‘El fútbol tiene que seguir siendo un juego de la gente’

Gary Stempel:
Stempel es entrenador de fútbol y clasificó a Panamá a su primer Mundial Sub-20 en 2003. También fue campeón de la liga panameña como director técnico del San Francisco FC y del Panamá Viejo FC. Erick Marciscano | La Estrella de Panamá
  • 19/07/2026 00:00

Para el Polígrafo de La Estrella de Panamá, el exseleccionador repasa su trayectoria en el fútbol panameño y ofrece una mirada filosófica y social sobre el deporte y la identidad del panameño

Gary Stempel ha recorrido el fútbol panameño desde sus trincheras más humildes hasta sus escenarios de mayor orgullo. Conoció una época en la que el talento se buscaba a pulso, recorriendo el país con pocos recursos para encontrar jugadores que hoy forman parte de la historia nacional. El extécnico de la Selección Mayor, de origen panameño-británico, llevó a Panamá a su primer título internacional como selección mayor, la Copa UNCAF 2009. En la antesala de la final de la Copa del Mundo 2026, el formador de generaciones que transformaron el fútbol del país ofrece una radiografía del deporte: la identidad y el estilo ligados a la historia de lucha de los panameños, los problemas de los clubes de la liga local, las denuncias de amaños de partidos que le valieron amenazas y su preocupación por un choque entre el fútbol como expresión popular y una industria que amenaza con alejarlo de sus raíces.

¿Profesor, cómo evalúa la participación de Panamá en el Mundial?

El balance es positivo. Aunque no se logramos puntos, victorias ni goles, Panamá dejó una buena imagen y ganó reconocimiento internacional. El desarrollo del fútbol panameño es relativamente reciente frente a otros países con décadas de ventaja en Sudamérica y Europa. Estamos entrando en una etapa de crecimiento que podría consolidarse en los próximos 15 años.

¿Qué cambió desde aquella Panamá de la posinvasión, en los años 90, cuando el fútbol se trabajaba con las uñas?

La gran diferencia, especialmente en el equipo mayor, es que se está recibiendo un apoyo millonario de diferentes empresas. Eso no había antes, porque el talento siempre estuvo. Cuando yo dirigía categorías menores, recorríamos el país buscando talento en un busito con un par de conos y balones. Tocaba prepararnos para torneos con muy poco tiempo, con clubes locales, sin amistosos internacionales; los jugadores no tenían ni viáticos. Ahora los roces internacionales ocurren desde la sub-17 y hay mucho más apoyo.

La participación de Panamá en el Mundial abrió el debate sobre la identidad del panameño en el fútbol. ¿Cuál es la identidad de nuestro fútbol?

La identidad de un deporte de un país no se forma en un día; se forma a través de la historia de las luchas, como los obreros en la sociedad y en la parte política. En el fútbol también pasa por un proceso así. La lucha crea esa identidad. En Panamá, la identidad en el deporte está definida por una cosa y nada más: el biotipo del panameño, que es una ventaja muy grande. No hablo solo de lo físico, de que son atletas altos y fuertes, sino también de su personalidad, una personalidad de lucha en la calle, en las multis, donde hay muchos problemas sociales. Eso ha moldeado esa identidad. Si analizamos a Panamá en el Mundial 2018, la identidad y el estilo representaban esa historia de lucha: delanteros altos y fuertes que juegan por dentro, siempre cruzamos la bola, jugando a un fútbol directo; esa es nuestra fortaleza. El actual DT, el profesor Thomas Christiansen, cambió el estilo hasta cierto punto y demostró que, a través de esas cualidades del biotipo panameño, también se podía tener un estilo con mucha posesión de balón, más toque, orden y disciplina táctica. Son dos estilos bajo la misma identidad, que pueden girar en torno a ese biotipo histórico de lucha.

¿Cómo se explica que la Selección nacional haya crecido tanto y no la Liga Panameña de Fútbol (LPF)?

Panamá en su desarrollo lo ha hecho al revés. En cualquier país del mundo, especialmente los futbolísticos, la identidad del deporte inicia en los clubes y luego en la Selección.

Es que en fútbol el club es primero...

Claro, la pasión y el amor son primero por el club. Eso tiene sentido porque en el fútbol el club es todos los sábados, cada semana, donde construyes una cultura de pertenencia en el estadio. Es ese mismo lugar donde se sentó tu padre, abuelo y bisabuelo. Hay generaciones de fanáticos que se han pasado esa pasión de uno al otro. En Panamá no estamos cerca de crear esa identidad de los clubes. Un juego de la Selección puede tener más de 20 mil espectadores en el estadio, pero tú sumas todos los asistentes de todos los clubes de la liga en un solo estadio y no llegan a 2 mil; no hay ambiente fuera del estadio, eso es grave.

¿Por qué esa diferencia entre una Selección que mueve a todo el país y una liga local que todavía no logra esa conexión con la gente?

Volvemos al tema de identidad; ella también se construye en un espacio físico. En el caso de los clubes, tiene un nombre el problema: estadios. Cuando se habla de la identidad en los países futbolísticos, la identidad empieza para mí en casa, que es mi estadio. Ese es el punto de referencia de toda tu vida: el punto que todo el barrio conoce luego de salir del trabajo, un camino bien definido que recorres por años con tus abuelos, tu madre e hijos. Es la costumbre de tener ese espacio físico donde eres tú en el club. Son centros de reunión y vínculo social. Para construir esa identidad hace falta ese espacio concreto como centro de conexión.

Pero no basta con construir un estadio, ¿cómo se logra que ese espacio conecte realmente con la gente?

Es que también importa el lugar donde esté el estadio. La estructura debe estar donde se forma esa identidad: en el barrio. Clubes históricos como Boca Jr. en Argentina tienen su estadio en un barrio popular y muchos jugadores se identifican con él porque representa la historia de su barrio. En Panamá, por ejemplo, el Tauro FC es de Pedregal, pero juega en Juan Díaz, en el estadio Rommel Fernández; Alianza FC es de Concepción e igual juega en el Rommel. El Plaza Amador, arraigado al barrio de Santa Ana y El Chorrillo, sectores populares, los ponen a jugar en un estadio cerca de Santa María, una zona acomodada de millonarios y “yeyesitos”; es una contradicción muy grande. Para mí, no es el camino para construir esa identidad real.

¿El problema de la liga es falta de recursos o falta de visión de la dirigencia deportiva para aprovecharlos?

Un poco de ambos. El modelo de clubes no ha cambiado en 30 años; empezó con un grupo de amigos dando dinero para hacer cada temporada. Lo que invierte la empresa privada en la Selección es gigantesco comparado con lo que dan a la LPF. También que los clubes ahora dependen del dinero de la Federación Panameña de Fútbol para pagar árbitros, estadios y jugadores. Eso es peligroso, debe estar separado.

¿Peligroso?

Les quita autonomía y resta independencia para manejar la liga. Son dos instituciones diferentes: una maneja la Selección y otra la liga, que tiene una dinámica diferente con los hinchas del club y los barrios. Creo que los clubes están cómodos así, en vez de optimizar el modelo con más y distintos patrocinios. Esa relación podría verse como un tema de conflicto de intereses.

Es un desafío del sector público, privado y también de la comunidad. ¿Por dónde empezar?

Un primer paso, para empezar, es la confluencia de Pandeportes, el Ministerio de Educación, la empresa privada y los clubes. Con inversión multidimensional en estadios públicos, donde tiene que haber responsabilidad de los clubes de crear proyectos de fútbol y educación para la comunidad. El Estado debe organizar un plan de desarrollo nacional. Los clubes deben tener programas de educación como algo obligatorio para obtener sus licencias. Cuando trabajé en el Millwall Football Club en 1985, que estaba en uno de los barrios calientes del sur de Londres, con problemas de pobreza, violencia, drogas y hooligans, hicimos con éxito el proyecto Football in the Community. La idea fue utilizar el poder de convocatoria del fútbol como herramienta de educación; por ley, todo club debe tener un departamento de educación. En Panamá se puede hacer.

Ha habido denuncias de amaños de partidos en la LPF; usted ha sido una de las pocas voces valientes que ha señalado eso. ¿Qué tan enraizada está esa práctica en la liga?

Es un problema bastante difícil de eliminar (...) mientras todavía no pagamos a nuestros jugadores un sueldo decente para vivir una vida normal, va a ser bastante difícil porque la tentación siempre va a estar ahí. Otro punto es el crimen organizado, que está detrás de eso; yo sufrí mucho por mis declaraciones al respecto. Es un problema que no solo está en Panamá, es mundial, pero los bajos salarios agravan todo. Hay jugadores que, con años jugando en sus clubes, les pagan $500 dólares por mes; es imposible vivir así. La Asociación de Futbolistas Profesionales de Panamá ha hecho un gran trabajo en crear conciencia y pelear con las autoridades para que los clubes tengan más responsabilidad con sus trabajadores, que son los jugadores.

Hay quienes dicen que los futbolistas no son trabajadores...

Pues se equivocan. Lo primero que se tiene que hacer es reconocer que es un juego profesional en el que son trabajadores, que tienen derecho a la seguridad social y a condiciones dignas de trabajo. Es clave para el desarrollo del fútbol.

En el fútbol moderno, donde conviven pasión popular, negocios millonarios y el poder político, ¿qué debe prevalecer?

Lo popular, la conexión con la gente. Después de este Mundial, tengo mucho miedo del camino que está tomando el fútbol, cada vez más lejos de las masas. Ese fútbol nacido en los barrios, donde los niños aprendían jugando en la calle, desarrollando creatividad, gambetas y talento natural, sigue existiendo, pero cada vez pierde espacio frente a academias más estructuradas, donde todo está más planificado. No es malo las academias, pero se está llevando de una forma en la que hay cada vez hay menos espacio para la creatividad. Grandes jugadores como Maradona y Pelé nacieron de esa libertad. Además, cuando ver un partido cuesta miles de dólares, el fútbol deja de sentirse como un deporte verdaderamente popular.

¿Qué significa realmente que el fútbol deje de ser de la gente?

Viendo este Mundial, cuando una persona tiene que pagar 3 mil, 10 mil o 15 mil dólares para ver un partido, deja de ser accesible para la mayoría; hace de la pasión una cosa de élites. Antes ibas al estadio con tus amigos, cantabas, compartías y eras parte de una comunidad. Hoy el ambiente empieza a cambiar: es más exclusivo y menos cercano a la gente. Para mí, este Mundial mostró una ruptura con esa idea del fútbol como una pasión de las masas y el fútbol tiene que seguir siendo un juego de la gente.

Después de tantos años viviendo el fútbol, ¿cómo defender ese fútbol de la gente ante esta vorágine mercantil?

Te mentiría si tuviera una respuesta clara para esa pregunta, porque los clubes en el mundo son manejados como empresas. Tienen que ser empresas si quieren competir y conseguir los fondos para pagarle a un jugador de 17 años $15 millones al año y que se compre un Ferrari; eso lleva a subir el precio de las camisetas, el marketing y el negocio de los derechos de transmisión. Entonces es una lucha desigual. Quiero pensar que, mientras haya lugares populares, el fútbol de barrio siempre va a existir, aunque creo que ya cruzamos el límite.