‘Panamá debe declarar una emergencia económica ante la situación actual’
- 03/05/2026 00:00
El economista señala que el Gobierno debe tomar medidas drásticas para la recuperación económica en términos de austeridad e inversión social, en un escenario crítico de aumento de la deuda pública, del desempleo y del descontento popular
El economista Ernesto Bazán advierte que la economía panameña atraviesa uno de sus momentos más complejos de las últimas décadas, con un aumento de la deuda pública sin resultados tangibles para la población, alto desempleo y una caída significativa de la inversión extranjera. Aunque las calificadoras de riesgo mantienen una percepción relativamente favorable sobre la capacidad de pago del país, Bazán subraya en El Polígrafo de La Estrella de Panamá que esa lectura estrictamente financiera no se traduce en mejoras reales en la calidad de vida de la población. En contraste con los indicadores de mercado, persisten la desigualdad, el deterioro de los servicios públicos y la falta de oportunidades, lo que evidencia una situación grave que avanza a contrarreloj en el país, sin una respuesta efectiva del gobierno
La situación macroeconómica y microeconómica es una de las peores de las últimas décadas; los indicadores lo muestran así. La deuda del país está en el 65%, el nivel más alto en décadas continuas, el desempleo está en doble dígito y el desempleo juvenil ronda el 20%. La inversión extranjera directa ha caído a niveles mínimos en el año 2025. Hace muchos años, la inversión extranjera directa era un indicador de doble dígito, ahora cayó. Este cambio de gobierno le dio a la población ciertos aires de esperanza (...) que llegara el famoso chen chen, pero eso no está sucediendo porque no hay inversión, no hay empleo y las finanzas públicas complicadas. Tenemos un problema estructural grave.
La deuda que estamos tomando la usamos para cubrir gastos corrientes, porque tenemos una planilla que bordea los $6 mil millones de dólares al año. Y además, nuestro segundo gasto más importante son los intereses de la deuda que ya tenemos, alrededor de $3,600 millones anuales. Solo entre esos dos rubros ya estamos cerca de $10 mil millones de dólares, mientras que nuestros ingresos tributarios rondan los $6 mil millones, y con aportes como los del Canal y otros llegamos más o menos a $10,000 millones. Gastamos más de lo que ingresamos, y esa diferencia la cubrimos con deuda. A los países también les pasa, como Argentina o Ecuador, y cuando eso ocurre, viene una crisis. Incluso Argentina terminó imprimiendo dinero y generando inflación. En nuestro caso ni siquiera podemos imprimir billetes, así que si no nos prestan, no podríamos pagar sueldos. Por eso la deuda sigue creciendo y cada vez limita más el presupuesto, porque los intereses quitan espacio a salud, educación, seguridad e infraestructura. Una administración responsable debería reducir el déficit. En 2008 lo logramos, tuvimos superávit, pero desde entonces el déficit ha crecido y hoy la situación es muy difícil de manejar (...) tenemos que declarar al país en emergencia económica, dar una señal de urgencia de que esta situación no puede seguir y necesitamos el apoyo de todos, empezando por los gobernantes.
Reducir drásticamente, no gradualmente, los gastos innecesarios: reducir los viajes, la publicidad estatal, reducir los gastos en consultorías innecesarias, todos los gastos de viáticos o todos los gastos que puedan ser prescindibles. Suspender o eliminar exoneraciones fiscales a quienes no necesitan esas exoneraciones y, obviamente, mejorar la recaudación. El mismo gobierno tiene que aceptar que estamos en una situación difícil y dar el ejemplo.
Pienso que no. Para los mercados importa la responsabilidad fiscal, se preocupan cuando se trasladan gastos para reducir el déficit sin hacerlo real. Aunque la ley fijaba 4%, al mover pagos al 2026 solo mejora el número. Los mercados lo ven y exigen señales claras de disciplina y control de la deuda.
El ministro dijo que eso se debía a la salida de dividendos, el reparto que hacen las empresas. Pero un inversionista, cuando ve un buen negocio, reinvierte porque confía en que el dinero va a rendir. El problema es que Panamá no está transmitiendo confianza. Con finanzas públicas en rojo y deuda creciente, el inversionista piensa que en el futuro podrían subir impuestos, así que prefiere irse a otros países más estables como Costa Rica o Colombia. Esa percepción de riesgo ahuyenta la inversión. Sin inversión no hay empleo, porque el empleo depende de que lleguen inversiones, tanto extranjeras como locales. También el inversionista panameño percibe lo mismo y puede postergar sus proyectos por falta de confianza.
Entiendo que el panameño puede decir eso, que no sientan que hay un crecimiento, que su economía no está mejor, pero eso es porque el crecimiento del PIB no es un indicativo de bienestar. ¿Qué cosa es el PIB? Es la suma de todo lo que se produce, eso es como decir que estamos vendiendo más. Pero si estamos vendiendo más con más desempleo, quiere decir que son las empresas las que están vendiendo, algunas empresas, no todas, un grupo reducido de empresas está vendiendo más y probablemente teniendo más ganancias (...) el ciudadano no está viendo que eso se traduzca en un bienestar. Hay una tremenda falta de oportunidades de empleo, los sistemas de salud bastante deteriorados, el panameño va al hospital, no encuentra cita, ni cama, ni medicina.
Muchas veces se piensa que si crecemos debería reducirse la desigualdad, y la verdad es que no necesariamente las cifras así lo muestran. Somos uno de los países con mayor desigualdad en Latinoamérica e incluso en el mundo (...) y eso tiene que ver con dos elementos importantes: uno son las oportunidades de empleo, sobre todo de empleo calificado que permita el ascenso socioeconómico, y el otro elemento importante es el educativo. Tenemos que hacer una autocrítica como país, no se trata solamente de esta administración de gobierno. Nosotros en los últimos 30 años hemos crecido, pero no nos hemos desarrollado.
Hay una larga historia de incumplimientos en los últimos años, con cambios desde la Asamblea. El déficit, que debía ser bajo, se ha ido modificando y excediendo. Aunque este año parece acercarse al 4%, parte de la mejora se debe a que se trasladaron gastos del último trimestre al 2026, estimo entre $2,000 y $2,500 millones de dólares. Si se ajusta ese monto, el déficit real se acerca al 6%. Las calificadoras de riesgo ven estos factores, junto con la relación deuda-PIB, como señales de riesgo y pérdida de transparencia, lo que puede afectar la confianza y las calificaciones del país.
Yo creo que tenemos un buen modelo, enfocado en servicios con régimen tributario territorial y moneda fuerte, aunque el dólar está últimamente más débil. Igual tenemos conectividad y centro bancario internacional, esas características las debemos mantener. Lo que pienso es que el modelo se ha manejado mal, allí está el problema. El país está como un enfermo en cuidados intensivos que primero hay que estabilizar para luego recuperarlo plenamente. Hemos demostrado que podemos tener buenos indicadores y, con ellos, asumir deuda buena, como la destinada a transporte público, salud, educación, infraestructura y carreteras. La deuda no es mala en sí; depende del uso. Es como una persona que toma deuda para comprar una casa, lo cual es positivo. En cambio, endeudarse para gastos innecesarios o pasajeros es deuda mala.
Ciertamente el alza del precio del petróleo y las tensiones geopolíticas no afectan solo a Panamá, lo que los economistas llamamos shock externos. Eso nos agarra en un mal momento y mal preparados mal preparados. Tenemos que entrar en austeridad, mejorar las finanzas públicas, ser más responsables para estar menos expuestos a estos fenómenos. Si tuviéramos superávit fiscal, lo podríamos destinar a un fondo de estabilización que precisamente absorba las consecuencias externas. Actualmente si queremos crear ese fondo, tendrías que tomar deuda para inyectarle, algo que no es recomendable.
La OCDE es como un club de 38 países, en su mayoría europeos, junto con potencias como Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur y Australia, y algunos latinoamericanos como Chile, México, entre otros en proceso de ingreso. Estos países concentran cerca del 80% del PIB mundial, por eso se le llama el “club de los países ricos”. Ingresar a la OCDE implica cumplir objetivos en materia fiscal, transparencia, gobernabilidad, medioambiente y educación. Mi principal preocupación es el tema fiscal. La OCDE mide la presión tributaria, es decir, los ingresos del Estado como porcentaje del PIB. El promedio es 35%, en Latinoamérica 20%, y Panamá está en 11.6%, uno de los más bajos de la región. Cuando un país busca ingresar, probablemente le recomienden aumentar esa presión, lo que en la práctica significa subir impuestos o crear nuevos tributos. Esto, sumado a un déficit fiscal elevado, puede llevar a la conclusión de que hay que aumentar la carga fiscal. Eso no es buena noticia para Panamá, porque empresas y ciudadanos ya sienten presión tributaria. Además, estos procesos son largos: Costa Rica tardó más de una década entre interés, evaluación y adhesión. Por eso, aunque no es una mala idea ingresar a la OCDE, creo que no es el momento adecuado. Hoy las prioridades deberían ser sanear las finanzas públicas, reactivar la economía e invertir en lo social antes de iniciar ese proceso.