Petro pone sobre la mesa un pacto continental contra las mafias y las drogas en foro del CAF

El discurso del mandatario en la CAF reabrió el debate sobre el rol de América Latina en la crisis del orden internacional. Roberto Barrios | La Estrella de Panamá
  • 28/01/2026 10:23

El mandatario colombiano cuestionó la eficacia del orden internacional y advirtió que la región ya no está al margen de las crisis globales.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, planteó la necesidad de repensar la integración regional desde una perspectiva histórica y cultural, al proponer que América Latina y el Caribe se reconozcan no solo como un conjunto de Estados-nación, sino como una civilización diversa y profundamente articulada por sus pueblos y su historia.

Durante su discurso en el foro organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), Petro afirmó que, pese al “fracaso” de la relación entre los Estados latinoamericanos y caribeños, los pueblos de la región han logrado una articulación histórica mucho más poderosa que la institucional. A su juicio, los Estados-nación han ido perdiendo progresivamente poder, mientras que los lazos culturales, sociales y humanos se mantienen vivos.

El mandatario colombiano vinculó esta reflexión con la crisis actual del sistema multilateral, señalando el debilitamiento de las Naciones Unidas, institución que —recordó— fue creada para impedir guerras y genocidios. Petro sostuvo que esa incapacidad se evidencia de manera dramática en el conflicto en Gaza, que, según afirmó, ni siquiera ha sido reconocido formalmente como genocidio.

En ese contexto, planteó que la paz ya no puede entenderse únicamente como un acuerdo entre Estados, sino como el resultado de una hermandad humana. “Solo si hay hermandad humana habrá libertad y pensamiento profundo”, señaló, al tiempo que abrió el debate sobre si la integración debe construirse desde una vocación universal o comenzar por el continente americano.

Petro propuso avanzar hacia un pacto por la libertad y la vida en las Américas, y advirtió que, aun si ese esfuerzo fracasa a nivel continental, América Latina y el Caribe deben reconocerse a sí mismos como una civilización con una identidad cultural y natural “intensamente diversa y poderosísima”. En ese sentido, cuestionó la noción tradicional de riqueza basada en el poder militar o financiero, y afirmó que la verdadera riqueza de la región reside en dos fuentes fundamentales: la naturaleza y la fuerza de trabajo viva.

El presidente también llamó a construir una alianza total de inteligencia, basada en cerebros libres y cooperación científica, para enfrentar lo que describió como uno de los peores enemigos de la vida en el continente: el narcotráfico y las drogas, un fenómeno que —señaló— provoca entre 70.000 y 90.000 muertes anuales solo en Estados Unidos.

En su intervención, subrayó la importancia de ensayar un diálogo entre las Américas, reconociendo que se trata de civilizaciones diferentes, pero que precisamente por esa diferencia deben pactar. “No debemos confundirnos entre civilizaciones, sino reconocernos y pactar”, afirmó, al definir ese pacto sobre dos pilares centrales: la libertad integral y la vida. Según explicó, la libertad integral implica emancipación, mientras que la vida constituye el valor supremo.

Petro advirtió que el mundo se dirige hacia una ruptura del orden internacional que podría desembocar en la barbarie y en una tercera guerra mundial. En ese escenario, alertó que América Latina ya no ocupa una posición marginal como en las dos guerras mundiales del siglo XX, por lo que debe asumir un papel activo para evitar que la violencia global también recaiga sobre la región.

Finalmente, el mandatario colombiano reiteró la necesidad de un pacto continental contra las mafias y las sustancias ilícitas, concebido como una alianza en defensa de la vida y la libertad. También se refirió a la importancia de decir la verdad y dialogar con franqueza, al afirmar que “para eso es el diálogo: para entendernos”.

La intervención de Petro cerró con un llamado a la unidad, al reconocimiento mutuo y a la construcción de acuerdos que permitan a América Latina y el Caribe enfrentar, de manera conjunta, los desafíos de un mundo en profunda transformación.