Panamá tiene cada vez menos hijos: la natalidad cae un 44 % en 25 años

El reciente índice de Nacimientos Vivos y Defunciones Fetales, hecho público por el Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, indica que Panamá registra una disminución sostenida de su tasa bruta de natalidad. Pixabay
  • 04/11/2026 18:45

El costo de vida, la formación profesional y la búsqueda de estabilidad económica figuran entre los factores que influyen en la decisión de tener hijos

El reciente índice de Nacimientos Vivos y Defunciones Fetales, hecho público por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República, indica que Panamá registra una disminución sostenida de su tasa bruta de natalidad.

Mientras que en el año 2000 se contabilizaban 22,7 nacimientos por cada mil habitantes, en 2025 la cifra se redujo a 12,7. La tendencia descendente se mantuvo durante todo el período analizado, con registros de 18,6 en 2010 y 16,1 en 2020. En 25 años, el indicador cayó aproximadamente un 44 %, lo que evidencia un cambio significativo en la dinámica demográfica del país.

Por su parte, la tabla relativa a los grupos de edad de las madres muestra que la maternidad se concentra predominantemente en la población joven. El grupo de 20 a 24 años registra la mayor cantidad de casos, con 15.793, seguido muy de cerca por el de 25 a 29 años, con 15.298. En conjunto, estas dos franjas de edad reúnen la mayor parte de los registros que se muestran en el segundo gráfico.

La tabla también revela datos significativos en los extremos de la vida reproductiva. En las edades más tempranas, se documentan 251 casos en niñas menores de 15 años y 7.946 en el grupo de 15 a 19 años. En cuanto a las edades más avanzadas, la frecuencia disminuye progresivamente: hay 10.931 madres de 30 a 34 años; 6.330 de 35 a 39; 1.771 de 40 a 44; 108 de 45 a 49, y, finalmente, 10 casos en el grupo de 50 años y más. Además, se registra un caso en el que la edad no fue especificada.

Por lo demás, el INEC contabilizó 58.439 nacimientos vivos en el país. La provincia de Panamá lidera ampliamente las cifras, con la mayor concentración de nacimientos: 18.224. Le siguen Panamá Oeste, con 7.910, y la comarca indígena Ngäbe-Buglé, con 6.798 casos. Muy cerca de esta última se encuentra Chiriquí, con 6.731 nacimientos vivos.

En un rango intermedio se encuentran Bocas del Toro, con 4.593; Colón, con 3.926; Coclé, con 3.267, y Veraguas, con 3.176 nacimientos vivos. Por su parte, las regiones con los registros más bajos son Herrera, con 1.161; Los Santos, con 881, y Darién, con 876. Finalmente, entre las comarcas indígenas con menor número de nacimientos se encuentran Guna Yala, con 678 casos, y Emberá, con 218.

Las causas detrás de la baja tasa de natalidad

En entrevista con La Estrella de Panamá, el sociólogo José Lasso aseguró que la baja tasa de natalidad podría atribuirse a la compleja situación socioeconómica que atraviesa el país.

“Existe un contexto social y económico que no necesariamente ofrece las condiciones adecuadas para formar una familia. Creo que los jóvenes lo entienden plenamente. Hay quienes tienen un conjunto de metas personales y otros que son excluidos del sistema, por lo que deben combinar el trabajo y los estudios. Esa situación también dificulta la conformación de familias. Hoy se busca evitar el compromiso y establecer metas o una dinámica más lúdica en la vida cotidiana. En definitiva, tenemos un contexto de exclusión y una situación económica que no genera las condiciones necesarias, pero también existe una tendencia a evitar los compromisos a largo plazo para poder alcanzar objetivos personales”, explicó Lasso a este diario.

El científico social también señaló que existen dos realidades diferentes en el panorama demográfico, tanto en lo relacionado con la postergación de la maternidad y la paternidad como con el número de embarazos adolescentes.

“En situaciones donde hay mayores niveles de exclusión social y desorientación en materia sexual, puede registrarse una mayor cantidad de hijos en contextos de abandono, desorientación y exclusión. Esto ocurre principalmente entre los jóvenes. Muchas personas se preguntan por qué esto no sucede en los estratos socioeconómicos más altos. Algunos sostienen que en esos sectores existen mayores posibilidades de interrumpir los embarazos que se producen en contextos de desorientación. En los estratos más bajos, las condiciones son distintas. Por eso, si analizáramos las cifras de embarazos adolescentes, podríamos observar que las condiciones de exclusión, desigualdad y marginalidad tienen una mayor incidencia en estos casos. En cambio, cuando hablamos de parejas ya constituidas, mayores de 18 años y que se encuentran estudiando o trabajando, la decisión de postergar la maternidad o paternidad suele estar más clara. ¿Por qué? Por el contexto económico y por el deseo de evitar compromisos a largo plazo que puedan limitar la realización de sus metas personales”, explicó.