Terremoto hundió 30 centímetros de Isla Cañas, de acuerdo a estudios preliminares

Investigación
Los habitantes de Isla Caña tuvieron que evacuar. Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
  • 19/10/2026 17:12

Las mediciones de un investigador panameño arrojan luz sobre los efectos del terremoto en la geografía panameña

Un investigador panameño analiza los efectos del terremoto en la península de Azuero y la costa de Veraguas. Calcula que en Isla Cañas hubo un hundimiento entre 15 y 30 centímetros, así como deformaciones del suelo marino.

Se trata del panameño Isaac Guerra Araúz, becario doctoral de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt). Tras el sismo de magnitud 7.5°, de acuerdo al Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, Guerra Araúz se trasladó a Panamá y en las últimas semanas ha realizado mediciones en Búcaro, La Pitaloza y Mariato, en el sur de la península de Azuero y la costa de Veraguas, donde se ha identificado ruptura superficial asociada al terremoto.

Su trabajo consiste en mediciones de desplazamientos horizontales y verticales a lo largo de las zonas de ruptura de la falla. Los datos permitirán contrastar las observaciones realizadas directamente sobre el terreno con los modelos de la fuente sísmica.

Los resultados preliminares sugieren que “en Búcaro, el terreno se desplazó entre 1 metro y 1.20 metros de manera horizontal y, de manera vertical, apropiadamente 1 metro. Por otro lado, se registró un hundimiento entre 15 y 30 centímetros en Isla Cañas, además de deformaciones en el fondo marino que pudieron contribuir a la generación de olas. Estos datos se publicarán en una revista científica internacional y en un informe accesible para toda la población”, detalla un comunicado de Senacyt.

Guerra Araúz también ha desarrollado evaluaciones de daños en Azuero y Soná, provincia de Veraguas. A este análisis se incorporan datos suministrados por el Dr. Luis Pinzón, doctor en Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural y exbecario de la Senacyt, correspondientes a Aguadulce, Penonomé y Atalaya.

“Necesitamos integrar lo que vemos en el terreno con los modelos sísmicos y el registro de daños. Esa combinación nos permite comprender mejor cómo se comportan las fallas y cómo se distribuyen los efectos de un terremoto”, afirmó Guerra Araúz. “Nuestra investigación no termina cuando deja de temblar. Continúa en el campo, recopilando datos que nos ayuden a comprender mejor estos fenómenos y a prepararnos para futuros terremotos”, agregó.