Reconquistar el mar: una nueva visión para el borde costero de la ciudad de Panamá

La ciudad ha vivido de espaldas al mar entre rellenos, urbanizaciones privadas y vías rápidas; hoy surge la oportunidad de reconectar el litoral con un paseo continuo hacia el este.
De la avenida Balboa al Corredor Sur, el borde costero ha priorizado el automóvil y el desarrollo privado; una extensión de la Cinta Costera podría cambiar esa lógica.
La fragmentación del frente marítimo interrumpe la continuidad urbana y limita el acceso público al mar en sectores clave como Paitilla y Punta Pacífica.
  • 21/02/2026 00:00

De la fragmentación y la privatización del litoral a la oportunidad de crear un gran paseo marítimo que conecte barrios, historia y naturaleza

La recuperación de los espacios públicos en la ciudad de Panamá ha sido una constante en nuestra historia urbana. Particularmente compleja ha sido la relación de la ciudad con el mar: una historia marcada por la pérdida de playas, los rellenos costeros y una planificación fragmentada que, en muchos casos, ha privilegiado distintos intereses.

Los rellenos al mar transformaron progresivamente el litoral en infraestructuras viales como la avenida Balboa. Décadas después, esos mismos espacios debieron “recuperarse” como áreas públicas a un costo mucho mayor, materializado en la Cinta Costera.

Este proyecto no solo mejoró la imagen urbana, sino que transformó la relación de la ciudad con la bahía, estableciendo una conexión lineal entre el centro histórico y la ciudad expandida.

Sin embargo, esa continuidad se interrumpe abruptamente en el entorno de Paitilla. Esta urbanización, cuyo uso de suelo había sido destinada para el turismo, tuvo durante años como única consecuencia el antiguo hotel Holiday Inn. En Paitilla, el parque Nacho Valdés, inaugurado en 1972, constituye una de las pocas excepciones dentro de un proceso de reparto de lotes que priorizó el desarrollo privado.

Otros proyectos han fragmentado aún más el borde costero. El antiguo aeropuerto Marcos A. Gelabert dio paso al desarrollo de Punta Pacífica que añadió exclusividad residencial, pero no nuevos espacios públicos significativos para la ciudad. Cuando se planifica una urbanización, debería contemplarse la cesión de terrenos para uso público; en estos casos, ese principio no se cumplió de manera efectiva. El entorno del centro de convenciones Atlapa tampoco ha sido aprovechado.

Por su parte, la construcción del Corredor Sur abrió un tramo costero como vía de circulación, permitiendo apreciar distintos paisajes: la creciente verticalización de Punta Pacifica, San Francisco, Boca La Caja, los manglares, las ruinas de la torre de Panamá Viejo y la entrada a Costa del Este. No obstante, esta infraestructura privilegia el tránsito vehicular sobre el disfrute peatonal del litoral.

¿Qué pasaría si la ciudad imaginara una extensión de la Cinta Costera hacia el este?

Aunque la Cinta Costera fue concebida principalmente como una vía para automóviles con un componente de espacio público, hoy es posible replantear el modelo y priorizar un paseo marítimo continuo para peatones y ciclistas. Pocas experiencias urbanas son tan universales y estimulantes como caminar junto al mar.

Un paseo marítimo no solo eleva la calidad de vida de los residentes, sino que fortalece la experiencia de quienes visitan la ciudad. Un corredor costero podría conectar barrios como Paitilla, Boca la Caja, San Francisco, Panamá Viejo, Costa del Este, y Paitilla con el centro histórico, integrando sectores que hoy permanecen aislados entre sí.

Este sendero peatonal y ciclista, con vistas a la bahía de Panamá, podría incluir accesos al mar cuando la marea lo permita, así como áreas con gimnasios al aire libre, canchas deportivas, zonas infantiles y estaciones de bicicletas compartidas.

La iniciativa también beneficiaría a comercios, restaurantes y servicios ubicados en las zonas aledañas. El arte público, las áreas de pícnic y los miradores convertirían el paseo en un espacio ideal para el encuentro ciudadano.

Además, podría funcionar como un aula abierta para conocer los ecosistemas del trópico húmedo: manglares, humedales y aves costeras. La observación de fauna y las estaciones interpretativas fomentarían la conciencia sobre la importancia de estos ecosistemas y sobre la gestión responsable de los desechos sólidos que los ríos arrastran hacia el mar.

El recorrido podría integrar la historia urbana, conectando el sitio histórico de Panamá Viejo con la mudanza hacia el Casco Antiguo, reforzando así la narrativa de la ciudad y su vínculo permanente con el litoral. Incluso, al igual que ocurre hoy en la Cinta Costera, este nuevo paseo permitiría admirar el skyline contemporáneo desde una perspectiva distinta. Un elemento clave en este proceso es la recuperación de terrenos públicos.

La actual Junta Comunal de San Francisco y la Junta de Desarrollo Local de Coco del Mar han impulsado la recuperación de una concesión otorgada a un condominio privado en Coco del Mar. Este esfuerzo representa un avance significativo en la restitución del acceso ciudadano al mar.

Sin embargo, el desafío es que este espacio no se conciba como un parque exclusivo para un barrio, sino como parte de un sistema de espacios públicos al servicio de toda la ciudad. La convocatoria a licitación para la construcción de los accesos a este parque, el Coco Parque, abre una oportunidad mayor: ¿por qué no asumir esta iniciativa desde la Alcaldía de Panamá como parte de una visión integral y de largo plazo?

Durante la administración municipal 2014-2019, con el apoyo del Banco Mundial, se elaboraron estudios y lineamientos estratégicos para la reactivación del frente costero, desarrollados por el equipo Mazzanti + Fundación Horizontal. Retomar esos planes permitiría articular intervenciones puntuales dentro de un proyecto urbano coherente.

La ciudad de Panamá tiene ante sí la posibilidad de reconciliarse definitivamente con su mar. No se trata solo de construir infraestructuras, sino de redefinir prioridades: del automóvil al peatón; de la exclusividad privada al acceso público; de la fragmentación a la continuidad.

Extender la Cinta Costera hacia el este no sería únicamente una obra física, sino un acto de visión urbana y de justicia espacial. Recuperar el borde marítimo es, en última instancia, recuperar la ciudad para sus habitantes.