posesión, la pieza destinada a recordar el día en que una mujer llegó por primera vez a la administración del Canal de Panamá. Pero la historia de Ilya Espino de Marotta no comenzó con esa firma. Comenzó cuatro décadas antes, cuando una ingeniera de 23 años cruzó las puertas del Canal con un puesto temporal y ganas de aprender. Desde entonces ganó terreno, asumió responsabilidades, dirigió obras y siguió avanzando hasta llegar al despacho principal. Ser la primera ya quedó escrito.