Una noche para celebrar a Taiwán y hablar del futuro de sus vínculos con Panamá
- 11/10/2026 20:08
La noche del 8 de octubre reunió historias personales forjadas en las universidades taiwanesas y discursos que reivindicaron la cooperación entre ambos territorios, mientras la disputa entre China y Estados Unidos continúa condicionando el escenario regional
A las 7:00 p. m. del jueves 8 de octubre, la gala organizada por la Asociación Panameña de Profesionales Egresados de Taiwán (APADET) para conmemorar el Día Nacional de Taiwán comenzó a recibir, poco a poco, a sus asistentes. Al encuentro acudieron numerosos panameños que tuvieron la oportunidad de cursar estudios superiores en universidades taiwanesas, así como diversas personalidades del ámbito político.
Entre los asistentes se encontraban varios diputados que forman parte del Grupo de Amistad Parlamentaria Panamá-Taiwán de la Asamblea Nacional, como Marcos Castillero, Yarelis Rodríguez, Lenin Ulate, Luis Duke, Jonathan Vega y Yamireliz Chong, entre otros integrantes de este grupo legislativo. También estuvieron presentes exministros de Estado, como el extitular de Obras Públicas José Antonio Domínguez y el exdirector de la Caja de Seguro Social Alfredo Martiz.
No fue hasta las 8:00 p. m. cuando comenzó formalmente el evento, con unas palabras de la vocal de APADET, Giovanna Bernal, quien cursó una maestría en Negocios Internacionales en la Universidad Nacional Cheng Kung.
La historia de APADET comenzó entre amigos, recuerdos de Taiwán y una sesión de karaoke en la casa del entonces embajador taiwanés Joseph Cho. Así lo recordó Bernal durante el encuentro, al explicar que, entre canciones, surgió una pregunta que terminaría dando origen a la asociación: “¿Y por qué ustedes no se agrupan?”.
De aquella conversación nació la iniciativa de establecer una asociación cuyo propósito era mantener los vínculos con el país donde muchos panameños habían estudiado y vivido experiencias que marcaron sus vidas. Taiwán promueve el intercambio estudiantil como una de las vías para fortalecer sus relaciones con otros países, entre ellos Panamá.
Seguidamente, intervino el representante de la Oficina Comercial y Cultural de Taiwán en Bogotá, Colombia, Víctor Chu, quien destacó que el evento conmemoraba el 115 aniversario del Día Nacional de Taiwán, así como los 30 años de la primera elección directa de su presidente. El actual mandatario es Lai Ching-te, del Partido Progresista Democrático.
En su discurso, Chu destacó las fortalezas de Taiwán no solo en el ámbito educativo, sino también en la alta tecnología y la inteligencia artificial. Asimismo, resaltó el papel de la isla en la fabricación de semiconductores utilizados actualmente en dispositivos como los teléfonos inteligentes.
“Desde 1996, nuestra democracia se ha fortalecido mediante la participación ciudadana, el pluralismo y el respeto por la libertad, los derechos humanos y el Estado de derecho. Estos valores también constituyen la base de la confianza que permite construir relaciones duraderas. Esa confianza se refleja en los distintos espacios en los que nuestros pueblos han encontrado formas de acercarse. Durante el último año, varias delegaciones de diputados panameños han visitado Taiwán, y estos intercambios han contribuido a un mayor conocimiento mutuo”, señaló Chu.
El representante calificó la conformación de un grupo de amistad parlamentaria en la Asamblea Nacional, el pasado 8 de septiembre, como una ‘expresión institucional» de las relaciones entre Taiwán y Panamá.
Por su parte, el recién asumido presidente de APADET, Elvins Santander, también destacó los vínculos entre Taiwán y Panamá y reconoció la importancia de la conformación de ese grupo parlamentario. Según señaló, los diputados «han comprendido que las oportunidades comerciales y educativas deben estar por encima de las diferencias, y que nuestro país necesita abrir puertas, construir puentes y encontrar nuevos mercados».
“Hoy debemos reconocer una realidad: fortalecer nuestros vínculos comerciales, educativos y culturales con Taiwán no es solamente una aspiración, sino también una necesidad para el crecimiento y el desarrollo de Panamá. Nuestros empresarios, productores e industriales necesitan nuevos mercados, tecnología, inversiones y oportunidades. Taiwán, con su extraordinario desarrollo económico, su innovación y su capacidad industrial, tiene mucho, muchísimo que ofrecerle a Panamá. Por eso, contar en nuestro país con una oficina comercial, educativa y cultural de Taiwán representa una oportunidad concreta para nuestra economía, nuestros jóvenes y las futuras generaciones. Pero esta relación también nos une por algo más profundo: el respeto a la libertad, la democracia, los derechos humanos y la dignidad de las personas. Son valores que el pueblo taiwanés ha sabido defender y que los panameños también llevamos como parte de nuestra identidad nacional”, expresó Santander.
Experiencias educativas
Estudiar en Taiwán significó mucho más que obtener un título universitario para tres profesionales panameños. La experiencia transformó su manera de entender el trabajo, la tecnología y las relaciones humanas.
El santeño Javier Mauricio García, egresado de la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Pingtung, viajó a Taiwán en 2004 gracias a una beca del gobierno taiwanés para estudiar agronomía. Allí se graduó con honores y continuó su formación con una maestría. Durante esos años no solo adquirió conocimientos académicos, sino que también aprendió valores que todavía aplica en su vida cotidiana.
Entre las enseñanzas que más recuerda están el respeto a las personas mayores, la responsabilidad y el sentido de pertenencia. Incluso tareas como mantener limpios los espacios universitarios le ayudaron a comprender la importancia de cuidar aquello de lo que uno forma parte.
Tras regresar a Panamá en 2011, comenzó a transferir conocimientos y tecnologías al sector agropecuario, especialmente a los pequeños productores. Su trabajo busca impulsar una producción más eficiente y sostenible mediante herramientas de agricultura de precisión, manejo de residuos y tratamiento de aguas, con el objetivo de generar valor sin aumentar la contaminación.
Taiwán también marcó su vida personal: allí conoció a su esposa y formó una familia con sus tres hijas, de raíces panameñas y taiwanesas. Para García, recordar esa etapa implica agradecer a quienes hicieron posible su formación y contribuir a abrir caminos para las nuevas generaciones.
Por su parte, la historia de Patricia Escobar con Taiwán comenzó cuando apenas tenía 18 años. Estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad Kun Shan y posteriormente cursó una maestría en Ingeniería Industrial y Gestión en la Universidad Nacional Chiao Tung. Al principio, el cambio fue difícil: se sentía asustada y era la única mujer latinoamericana en su entorno académico, además de una de las pocas mujeres en su especialidad.
La convivencia en las residencias universitarias, el aprendizaje del mandarín y la necesidad de administrar cuidadosamente los fondos de su beca mensual la obligaron a adaptarse y desarrollar autonomía. Fueron seis años de formación que, según recuerda, le abrieron puertas profesionales en Panamá, especialmente en plantas de manufactura y producción tecnológica.
Sin embargo, el legado más profundo también fue humano. Escobar conserva amistades taiwanesas que considera parte de su familia. “Taiwán es una de las partes más bonitas de la historia de mi vida, que atesoro mucho. Es un país pequeño, pero muy grande de corazón”, expresa. Y resume aquella experiencia con una frase: ‘Todo valió la pena’.
El tercer egresado, Clovis Sinisterra, se formó en sistemas de información gerencial e inteligencia de negocios en la Universidad Tatung, donde encontró una oportunidad profesional gracias a la confianza de los directivos de la corporación vinculada a esa institución. Fue el primer latinoamericano y panameño en incorporarse a una empresa con más de 110 años de historia.
Allí conoció de cerca los procesos de manufactura, la inteligencia de negocios y la aplicación de la tecnología. Esa experiencia lo condujo posteriormente al ámbito de la inteligencia artificial aplicada al diagnóstico médico, con proyectos orientados a América Latina.
Hoy entiende su trayectoria como una oportunidad para acercar a Panamá y Taiwán. “Un puente no tiene sentido simplemente porque exista. Tiene sentido cuando las personas cruzan por él”, afirma.
Las tres historias muestran que la experiencia educativa en Taiwán no termina cuando los estudiantes regresan a casa: los conocimientos adquiridos continúan dando frutos en sus trayectorias profesionales y personales.
El evento finalizó con un encuentro de culturas en el que los diablicos panameños y la tradicional danza taiwanesa del león pusieron el punto final a este evento, que se celebra en medio del conflicto geopolítico entre Estados Unidos y China, que también tiene a Panamá como otro campo de batalla.