Tras el terremoto, una escuela de Soná lleva esperanza a sus niños

EDUCACION BÁSICA
La comunidad educativa de Soná se organiza para ayudar a los estudiantes que más necesitan apoyo tras el terremoto Ercik Marciscano | La Estrella de Panamá
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  • 20/10/2026 12:45

Docentes del C.E.B.G. Carmen Celia Herrera Ortiz donaron pollos y alimentos a estudiantes de las familias más afectadas por el sismo del 9 de octubre

El terremoto de magnitud 7.5 que sacudió Panamá el viernes 9 de octubre cambió la jornada de la comunidad educativa del Centro de Educación Básica General Bilingüe Carmen Celia Herrera Ortiz, en el distrito de Soná, provincia de Veraguas.

A las 12:56 del mediodía, mientras docentes y estudiantes participaban en una actividad de cierre de varias asignaturas, el sismo interrumpió la rutina escolar. Después, los niños regresaron a sus hogares y los maestros comenzaron a organizarse para ayudar a quienes más lo necesitaban.

La emergencia no terminó cuando los estudiantes salieron del plantel. Para algunos hogares, las necesidades continuaron, y los docentes buscaron la manera de acompañarlos.

“Cada maestro del grupo hizo un esfuerzo con ciertas personas” para conseguir donaciones, relató Carlos Pineda Romero, subdirector del centro educativo. La ayuda incluyó bolsas de comida, agua y otros alimentos de primera necesidad para los niños que más lo necesitaban.

La iniciativa surgió del compromiso de los propios maestros, quienes buscaron apoyo para responder a las necesidades de sus estudiantes después del terremoto.

El terremoto del 9 de octubre causó preocupación entre las familias de Veraguas, mientras las comunidades evalúan las afectaciones en sus viviendas.
Una escuela que también comparte lo que produce

Días después del sismo, el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) colaboró con la limpieza del centro educativo. El personal de infraestructura recomendó mantener restringido el acceso a las áreas más delicadas, mientras el plantel continuaba con las labores de recuperación.

En medio de ese proceso, la escuela encontró otra forma de apoyar a las familias: sus propios proyectos productivos.

Pineda Romero explicó que el centro cuenta con un proyecto de engorde de pollos y que ahora dispone de 50 ejemplares para donar a los estudiantes de las familias más afectadas.

La entrega requiere organización. Por eso, los docentes preparan una evaluación para identificar cuáles hogares necesitan mayor apoyo y orientar la distribución de los animales.

«Tenemos los pollos ya de salida y vamos a hacer un estudio con los maestros de qué niños están más afectados», recordó el subdirector sobre la coordinación para concretar la donación.

Los pollos forman parte de las iniciativas que desarrolla el plantel para contribuir al bienestar de sus alumnos. La escuela también cuenta con un huerto escolar, cultivos de plátano y yuca, además de un proyecto de producción de miel de abeja, cuya existencia ya se vendió en su totalidad, según explicó Pineda Romero.

La alimentación de 407 estudiantes

Los proyectos de la escuela tienen un propósito que va más allá de la producción. De acuerdo con el subdirector, los recursos benefician a los 407 estudiantes que reciben alimentos cinco días a la semana.

En una comunidad educativa que enfrenta los efectos de una emergencia, mantener esa atención resulta especialmente importante. La escuela no solo procura que los niños continúen con sus actividades académicas, sino que también busca responder a sus necesidades alimentarias.

La donación de los 50 pollos se suma así a las primeras acciones solidarias que los docentes organizaron después del terremoto. La iniciativa también refleja cómo los recursos del propio centro educativo pueden convertirse en apoyo para las familias cuando más lo necesitan.

En Soná, la recuperación continúa entre las tareas de limpieza, la atención a las necesidades de los estudiantes y la organización de nuevas donaciones. Los maestros, que comenzaron reuniendo alimentos y agua después del sismo, ahora preparan otra entrega para acompañar a los hogares más afectados.

La emergencia sacudió la rutina de la escuela, pero también puso en marcha una respuesta comunitaria que tiene a los niños en el centro de sus esfuerzos.