PISA 2025 retrata el rezago de América Latina mientras Panamá sigue a ciegas sobre su educación

América Latina quedó rezagada frente a la media global de países de la OCDE. Pixabay
  • 08/09/2026 18:53

Los resultados de la prueba global muestran que los países de la región continúan por debajo del promedio de la OCDE, con Uruguay y Chile como los mejores posicionados de la región. Panamá no tiene cifras comparables para medir las suyas ya que la exministra de Educación, Lucy Molinar, decidió retirar al país de esta edición de la prueba, dejando al sistema sin una referencia clave para saber dónde sus falencias

Los resultados hechos públicos ayer del informe Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, mejor conocido por sus siglas en inglés PISA, y llevado a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sitúan a América Latina en los niveles de rezago respecto a la media de los países de la organización.

De acuerdo a la OCDE, el informe PISA 2025 es el mayor análisis realizado hasta la fecha, ya que contó con la participación de 760,000 estudiantes de 91 países y economías. La edición se centró, sobre todo, en las ciencias, donde el rendimiento medio se estabilizó entre 2022 y 2025 en los países de la OCDE, tras la caída registrada entre 2009 y 2022. Así mismo, en el año 2025 se hizo un mayor énfasis en las ciencias en una evaluación que también midió la lectura y las matemáticas.

Uruguay y Chile aparecen posicionados como los países latinoamericanos con mejores resultados. Uruguay encabezó la región en Ciencias, con 445 puntos, mientras que Chile obtuvo 442 puntos. En Lectura, Chile fue el líder latinoamericano, con 436 puntos, y Uruguay alcanzó 423. En Matemáticas, Uruguay obtuvo 405 puntos y Chile 403.

En el siguiente grupo se ubicaron Costa Rica, con 424 puntos en Ciencias; Colombia y México, ambos con 414; y Brasil, con 409. Estos países ocuparon posiciones intermedias dentro de la clasificación internacional, aunque todavía por debajo del promedio de la OCDE.

Más abajo aparecen Perú, con 406 puntos en Ciencias; Ecuador y Argentina, ambos con 393; y El Salvador, con 385. En la parte inferior de la clasificación regional se encuentran República Dominicana, con 361 puntos en Ciencias; Paraguay, con 355; y Guatemala, con 351.

No obstante, ningún país latinoamericano se ubicó en términos generales entre los primeros puestos mundiales de la prueba PISA. Uruguay y Chile fueron los mejores posicionados de la región, mientras que Guatemala, Paraguay y República Dominicana registraron los resultados más bajos entre los países latinoamericanos participantes. En cambio, Panamá no participó en la edición de PISA 2025, por lo que no aparece en la clasificación y se desconoce el estado actual del sistema educativo nacional.

El llamado de atención de la OCDE no solo se limitó a América Latina, sino a los sistemas educativos de todo el mundo al constatar importantes deficiencias a nivel general como menos atención, curiosidad y esfuerzo; la reducción de la lectura en papel y el aumento del tiempo en el uso de pantallas en el aula de clases; las diferencias socioeconómicas y culturales entre los alumnos; la multiplicidad de los problemas de disciplina y acoso en las escuelas; la interrupción de las clases durante la pandemia del coronavirus; familias que están menos pendientes del rendimiento escolar de sus hijos.

El informe así mismo puntualiza que los estudiantes de hoy son los hijos de la crisis económica del año 2008, la cual se caracterizó por un alza en los índices de pobreza y una serie de recortes gubernamentales a los sistemas educativos.

En su pronunciamiento, el titular de la OCDE hace además hincapié en los efectos de la tecnología y la inteligencia artificial en la falta de comprensión de lectura de los estudiantes así como en su habilidad para la memoria y de mantenerse concentrados en clases.

“El informe PISA 2025 muestra que es urgente revertir la disminución del rendimiento académico. Los mejores sistemas educativos se centran en una menor cantidad de áreas con una mayor profundidad, invierten en los docentes, involucran a los padres y ofrecen apoyo específico a los estudiantes y las escuelas que más lo necesita”, aseguró el secretario general de la OCDE Mathias Cormann, según una nota de prensa de la organización.

“La tecnología y la inteligencia artificial pueden reforzar el aprendizaje y contribuir a la preparación de los jóvenes para el futuro, pero solo si se utilizan con criterio, y no en detrimento de la atención, el esfuerzo y la comprensión”, agregó.

Panamá, a ciegas sin los resultados de las pruebas PISA

La exministra de Educación Lucy Molinar decidió en octubre de 2024 sacar al país de la prueba PISA en 2025 y, en su momento, optó por la prueba que aplica la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la cual mide los conocimientos de la materia.

Molinar justificó tal decisión en su momento al alegar que “La prueba de la Unesco mide conocimientos en las materias, esa prueba sí se va a hacer el otro año y no nos cuesta los millones que cuesta PISA”, según dijo en 2024 a los medios de comunicación presentes mientras participaba en un evento del Ministerio de Educación (MEDUCA) en el Parlamento Latinoamericano.

Lucy Molinar, exministra de Educación.

Desde entonces, la salida de Panamá de las pruebas PISA ha abierto un debate en el seno de la comunidad educativa sobre su importancia y lo que revelan en torno a las fallas del sistema educativo del país. La última prueba PISA en la que los estudiantes panameños participaron fue en 2022 y obtuvieron una puntuación de 357 en matemática, 392 en lectura y 388 en ciencias, mientras que el promedio de la OCDE es de 450.

El sucesor de Molinar en el cargo Ventura Vega apuntó al regreso del país a las pruebas PISA mientras comparecía la semana pasada en la vista presupuestaria del MEDUCA en la Asamblea Nacional. También vinculó la necesidad de revisar el sistema educativo con los resultados de las pruebas PISA, que evalúan el desempeño de los estudiantes en distintas áreas. “Y así lo dice la prueba PISA”, manifestó el pasado 2 de septiembre.

El ministro de Educación Ventura Vega manifestó el pasado 2 de septiembre su voluntad de que el país regrese a las pruebas PISA.

Yair Velázquez, de Jóvenes Unidos por la Educación, celebró la voluntad del país de regresar a la medición y estableció un paralelismo entre las pruebas PISA y las pruebas del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) de la Unesco, respecto a su medición sobre el estado actual de los sistemas educativos. Mientras que las pruebas PISA miden las habilidades, destrezas y competencias que puede tener un estudiante a lo largo de su vida pruebas como la ERCE centran su estudio en la medición del aprendizaje de los contenidos curriculares correspondientes a su grado.

“Estas son dos cosas muy distintas. Una mide habilidades para la vida; la otra mide las habilidades que hayas adquirido de acuerdo con los planes de estudio. PISA te evalúa a través de casos de la vida real. Utiliza ítems liberados que incluso plantean preguntas muy básicas, pero relacionadas con situaciones concretas. Por ejemplo, la PISA 2025 medía como área principal la ciencia y abordaba temas relacionados con la naturaleza y la minería que, para un país como Panamá, siguen siendo información indispensable. Producto de no tener hoy los resultados de Panamá, dejamos de tener esa parte de trazabilidad y comparabilidad”, señaló.

Velásquez alertó que sin datos censales ni estandarizados, el Estado panameño pierde la capacidad de medir la evolución temporal del rendimiento escolar y de contrastar su avance con los parámetros regionales y globales. “Si bien PISA puede incluso medir la gestión de un ministerio, también permite obtener señales muy importantes sobre el estado real del sistema educativo: a nivel docente, administrativo y en distintos componentes”, agregó.

El especialista también estableció que si bien tanto la prueba ERCE como la prueba PISA son evaluaciones que se realizan sobre muestras aleatorias y dan un indicio de cómo se encuentra la radiografía educativa del país, dicha información permite hacer adecuaciones en la parte pedagógica y determinar cómo podemos presupuestar componentes como guías, capacitación docente y otros recursos para mejorar la estrategia educativa y lograr que tenga efecto de acuerdo con los resultados obtenidos.

Ante un escenario común en el que confluyen diversos factores que llevan a la interrupción de las clases como los paros docentes, la falta de infraestructura adecuada en un plantel educativo o los efectos de las emergencias producto de las lluvias y el cambio climático, al final estas siguen siendo interrupciones del proceso de enseñanza y aprendizaje que tienen una incidencia en el desarrollo de los alumnos.

Velásquez además subrayó que la estrategia pedagógica que se requiere no solamente consiste en evitar que se detenga el sistema ante cualquier eventualidad, sino en determinar cómo se recupera el tiempo perdido de clase.

“A pesar de que en su momento el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) había indicado, durante el paro docente de 2024, que había que retornar a las aulas y poner en marcha más días de clase, esto no se hizo. Y eso es aún más llamativo si consideramos que el costo de la prueba es relativamente bajo. El costo real de la prueba PISA es de aproximadamente $217,000. No es nada comparado con la cantidad de información y los factores asociados que puede proporcionar”, dijo.

En este sentido, citó los hallazgos de la prueba PISA del 2022, centrados en los aspectos socioemocionales y de las grandes afectaciones que tenían los estudiantes en este ámbito. Entre las recomendaciones figuraba la implementación de las estrategias pedagógicas dirigidas a la parte socioemocional, el fortalecimiento de los gabinetes psicopedagógicos de los planteles a raíz de problemas como los cuadros de depresión de los alumnos, en un llamado renovado a atender la salud mental de los estudiantes que se ha visto mermada a raíz de la pandemia.

En cuanto al uso de la tecnología y la inteligencia artificial en los planteles educativos, Velásquez apuntó al estudio realizado por Jóvenes por la Educación ‘El espejismo tecnológico’ (2026), el cual revela que en los últimos 20 años (de 2004 a 2026), Panamá destinó unos $370 millones en tecnología educativa —principalmente en la compra masiva de computadoras portátiles— sin que esto se traduzca en una mejora visible o duradera en la calidad de la educación.

“Al final del día, entregar una computadora por entregar no garantiza el aprendizaje. Más bien resta recursos al aprendizaje. Por eso países muy importantes en el mundo que se evalúan con PISA han decidido incluso retornar a los libros, a los cuadernos y a materiales didácticos, porque hay un daño producto del uso de la tecnología. Hay mucha evidencia internacional que incluso la propia OCDE, a través de evaluaciones como PISA y otros informes que realiza, ha demostrado que el uso excesivo de la tecnología no garantiza mejores aprendizaje”, concluyó.