¿Por qué el Martes de Carnaval es el Día de la Pollera en Panamá?
- 17/02/2026 07:18
En escenarios emblemáticos como Las Tablas, las tunas de Calle Arriba y Calle Abajo comprendieron que el lujo y la majestuosidad de la pollera superaban cualquier diseño internacional.
En medio del bullicio, el desenfreno y la alegría que caracterizan el Carnaval panameño, el martes se erige como un momento de solemnidad y orgullo nacional.
Ese día, la pollera, máxima expresión del traje típico femenino, deja de ser un atuendo más para convertirse en símbolo de identidad, tradición y herencia cultural.
Lo que hoy se aprecia como un despliegue masivo de encajes, joyas y labores artesanales no surgió por casualidad. La consolidación del llamado “Martes de Pollera” se remonta a las décadas de 1960 y 1970, especialmente en la región de Azuero, donde el Carnaval adquirió un sello distintivo frente a la influencia de disfraces extranjeros.
El origen de una tradición
En escenarios emblemáticos como Las Tablas, las tunas de Calle Arriba y Calle Abajo comprendieron que el lujo y la majestuosidad de la pollera superaban cualquier diseño internacional.
El martes, último día de fiesta, fue adoptado como el cierre perfecto: la despedida de la farsa con la máxima expresión del arte artesanal panameño. Según investigaciones del historiador y folclorista Eduardo Cano, no se trató de un decreto oficial, sino de una decisión colectiva del pueblo.
Voces del taller: la celebración de las artesanas
Para las artesanas, el Martes de Carnaval representa la cúspide de su trabajo. La tradición de la familia de Lastenia Vergara, reconocida como la “Matriarca de la Pollera”, fue testigo de cómo este día se volvió sagrado en la cultura santeña.
“¡El martes es el día esperado! Una reina puede salir hermosa los otros días, pero si el martes no luce una pollera que impacte, el pueblo siente que falta algo”, expresó en su momento la artesana, cuya familia ha confeccionado piezas consideradas hoy tesoros nacionales.
Cómo se consolidó el Martes de Pollera
La tradición nació de la majestuosidad de las reinas. En sus inicios, las soberanas lucían disfraces de fantasía durante todos los días de Carnaval. Sin embargo, el orgullo de las familias del interior y la presión social impulsaron que el último día se reservara para la pollera de gala.
Competencia de lujo: Las tunas convirtieron el martes en una vitrina de poder, herencia y esplendor artesanal.
Uniformidad del pueblo: Las mujeres de la comunidad dejaron los disfraces y optaron por vestir sus polleras familiares.
Proyección mediática: La transmisión televisiva en los años 80 amplificó la estética del Carnaval tableño a nivel nacional e internacional.
Un símbolo que garantiza la identidad
Hoy, el Martes de Carnaval es considerado de manera no oficial como el “Día de la Pollera”. Más que un acto estético, se trata de una práctica cultural que garantiza la supervivencia de técnicas ancestrales como el mundillo y el sombreado, fundamentales en la confección de esta indumentaria.
En cada encaje y en cada joya se preserva la esencia del “ser panameños”.
Así, mientras la música y el agua anuncian el final de la fiesta, la pollera reafirma que el Carnaval no solo es celebración, sino también memoria viva de la identidad nacional.